LA BATALLA DE LAS PALMAS EN EL GOZNE DE DOS SIGLOS: O DE CÓMO LOS CANARIOS ARRANCARON UNA GLORIOSA VICTORIA DE LAS FAUCES DE LA DERROTA (I)

A la derecha El almirante holandés Pieter Van der Does y a la izquierda el gobernador militar de Las Palmas, don Alonso de Alvarado.
CRONOLOGÍA
Desde mediados del siglo XVI se reiteran ataques de piratas y corsarios a las islas Canarias. En 1553 el pirata francés Le Clerc desembarca en Santa Cruz de La Palma. En 1570 nueve galeras argelinas atacan Lanzarote. El 31 de julio de 1588 la Armada Invencible llega al canal de la Mancha. En 1591 un buque inglés se apodera de un barco español que quema ante Santa Cruz de La Palma. Al año siguiente un corsario inglés se apodera de una nave en La Gomera. En 1593 cinco buques ingleses atacan Lanzarote, Jabán Arráez efectúa correrías sobre Lanzarote y Fuerteventura. En 1595 son rechazados los ataques de Hawkins y Drake (27 barcos y 2.500 soldados) a Las Palmas; un buque de guerra inglés se lleva del Puerto de La Luz un barco con carga para América y Raleigh efectúa una incursión sobre Fuerteventura. Al año siguiente el conde de Essex ataca Lanzarote. En 1597 George Clifford realiza una incursión sobre Lanzarote. El 9 de febrero de 1599 se produce la prohibición a las provincias de Holanda y Zelanda de comerciar con las colonias y puertos españoles. El 26 de junio una escuadra holandesa (74 barcos y 8.000 hombres) ataca el Real de Las Palmas.
CONTEXTO HISTÓRICO
El 6 de mayo de 1598 Felipe II cedió los Países Bajos a su hija Isabel Clara Eugenia en lugar de al heredero, futuro Felipe III, convencido de que así acabaría con la guerra civil en Flandes.
A pesar de que, en aras de esa guerra, los Países Bajos se hallaban en abierta rebeldía contra la dominación española el tráfico mercantil entre los respectivos puertos era muy intenso. Pero en febrero de 1599 se prohibió todo comercio y España cerró completamente sus puertos a los buques holandeses haciendo que, lo que comenzó como un conflicto de origen ideológico, evolucionara hasta convertirse en una guerra de marcado carácter económico ya que esta prohibición implicaba la imposibilidad de obtener sal, pimienta y especias quedando así gravemente en peligro el principal motor de la economía holandesa, pues la sal constituía una materia prima insustituible tanto en la conservación de pescado y carne como en la industria quesera y mantequillera. Como consecuencia, se produjo una drástica subida de precios y un incremento del paro que pudo llegar a afectar hasta treinta mil trabajadores.
Dada la gravedad de esta situación los Estados Generales determinaron al mes siguiente, marzo de 1599, organizar una expedición contra España. Reunieron setenta y cuatro naves con diez mil hombres y abundante artillería y la pusieron en manos del almirante Van der Does, ordenándole causar el mayor perjuicio posible «apresando sus navíos mercantes, atacando sus puertos, ciudades e islas, imponiéndoles rescates u hostilizándolos». Así que, no solo no se cumplieron las expectativas de Felipe II sino que se produjo, ya con Felipe III en el trono, uno de los ataques más graves y de mayor calado en la geopolítica canaria.
Los hechos tuvieron lugar entre el 26 de junio y el 8 de julio de 1599, comenzando con el ataque a la bahía de La Luz por una potente armada de los Países Bajos dando lugar a lo que pudo ser la invasión de Gran Canaria y tal vez del resto del archipiélago. Los días 3 y 4 de julio la ciudad de Las Palmas fue saqueada e incendiada. Este acontecimiento constituye uno de los más trágicos de la historia de la isla.
A los holandeses se enfrentaron los grancanarios, al mando de Alonso de Alvarado, con un pequeño ejército de 150 soldados profesionales y mil milicianos usando las armas de que disponían: algunos arcabuces, picas, aperos de labranza y una heroicidad innegable.
Fue el fin de un siglo, de una época de prosperidad en una ciudad que no volvió a ser la misma a lo largo del siglo siguiente, y a la vez constituyó una gran victoria de la que dependió la paz y la seguridad futura de Canarias. (…)
