Tascas, Bodegas, Casas de Comidas y Tabernas en la historia lagunera. Por Julio Torres: «La Artillería»

Entre las viejas tascas que forman parte de la memoria de San Cristóbal de La Laguna ocupó un lugar especial La Artillería, propiedad de don Francisco Mejías
Era una tasca estrechamente vinculada a dos mundos que durante décadas marcaron la vida de la ciudad: la Universidad de La Laguna y el Cuartel de Artillería del Cristo. Por su salón pasaba una enorme cantidad de estudiantes universitarios y también numerosos soldados destinados en el cuartel de artilleria. Entre unos y otros se creaba aquel ambiente bullicioso y popular característico de las antiguas tascas laguneras.
El establecimiento antiguo era un gran salón, antiguamente habia sido las cuadras del herreño donde muchos laguneros iban a recoger la leche recien ordeñada, muy distinto de la imagen de un pequeño bar moderno. En su interior destacaban las barricas de vino, el largo mostrador y las vitrinas donde se exhibían los productos que se despachaban.
Había además un detalle particularmente característico que explicaba visualmente el nombre de la casa. En lo alto de las vitrinas se encontraban dos pequeñas barricas que llevaban las bombetas de la Artillería española, un elemento decorativo que reforzaba la relación de la tasca con los artilleros y que quienes conocieron el establecimiento podían identificar inmediatamente.
La Artillería era también casa de vinos, jamones y embutidos, pero uno de sus recuerdos gastronómicos más perdurables fueron las garbanzas de don Francisco Mejías. Era aquella cocina de tasca que sabía aprovechar los recortes del jamón y otros embutidos para enriquecer el guiso y darle un sabor difícil de olvidar.

Así, La Artillería no fue solamente un establecimiento donde beber vino o comer unas garbanzas. Fue también un punto de encuentro entre estudiantes, militares y laguneros, una pequeña representación de aquella ciudad universitaria y militar que durante buena parte del siglo XX convivió en las calles del casco histórico.
Su recuerdo pertenece a una época de La Laguna en la que establecimientos como La Artillería y La Oficina eran mucho más que simples bares: eran lugares de conversación, encuentro y vida cotidiana, con una personalidad propia que permanece en la memoria de quienes las frecuentamos.
