Los restos incorruptos (momificados) de San Diego, quien dio nombre a la ciudad homónima del estado de California, en Estados Unidos, se conservan desde hace más de 400 años en una urna en la Catedral Magistral, y todos los 13 de noviembre se exponen a la devoción popular.
Este lunes, 13 de noviembre de 2023, se celebrará una solemne misa (19:30 horas), presidida por el Vicario General de la Diócesis de Alcalá de Henares, Don Francisco Rodríguez González. También habrá tres homilías por la mañana (7:15, 10:00 y 13:00 horas).
Así, Alcalá de Henares celebra la fiesta de San Diego, apóstol de la caridad. El cuerpo de este santo se halla incorrupto y será expuesto en la nave central de la Catedral-Magistral para que los fieles puedan acercarse a venerarlo durante toda la jornada.
Además, como cada año por esta fiesta, Cáritas Parroquial de San Pedro recoge donativos, alimentos y otros productos para la gente necesitada. Hacen falta arroz, pasta, legumbres, latas de atún, tomate frito y otras conservas y alimentos de larga duración. Además, también se recogerán productos de higiene como geles y champú, entre otros. El día 13 habrá dos voluntarios de Cáritas dentro de la Catedral-Magistral, en la Capilla de San Diego, para recibir los productos y los donativos, dentro de una hucha de Cáritas. El año pasado se reunieron alrededor de 1500 kilos de alimentos y 3000 euros de donativos.
La urna de los restos “incorruptos”
Este año se celebra por parte de la iglesia Católica los 560 años de la muerte del fraile franciscano San Diego. Sus restos momificados o “incorruptos” se conservan en un arca dorada en una capilla dentro de la Catedral Magistral, y cada 13 de noviembre -la fecha que él mismo predijo para su muerte, y que terminó siendo cierta- se celebra ante ella una procesión de fieles y visitantes durante todo el día, a lo que se añaden la misa y la homilía que hasta ahora dirigía el ya obispo emérito de Alcalá.
Durante su vida, San Diego tuvo fama de obrar varias curaciones milagrosas entre los pobres que atendía, y después de fallecer tuvo igual fama entre los poderosos, como el rey Enrique IV, a quien su poder curó un brazo.
Uno de sus mayores devotos fue Felipe II, quien mandó traer sus restos para invocar su mediación en la curación de su hijo el príncipe Carlos, que había sufrido una caída importante por la gran escalera del Palacio Arzobispal de Alcalá, en 1562, y se había dado un gran golpe en la cabeza. Cuando el santo reposó junto al lecho del príncipe, este sanó.
