La decisión lagunera y el regreso al pasado, por Rubens Ascanio Gómez

Parece que ya pasó un siglo desde el último pleno del pasado mandato. Ese día acabábamos un mandato de cambio y, aunque sospechábamos que el acuerdo en el Gobierno de Canarias podría marcar los pactos en La Laguna, todavía quedaba una pequeña luz de esperanza ante un pacto de progreso que era viable y daba una mayoría sólida.
Desde hace semanas se dice que el PSOE lagunero aprobará el pacto con Coalición Canaria, parece que el viernes 15 quedará totalmente despejado. Algunos amigos que me quedan dentro de ese partido me dicen que está todo bien atado, que el peso del Hospital Universitario y las necesidades compartidas pesan mucho. Yo pensaba de corazón que algunas cosas habían cambiado en estos cuatro años, que el viejo modelo de política de reparto de intereses había acabado, pero me equivoqué. Creía que los profundos odios y desconfianzas, las denuncias mutuas entre los dos partidos más votados de La Laguna harían difícil esta entente, pero mantener la capacidad de decidir quién y cómo se trabaja en el Hospital es un sanador mágico, del que depende una parte sustancial de la militancia socialista.
En 2019 llevamos a nuestra asamblea un debate sobre el programa de gobierno y las áreas que íbamos a gestionar, un programa que presentamos e hicimos público. En 2023 no sé qué habrá, dudo que se hable de modelo de municipio, tengo la sospecha que esa idea desapareció el 17 de junio. No sé si la militancia socialista que no entiende ni comparte esta vuelta al pasado podrá opinar. No sé si quienes abandonaron el PSOE en 2011 por este tipo de actos dirán algo ahora. Quizás les sea más fácil creer el cuento de que con la izquierda no se puede, sin saber que su partido no hizo ni el amago de un acuerdo. Sin conocer que tampoco se llegó a plantear otro posible escenario como un apoyo desde fuera del Gobierno u otras aritméticas. Con la Consejería de Sanidad en manos de CC la cosa estaba clara, aunque durante meses dijeran que no, que no volverían a 2015, todo estaba bien atado. Es posible que les sea cómodo quitarse en dolor de cabeza de reuniones de Gobierno con voces críticas o tragar propuestas que simplemente no entendían, aunque todavía recojan sus frutos. No sé si añorarán esa vieja época en la que lo más difícil era decidir a cuántos ponía CC en Urbaser y a cuantos PSOE como máximo nivel de tensión, repartiendo necesidades humanas básicas no por mérito, solo por afinidad. Siempre es más fácil alquilar lealtades, sin que nadie te amenace con romper el pacto si estas prácticas caciquiles volvían. Ojalá me equivoque también en esto.
Sea como sea, los que deciden esto y hacen la entrega de La Laguna lo hacen sabiendo que en 2027 tendrán difícil el escenario. No creo que lo digan esta tarde en su asamblea. Han devuelto la energía a su mayor adversario, con más tejido social y redes, que posiblemente cobrarán caro el regalo. También sospecho que ven y palpan el cabreo de desengaño de un electorado, al que se le dijo que su voto era para mantener un modo de gobierno bien distinto, para mantener el «cambio», quizás contando con la mala memoria electoral. Sólo espero que al menos esta entente permita acabar con la parálisis de iniciativas y gestiones que han dominado en los últimos meses, me resulta triste pensarlo, pero no soy el único.
De momento la izquierda consecuente, que no tiene miedo a afrontar cualquier escenario, que habla de proyectos y de propuestas, seguirá marcando el camino, dentro o fuera de la institución, en el Gobierno, en los movimientos sociales o en la oposición. Sin miedo, con una trayectoria limpia y sin deudas políticas a sus espaldas.
Rubens Ascanio Gómez
Coportavoz de Unidas se puede en el Ayuntamiento de La Laguna
