La Laguna, con sus torres y espadañas doblando, despidió al obispo emérito Bernardo Álvarez Afonso

La ciudad de La Laguna se convirtió, en la tarde de este jueves, en un escenario de recogimiento y solemnidad para dar el último adiós al obispo emérito Bernardo Álvarez Afonso, cuya figura marcó más de una década de la vida eclesial en Tenerife.
El silencio solo fue interrumpido por el doblar de las campanas, que acompañó el paso de la comitiva fúnebre desde la iglesia de Los Dolores —templo profundamente vinculado a la comunidad lagunera— hasta la Santa Iglesia Catedral. Pasadas las tres de la tarde, familiares, miembros del clero, autoridades civiles y numerosos fieles iniciaron el recorrido, en un ambiente cargado de respeto y memoria.

Al pasar por el local del Orfeón La Paz, se detuvo la comitiva, para escuchar, en forma de motete, la despedida del pueblo lagunero.
A su llegada a la Catedral, Álvarez Afonso recibió, tras la misa exequial, sepultura en la capilla de los santos canarios, que se localiza entrando, a la izquierda. Recibe ese nombre porque junto a la imagen de la Virgen de Candelaria, obra lagunera que preside el retablo, se encuentran las imágenes del santo Hermano Pedro y san José de Anchieta.
A pesar de la gran asistencia al sepelio, este fue un acto íntimo y solemne, presidido por representantes de las Diócesis de Canaria -el obispo y el obispo auxiliar- y de la de San Cristóbal de La Laguna, que destacaron su labor pastoral, su cercanía con las parroquias y su implicación en la vida social de la isla. Dencanse en Paz.
