La Laguna Ahora por España de Fiesta y celebraciones de agosto: La Bajada de la Bruja en Vidángoz, Navarra

Maruxa vuelve a volar sobre Vidángoz: la noche en que las brujas toman el Valle de Roncal

La Bajada de la Bruja transforma cada final de agosto las calles de Vidángoz/Bidankoze en un escenario de fuego, oscuridad, música y leyenda para dar comienzo a sus fiestas patronales

Cuando llega la medianoche, Vidángoz apaga sus luces. Durante unos instantes, este pequeño pueblo del Valle de Roncal queda entregado a la oscuridad y al silencio. Entonces suena la txalaparta. Después, un cuerno rompe la noche y una luz aparece en lo alto de Lapitxorronga. Algo está a punto de suceder: Maruxa regresa al pueblo.

Así comienza la Bajada de la Bruja, uno de los actos más singulares de las fiestas de Vidángoz/Bidankoze, celebradas a finales de agosto en honor de San Agustín. Desde 1982, la representación sirve para abrir los festejos y convierte durante una noche el imaginario popular sobre brujas y aquelarres en una celebración colectiva.

La relación entre Vidángoz y la brujería, sin embargo, viene de mucho más atrás. La tradición oral de la localidad conserva relatos de brujas transformadas en animales, hechizos, supersticiones y remedios destinados a proteger las casas del mal de ojo. Incluso los habitantes de Vidángoz han recibido tradicionalmente el apodo de “brujos”.

La documentación histórica aporta también algún episodio. En 1560 aparece un proceso contra una vecina llamada Graciana Belza, acusada, entre otras cosas, de ser “herbolera” y “hechizera”. No convirtió a Vidángoz en escenario de grandes procesos inquisitoriales comparables a los asociados con otros lugares de Navarra, pero contribuye a mostrar hasta qué punto estas creencias estuvieron presentes en la cultura popular de la zona.

Antorchas en la montaña

La representación actual comienza poco antes de medianoche. Vecinos y visitantes se reúnen mientras el pueblo se prepara para quedar a oscuras.

Una antorcha encendida en Lapitxorronga actúa como llamada. El sonido del cuerno convoca simbólicamente a las brujas y brujos de los alrededores y, poco después, varias columnas de figuras con antorchas avanzan por distintos caminos hasta reunirse.

Desde allí comienza el descenso.

Las luces se mueven lentamente montaña abajo mientras el fuego va dibujando las siluetas de la comitiva. Al llegar al pueblo, una de las antorchas prende la gran hoguera y el espacio se convierte en escenario de danza y celebración.

Pero todavía falta la protagonista.

Maruxa desciende del cielo

Entonces aparece Maruxa.

Montada sobre su escoba y acompañada por el resplandor de las bengalas, la bruja desciende por el aire desde la zona de El Castillo hacia Lizarena. Abajo la espera su séquito.

Una vez en tierra, brujas y brujos acompañan a Maruxa hasta la hoguera. Allí tiene lugar el gesto que transforma definitivamente el aquelarre simbólico en fiesta: Maruxa enciende la mecha del cohete que anuncia oficialmente el comienzo de las celebraciones.

La música vuelve a sonar y comienza la Sorgin dantza, la danza de las brujas. Los participantes forman círculos alrededor del fuego y el público termina incorporándose al ambiente festivo. Después, la comitiva continúa en pasacalles hacia la plaza.

La escena mezcla elementos de representación teatral, folklore y participación vecinal. Lo que durante siglos perteneció al terreno del miedo y la superstición se convierte así en motivo de identidad y celebración.

Un pueblo con fama de brujos

Ese cambio de significado es una de las peculiaridades de la Bajada. Las viejas historias que en otro tiempo podían provocar temor forman hoy parte del patrimonio cultural con el que Vidángoz/Bidankoze se presenta al visitante.

La fiesta contemporánea no pretende reconstruir literalmente un aquelarre histórico. Se alimenta, más bien, del imaginario transmitido durante generaciones y lo convierte en espectáculo comunitario.

Fuego, oscuridad, montaña y música hacen el resto.

La propia geografía de Vidángoz ayuda a crear la escena. La aparición de las antorchas en las alturas y su descenso hacia el núcleo urbano consiguen que el paisaje deje de ser un simple decorado y se convierta en parte de la representación.

La bruja también se despide

Maruxa permanece simbólicamente presente durante las fiestas. Pero todo aquelarre tiene su final.

El último día llega la Subida de la Bruja. El recorrido se invierte y Maruxa vuelve a elevarse acompañada por su séquito, poniendo fin al ciclo festivo.

Hasta el año siguiente.

Porque en Vidángoz las brujas ya no provocan que nadie cierre puertas y ventanas. Al contrario: cuando llega la última semana de agosto, vecinos y visitantes salen a la calle y miran hacia la montaña esperando distinguir una pequeña luz entre la oscuridad.

Es la señal.

Maruxa está a punto de volver.

También te podría gustar...