Juan-Manuel García Ramos, presenta en el Parlemento una Proposición no de Ley para la rehabilitación del Ateneo de La Laguna

Juan-Manuel García Ramos, parlamentario canario y presidente de honor del Ateneo de La Laguna.
El Grupo Parlamentario Nacionalista Canario, al amparo de lo dispuesto en el artículo 184 y ss. del Reglamento del Parlamento, a instancia del diputado Juan-Manuel García Ramos, presenta la siguiente Proposición no de Ley para su tramitación ante el Pleno de la Cámara.
Exposición de motivos
La continuidad no es precisamente el rasgo más destacado de nuestras empresas culturales en Canarias. Por esa razón hay que respetar al Ateneo de La Laguna y a sus ciento quince años de historia ininterrumpida
Nacido el Ateneo al calor de las ideas cívicas provenientes de lo que significó la Institución Libre de Enseñanza, fundada en Madrid un 29 de octubre de 1876, donde el laicismo se enfrentaba al tomismo tradicional, donde el racionalismo y la libre discusión, se imponían a las enseñanzas meramente memorísticas, con una burguesía ilustrada que empezaba a prevalecer por encima de una sociedad nobiliaria agraria, con la irrupción de una «edad de plata» de la cultura española, extendida desde 1868 hasta 1939, el Ateneo de La Laguna, en lo que se refiere a Canarias, también siguió los pasos de las célebres tertulias laguneras del siglo XVIII, entre las que hemos de señalar las de Nava, la más selecta; la del Hotel de don Domingo Saviñón, con observatorio astronómico, gabinete de Física, museo de historia natural propio y sala de música, una tertulia que fue visitada en su día por Alexander Von Humboldt y Aimè Bompland; la tertulia de don Luis Román y Machado, en la calle de San Agustín, o la de la Marquesa de San Andrés en la antigua calle del Agua, y, asimismo, el Ateneo continuó modelos de trabajo conocidos en Canarias desde 1776, como pudieron ser las Reales Sociedades Económicas de La Laguna, Las Palmas de Gran Canaria y La Palma; el Museo Canario de 1879 en Gran Canaria, los Gabinetes Instructivo y Científico, de Santa Cruz de Tenerife, 1869 y 1878; las ideas divulgadas por publicaciones como la Revista de Canarias, de Elías Zerolo, editada entre 1878 y 1882, o La Ilustración de Canarias, 1882-1833, de Patricio Estévanez, y todo lo que significó la aportación intelectual de la Escuela Regionalista de La Laguna. No por casualidad el presidente fundador del Ateneo fue don José Hernández Amador, un conocido miembro de aquella generación literaria tan vinculada a la tierra natal.
El regionalismo de los años finales del siglo XIX y los primeros del siglo XX fue definido por el más autorizado de sus teóricos, Manuel de Ossuna y Van Den-Heede ‒presidente del Ateneo de La Laguna en 1913‒, como «el recuerdo de nuestras antiguas libertades; [el regionalismo] es la proclamación de los Adelantados de la región por el Cabildo y por el pueblo soberano; es la protesta de la Real Audiencia ante los desafueros del poder ultramarino; es el nombramiento por el pueblo de los Síndicos Personeros Generales ante su divina Majestad; o las representaciones de los Padres de la Patria ante el Rey, cuando creían que por el propio Monarca eran conculcadas las leyes regionales… el regionalismo es una aspiración hoy dominante en Europa que llena los anhelos en todas partes…».
Esas palabras están recogidas en el segundo tomo del libro de Manuel de Ossuna, El regionalismo en las Islas Canarias, editado en 1916, donde quizá se encuentren las ideas básicas, aunque todavía algo tibias, para la construcción de un pensamiento autonomista de nuestras islas.
Hemos de tener en cuenta, además, que ya en 1907, siendo presidente del Ateneo el lanzaroteño Benito Pérez Armas, se había hecho ondear la primera bandera rebelde de Canarias en el asta de esa sociedad cultural, la bandera de fondo azul y siete estrellas blancas, luego asumida por el Partido Nacionalista Canario cuando se funda en Cuba en 1924.
