La Laguna Ahora por España de Fiesta en febrero: Castellón celebra la Magdalena
Castellón se enciende con la Magdalena: nueve días de historia, luz y pólvora
Cada primavera, Castellón de la Plana se transforma. Las calles se llenan de música, de pólvora, de luz y de miles de personas que celebran las Fiestas de la Magdalena, la cita más importante del calendario festivo de la ciudad y una de las más singulares de la Comunitat Valenciana.
No se trata solo de una fiesta popular. La Magdalena es, sobre todo, una conmemoración histórica: recuerda el traslado de la antigua población desde la colina de la Magdalena hasta la llanura donde hoy se asienta la ciudad, en el siglo XIII. Ese origen fundacional marca el carácter de unas celebraciones que combinan tradición, identidad y un fuerte sentimiento de pertenencia.
El inicio oficial llega con el Pregó, un desfile anunciador que recorre el centro de la ciudad y da el pistoletazo de salida a más de una semana de actos. Pero si hay un momento que simboliza el espíritu de la Magdalena, ese es la Romería de les Canyes. Miles de personas, provistas de cañas, caminan hasta la ermita de la Magdalena, recreando el recorrido que hicieron los primeros habitantes en su bajada hacia la Plana. Es un acto multitudinario, festivo y emotivo, donde tradición y convivencia se dan la mano.
Otro de los grandes iconos de estas fiestas son las gaiatas, monumentos de luz que representan los antiguos faroles que guiaron a la población en aquel traslado histórico. El Desfile de Gaiatas convierte la noche en un espectáculo visual que atrae tanto a vecinos como a visitantes, y que se ha consolidado como una de las imágenes más reconocibles de la Magdalena.
La pólvora también tiene un papel protagonista. Las mascletàs y los castillos de fuegos artificiales marcan el ritmo de los días festivos, recordando la profunda tradición pirotécnica de la tierra valenciana. A esto se suman conciertos, actos culturales, ofrendas, desfiles y actividades para todos los públicos, que convierten a Castellón en un escenario abierto durante nueve días.
Más allá del programa oficial, la Magdalena es, sobre todo, una fiesta vivida en la calle. Peñas, collas y familias llenan plazas y barrios, compartiendo comidas, música y encuentros que refuerzan el carácter social de la celebración. Es una semana en la que la ciudad se reconoce a sí misma y se muestra al visitante tal y como es: abierta, festiva y orgullosa de su historia.
Declaradas Fiestas de Interés Turístico Internacional, las celebraciones de la Magdalena no solo miran al pasado, sino que se proyectan hacia el futuro como uno de los grandes referentes culturales y festivos del Mediterráneo. Castellón, una vez más, vuelve a encender su luz para recordar de dónde viene y celebrar, juntos, todo lo que es.
