La Carrera, antiguo Bar Alemán (II) Por Julio Fajardo Sánchez

bar aleman carnaval 55

Carnaval en el Bar Alemán 1955. En la foto don Juan Oliva Tristán su señora y unos amigos

El bar Alemán era el centro de los camavales de La Laguna. De los carnavales anteriores en las llamadas Fiestas de Invierno, un hallazgo feliz del querido Opelio Rodríguez Peña, que los mantuvo agazapados bajo ese eufemismo de tolerancia permisivá, confundiéndolos con un festival de slalom gigante en Cortina D’ Ampezzo. De esta manera, las justificaciones del recién inventado negocio turístico hicieron un paréntesis en las más importantes tareas de salvaguardar las buenas costumbres en la reserva espiritual de Europa.

Los carnavales tuvieron otro valedor importante: Don Domingo Pérez Cáceres. que no observó penalti. ni siquiera falta. como hicieron otros cercanos pastores de la iglesia en la oficialización controlada de una mascarada nunca interrumpida pero, si se quiere, más divertida, al añadirle el inevitable morbo de la clandestinidad. Don Domingo recibió en el palacio las quejas de los representantes del galardón del ibérico solar -sus vecinos en inquilinos en precario- ante la inexistencia de una condena expresa del obispado por un supuesto festival de incontinencia callejero, que convertiría a la recoleta Laguna de Unamuno en una réplica artesana de Sodoma y Gomorra. Mientras la calle se llenaba de máscaras multicolores y el Teatro Leal levantaba el patio de butacas para celebrar sus famosos bailes; severos y silenciosos actos de desagravio se producían en paralelo en el interior de las iglesias, donde encontraban refugio los escandalizados intransigentes de toda la vida. La contestación de Don Domingo a los apóstoles o mártires, acaso, que esgrimían airadamente su bandera y símbolo, fue contundente:

– Pero ¿ de qué me están hablando?

Si eso no es otra cosa que Mascarita, ¿me conoces?-

Pero La Laguna tenía carnavales desde antes. Desde siempre. Por eso subía la rondalla del Tronco Verde a desfilar con sus pasacalles trenzados por una calle de la Carrera atestada de público. El centro, o, mejor dicho, el epicentro de aquel terremoto carnavalero era el bar Alemán, y lo ha seguido siendo de por vida, con Fiestas de Invierno y con carnavales democráticos. Este año no se van a celebrar oficialmente, siguiendo esta interpretación, visionaria y en contrario, de las consecuencias del cambio climático, que ha llevado a Santa Cruz a la cauta previsión de encerrarse multitudinariamente en el aún recinto ferial.

Curioso nombre éste, más propio de una exposición de ganado.

Salían a cara descubierta en la epoca de la máscara ensabanada y voz de falsete que repetía insistentemente «Bandido, bandido… – mientras te azotaban con un abanico sujeto por un guante con mas pelos dentro que el pecho de un gorila. La máscara de careta sufría enormemente cuando era descubierta, tapada de pies a la cabeza, delataba por sus andares caracteristicos, como le ocurría a Antonio de la Rosa Chinea, incapaz de disfrazar sus callos insufribles. Una vez me disfracé de Carmen :Miranda y fui descubierto antes de llegar a de la Catedral nunca he sido bastante bueno para la samba.

Kike se caracterizaba perfectamente de DanieL el grandisimo bastión del bar Alemán,y terminebe detrás de la barra haciendo su servicio junto a su doble caricaturizado. Pero su disfraz fayorito era el de Groucho Marx. al que imitaba maravillosamente. consumiendo un interminable habano al grito de «Más madera».

Aquel embrión del folclore que más tarde sería «Los Sabandeños» solía disfrazarse en grupo. Una vez como componentes de un Kindergarden y otra. reproduciendo un esperpentico grupo musical. antecedentes claros de Les Luthiers. en donde Pepe Abad interpretaba magistralmente , -en el sentido lagunero.se entiende- el Danubio Azul o el Adiós a la visda de Tosca. Los espectáculos se celebraban en el interior del bar o en la contigua terraza del Casino,grada natural que inmortalizó las mejores instantáneas del carnaval lagunero.

La Laguna ha tenido durante muchos años máscaras fijas como el dúo formado por Antonio Caridad y Emilio «el Pupi», las insuperables versiones de lecheras de Fernando «el Largui» o de Eduardo «el Porreto», y, cómo no recordar ahora nuestro queridísimo Chuchin, venciendo la adversidad con sus magníficas entregas carnavaleras. Todo ello pasaba impepinablemente por el bar Alemán, y más tarde por su sustituto, en nombre y forma, que no en lo demás, bar Carrera.

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