La Iglesia celebra hoy a San Benito Abad, patrono de Europa

Cada 11 de julio, la Iglesia celebra la memoria de San Benito Abad, uno de los grandes santos de la cristiandad y padre del monacato occidental. Nacido en Nursia, Italia, hacia el año 480, su vida marcó profundamente la espiritualidad, la cultura y la historia de Europa
Tras retirarse a la soledad de Subiaco para buscar una vida de oración, fundó posteriormente el célebre monasterio de Montecasino, donde redactó la Regla de San Benito, una obra maestra de sabiduría espiritual cuyo principio más conocido, Ora et Labora («Reza y trabaja»), continúa siendo un modelo de equilibrio entre la contemplación, el trabajo, la vida comunitaria y el servicio.
La influencia de San Benito trascendió el ámbito religioso. Los monasterios benedictinos se convirtieron durante siglos en centros de evangelización, cultura, enseñanza, hospitalidad y conservación del saber clásico. Gracias a ellos se copiaron manuscritos, se desarrolló la agricultura, florecieron las artes y se preservó buena parte del patrimonio intelectual de Occidente. Por ello, el papa Pablo VI lo proclamó Patrono de Europa.
En San Cristóbal de La Laguna, la devoción a San Benito posee una dimensión singular. Desde 1532 es protector del campo y de los agricultores de Tenerife, y en torno a su figura nació una de las manifestaciones populares más importantes del Archipiélago: la Romería Regional de San Benito Abad, la única romería canaria que ostenta el título de Regional y una de las más relevantes de España.
Cada mes de julio, miles de romeros, grupos folclóricos, carretas, ganado y representantes de las ocho islas convierten las calles laguneras en un extraordinario encuentro de fe, tradición y cultura popular. La ofrenda de frutos de la tierra, la música tradicional y los trajes típicos expresan el agradecimiento por las cosechas y la protección del santo, manteniendo viva una tradición con casi cinco siglos de historia.
La figura de San Benito sigue recordando hoy la importancia de construir una sociedad cimentada en el trabajo honesto, la oración, la paz, la acogida y el respeto a la dignidad de toda persona. Su legado continúa iluminando tanto la vida espiritual como las raíces culturales de Europa y, de manera muy especial, la identidad histórica de La Laguna y de Canarias.
