La Laguna Ahora por España de fiesta en fiesta: Las Águedas en Zamarramala (Segovia)

Cada año, en Zamarramala, un pequeño barrio de la ciudad de Segovia, las mujeres casadas y viudas tienen el privilegio de gobernar durante un día. Es cuando celebran la festividad de Santa Águeda, una fiesta tan popular que en España ha sido declarada Bien de Interés Turístico Nacional. El evento incluye una procesión religiosa, bailes, degustaciones culinarias y premios a los hombres que se hayan distinguido por la defensa de las féminas.

Cuenta la leyenda que en el siglo XI, un grupo de mujeres se dirigió al “Alcázar”, un hermoso castillo de la ciudad de Segovia, para poner fin a la ocupación de los árabes. Bellamente vestidas comenzaron a bailar. Los soldados abandonaron sus puestos y se unieron a ellas, momento que fue aprovechado por los hombres segovianos para poner fin al asedio extranjero.

Cuando los enemigos se dieron cuenta del engaño, apresaron a la cabecilla de las mujeres y le cortaron los pechos, imitando así el martirio que sufrió Santa Águeda. Desde entonces, todos los años, el domingo posterior al 5 de febrero se conmemoran estos hechos en una vistosa fiesta en honor a esta santa. Este evento, que recibe una multitud de visitantes, ha sido declarado Bien de Interés Turístico Nacional y cuenta con una peculiaridad: solo mandan las mujeres.

Todo tiene lugar en Zamarramala, barrio situado en un alto. Hace honor a su nombre de origen árabe que significa “mirador de Alá”, pues desde allí se contemplan unas espectaculares vistas de Segovia. En esta ceremonia cada año dos mujeres son nombradas alcaldesas: son las protagonistas de esta fiesta, sin que falte la colaboración del resto de las mujeres de la localidad.

En las fiestas de Santa Águeda solo participan activamente mujeres casadas y viudas, aunque también hay un pequeño lugar para los maridos: son los encargados de anunciar el inicio de las fiestas, tocando las campanas y tirando cohetes. Representan a los españoles que liberaron el castillo mientras sus mujeres bailaban ante las tropas árabes.

Las dos alcaldesas electas reciben el bastón de mando de manos del alcalde de la ciudad. Invitan personalmente a otras autoridades y a los medios de comunicación. También recorren las casas de Zamarramala, buscando a viudas y casadas. Nadie puede perderse estas fiestas. Ni siquiera las niñas, que han de prepararse para un futuro no muy lejano, cuando sean ellas las protagonistas durante un día.

El domingo es el gran día. Las mujeres celebran su fiesta bellamente ataviadas con el traje tradicional. Las familias se esmeran en lucir sus piezas, heredadas de sus antepasadas.

Es un traje especial. Data del siglo XVI: pesa más de 12 kilos y está compuesto por elaboradas y vistosas piezas, joyas y adornos. La idea es transmitir poder, autoridad, religiosidad, maternidad, belleza, riqueza y antigüedad, reflejando su alto nivel económico.

Las alcaldesas madrugan para vestirse, para lo cual necesitan la ayuda de otras mujeres. Vestir a una alcaldesa es todo un arte, algo muy complicado y que requiere de dos a tres horas. A lo largo del día se suceden las celebraciones. Rodeadas de paisanos, curiosos y periodistas, las mujeres bailan, recorren toda Zamarramala con la imagen de Santa Águeda en procesión; se celebra una misa y hasta se entregan premios. Los premiados suelen ser personajes públicos y famosos que se han distinguido por su apoyo a las mujeres y también a la ciudad.

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