Transcurridos los años, en el seno del Ateneo de La Laguna se dio cobijo al nacimiento de la Revista de Canarias, en 1924, tan amada por don José Peraza de Ayala, y a la fundación del Instituto de Estudios Canarios, en 1932, tras tenaces esfuerzos de María Rosa Alonso para que esa idea se hiciera realidad; dos ejemplos estos, el de la publicación periódica y el del Instituto, que luego han indagado con rigor en todo lo relativo al autoconocimiento y el autocuestionamiento de nuestras realidades políticas, históricas, literarias, artísticas, sociales, económicas…
El Ateneo es ese matrimonio de espíritu liberal y autonomista, un referente, desde su primera etapa, de nuestro pasado político más brilante: Franchy y Roca, los Estévanez, Benito Pérez Armas, en lo que atañe a Canarias, y Alejandro Lerroux, Niceto Alcalá Zamora, Fernando de los Ríos o Eugenio D´Ors, como invitados de honor; un domicilio de élite de nuestro pasado plástico: Francisco Bonnín, López Ruiz, Alfredo de Torres Edwards; de nuestro pasado literario: el encuentro fraternal de poetas como Tomás Morales, Alonso Quesada, Manuel Verdugo y Luis Rodríguez Figueroa, estos dos últimos también presidentes del Ateneo en su día.
La vida del Ateneo ha superado la Monarquía de Alfonso XIII, la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, el Régimen Franquista y llega hasta la Monarquía Parlamentaria actual, llega a este nuevo siglo y milenio tan campante y tan lleno de ilusiones y de iniciativas como las que una tarde gris de noviembre de hace ciento quince años años pusieron sobre la mesa los miembros de la primera junta presidida por el poeta José Hernández Amador.
El Ateneo ha abrazado siempre el conocimiento, el debate de las ideas, viniera de donde viniera, y en su andadura tuvo presente, casi como su propio lema, que la educación y la cultura que los pueblos se otorgan han de dirigirse a crear hombres y mujeres de pensamiento independiente y de alta responsabilidad moral.
El Ateneo de La Laguna fue siempre la segunda universidad de La Laguna, allí donde todos tuvimos la oportunidad de conocer a personas que nos ayudaron a entender la vida como una aventura que debe ser compartida y regida por valores que sólo se descubren desde el trabajo común y la camaradería bien llevada.
Ese es el mensaje que transmite más de un siglo de Ateneo abierto contra vientos, tormentas y mareas estéticas e ideológicas para todos los gustos y disgustos.
La fuerza del Ateneo, donde se fundó y editó una de las mejores revistas culturales del Archipiélago, a cargo del ya fallecido profesor y novelista Juan José Delgado, proviene de sus muchas victorias contra la adversidad. Así se curten los colectivos, como se curten los seres humanos.
Un ejemplo para nuestras generaciones presentes y futuras, tan dadas a abdicar frente a cualquier contratiempo.
Pero ahora hemos de lamentar que a pesar de esa capacidad del Ateneo de luchar contra vientos, tormentas y mareas estéticas e ideológicas, no ha podido evitar que las llamas acabaran con parte de su estructura un viernes aciago de octubre de este 2019. Lo que nos obliga a todos, y en especial a las instituciones municipales, insulares y autonómicas, a reconstruir lo más pronto posible la Casa de la Democracia y del Pensamiento Libre.
Por todo lo expuesto
El Parlamento de Canarias insta al Gobierno de Canarias a que, en colaboración con el Ayuntamiento de La Laguna y el Cabildo Insular de Tenerife, contribuya a la pronta reparación de los daños sufridos por el Ateneo de La Laguna el pasado día cuatro de octubre y a la recuperación del servicio a la cultura que esa digna entidad ha prestado a la sociedad canaria desde su fundación en 1904.
