LA FIESTA DE LA NAVIDAD Aguinaldos y regalos. Por Carlos García
La costumbre existente en los países de América de hacer regalos en la fecha de la Nochebuena, el día de San Nicolás, fue llevada por los colonos holandeses en 1620. Estos holandeses llamaban al santo, Santerklaus, que fue traducido por los americanos por Santa Claus.
El personaje de San Nicolás, Santa Claus o Papa Noël, que son el mismo personaje según del país de que se trate, provienen de un verdadero habitante de Myra, monje y posteriormente obispo, que alivió, hace muchos años, las necesidades de una familia depositando una monedas de oro en los zapatos que algún miembro de ella había dejado en la ventana. También se cuenta que la tradición viene de antes cuando el jefe de la guardia romana Marco, quiso vender a un niño como esclavo impidiéndoselo Nicolás. En otra ocasión Marco quiso apoderarse de unas doncellas si su padre no pagaba una deuda y, enterándose Nicolás, tomó tres sacos de oro y, en la noche de Navidad, llegó a la casa y arrojó los sacos por la chimenea salvando así a las jovencitas.
En la Edad Media la leyenda de San Nicolás arraigó fuertemente en Europa, principalmente en Italia, ya que a la ciudad de Bari fueron trasladados sus restos en 1.807, al igual que en Holanda donde se convirtió en patrón de los marineros y de la ciudad de Amsterdam; cuando los holandeses colonizaron la zona actual de Nueva Cork, antes Nueva Amsterdam, introdujeron el culto y las tradiciones de San Nicolás en América.
Es por ello que una de las costumbres más arraigadas en la época de Navidad es la de dar regalos a aquellos que nos realizan algún favor o servicio y que se ha extendido, ampliándose a los amigos, familiares y conocidos.
Puede que su origen se remonte al tiempo de los druidas de las zonas escandinavas y que, con el tiempo, pasó a las Galias, de donde toma el nombre de “aguinalgo”, del vocablo equinand. Pero prescindiendo de cual fuera su origen, esta antigua costumbre es tan vieja como la civilización romana, relatándose que en el tiempo de la fundación de la ciudad de Roma, Rómulo obsequió al rey Tacio con ramas de frutales.
Con la llegada de la era cristiana la costumbre experimentó un retroceso aunque sin llegar a desaparecer por completo, puesto que se consideró una tradición pagana que había que erradicar.
Más modernamente y en nuestro país, durante el tiempo de los monarcas de la dinastía de los Borbones, se introdujo ésta costumbre de los regalos derivada de Francia aunque con el tiempo una orden la prohibió, existiendo quién encuentra ésta tradición en las antiguas culturas chinas y japonesas.
Entre nosotros la tradición aboga por reconocer el origen de los presentes al hecho del ofrecimiento de oro, incienso y mirra al recién nacido por parte de los Reyes Magos.
Si nos apoyamos en la historia que el Nuevo Testamento en los Evangelios nos ofrece, no conoceríamos ni la identidad ni los nombres de los Reyes Magos, ya que en ellos no se mencionan.
Es a partir del siglo IV cuando aparecen por vez primera la identificación racial de los Reyes y sus edades simbólicas de 20, 40 y 60 años, como homenaje a las tres etapas más importantes de la vida del hombre.
Él configurarlos como de raza blanca, negra y amarilla, tiene su razón en representar a las tres razas más importantes de aquella época.
Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen a partir del siglo XII y es también sabido que sus cuerpos incorruptos aparecen en el año de 1162, encontrados por la madre del Emperador Constantino, Santa Elena, y que fueron llevados a Constantinopla. Luego fueron entregados al Obispo de Milán y desde aquél momento los cuerpos desaparecen. Hoy en día la tradición refiere que están enterrados en la catedral de Colonia (Alemania), cosa de total falta de rigor, aunque hay que mantener viva la tradición y la leyenda.
Lo que sí parece demostrado es que los tres Reyes pertenecían a la religión de Zoroastro, religión persa de la antigüedad y que eran sacerdotes o científicos ilustrados en diferentes saberes y conocimientos, tales como las matemáticas, la física, la religión y la astrología.
Hay que recordar que los medos, cultura de la que derivaban estos Reyes Magos, eran una de las más avanzadas civilizaciones de su tiempo y en especial en la astronomía.
Otra leyenda o tradición cuenta que existió un cuarto Rey Mago, cuyo nombre fue Artabán, que también vio la estrella pero que nunca llegó a Belén a tiempo de ver al Niño Dios, aunque llegó a tiempo de conocer la matanza de los santos inocentes cuando José y María ya habían partido hacia Egipto.
San Mateo nos relata que los Reyes siguieron a una estrella muy especial y con referencia a esta especial estrella de Belén existen diferentes teorías que rivalizan entre historia y leyenda, manteniéndose todo tipo de discusión entre teólogos y astrónomos.
Hay quién opina que se trató de un cometa, incluso identificándolo con el Halley, aunque está comprobado que no pudo ser.
Otros abogan por la teoría de una nova o incluso por la conjunción de una serie de planetas, -Marte, Júpiter y Saturno-, aunque también se niega esta teoría.
Y por fin existe la teoría de responder al enigma de la estrella de Belén con la aparición de un fenómeno OVNI, en relación con naves espaciales.
No obstante, los ortodoxos religiosos no dudan en atribuir a un milagro sobrenatural la aparición de una estrella que mantuviese una trayectoria específica y se detendría expresamente sobre un lugar exacto.

