Hoy se cumplen 323 años de la aparición en La Laguna de los barcos romeros que más tarde se propagarían por distintos pagos y pueblos de Tenerife. Por Julio Torres

Los primeros barcos sobre una carreta nacen en La Laguna en 1699

La primera referencia a castillos en La Laguna corresponde a 1524. Las procesiones del Corpus a las que nos hemos referido más arriba eran muy fatigosas para los vecinos, que tenían que hacer, de mandamiento, “castillos y otras maneras de invenciones con gastos excesivos” repartidos por los mayordomos de los oficios -o gremios- a lo que se opone en vano el personero Alonso de Llerena que pedía una simple procesión religiosa…

Alonso de Llerena, personero, en nombre de los vecinos y universidad de esta isla, requirió a Su Señoría y señores que por hacer castillos en la fiesta del Corpus y otras maneras de invenciones, hay gastos excesivos, en tanta manera que los vecinos sus partes son muy fatigados y es mejor se haga una solemne procesión. Eligen empudados (sic) para la fiesta del Cuerpo de N.° Señor, y aderezalla según los otros años se hacían a Pedro de Lugo y Gaüinato; a quien dan poder y firmen los repartimientos que los mayordomos de los oficios echaren, esecutar mandamientos, vender las prendas y dar pregones.

Acta de Cabildo, anterior al 8 de abril de 1524

El diálogo entre el castillo y el barco se hizo popular en las fiestas de san Benito, con toda probabilidad desde el siglo XVIII. Una reseña del Heraldo de Canarias de 13 de junio de 1896 recoge que en la víspera de san Benito tuvo lugar “la histórica librea que acompaña a las toscas carrozas que en forma de navío recorren algunas calles”. Y llegó hasta el siglo XX, de manera que en las fiestas de san Benito de 1905 la prensa refiere que, como era habitual, hubo “barco y librea” en la víspera. En el siguiente apartado nos ocupamos de la descripción de esta librea, en palabras de Rodríguez Moure. Ahora únicamente señalar que desapareció de la programación festiva de san Benito en 1928, en aras a una mal entendida modernidad. Ese año señala la prensa que en “los populares festejos en honor de su patrono, san Benito”, la “pandorga” de la víspera se sustituirá por una “verbena popular”, “quebrantando la costumbre”. Se esperaba que esta verbena resultase de “más efecto” que la “anticuada librea”.

Otra cosa muy diferente son los barcos móviles, esto es, los construidos sobre la cama de una carreta. Rodríguez Moure refiere que…

En este año [1699] por motivo de la fiesta [de Nuestra Señora de los Remedios] y para divertimento del pueblo, se representaron autos sacramentales, se hicieron navíos sobre carretas y un gran castillo, simulándose una batalla y siendo esto origen de los “barcos” con que los labradores celebran hoy las fiestas de los pagos y la de San Benito, en esta población.

A partir de ahí, algunos, casi todos con motivaciones localistas, han refutado la veracidad de las afirmaciones de Rodríguez Moure. Un argumento recurrente ha sido que no existe referencia alguna al documento en el que se apoya el docto sacerdote, negando además la existencia del mismo; es decir, sería imposible discernir si se trata de “una noticia histórica, la interpretación que la tradición oral del momento hacía de los hechos o una opinión del autor”.

Pues bien, el documento en cuestión sí existe. Ofrecemos la transcripción íntegra del mismo, mostrándolo además como parte del soporte gráfico de este trabajo…

(Al margen:) Nauíos que se hicieron en esta ciudad para la fiesta de Nuestra Señora de los Remedios en este año de 1699.

En la ciudad de La Laguna de Thenerife en este prezente año de 1699 se celebró la festuidad de Nuestra Señora de los Remedios el día 8 de septiembre, como es costumbre, y su víspera a la noche la deuossión de todos los vezinos parrochianos desta iglesia dispusieron para su mayor culto y para demostrar su deuossión vnos nauíos, los quales se efecturaron con tanto primor y lucimiento como se vio; para cuyo fin se hizo vn castillo en la esquina de la plaza desta iglesia, desde los quales se representaron loas para mayor deuossión de dicha santa imagen y alegría de los fieles, haciendo vatería de dicho castillo y nauíos. Y a el día siguiente de Nuestra Señora fueron en la prosessión. Y assí para que en todo tiempo conste certifico lo referido como colector en dicha ciudad de La Laguna en 16 de septiembre de dicho año de 1699.

Domingo Marques de Mesa (rúbrica).

Rubrica, pues, el documento Domingo Márquez o Marqués. Al firmar  Marques, caben las dos opciones, pero teniendo en cuenta ese seseotan característico del habla canaria, la opción más plausible sería “Márquez”.

Ejercía la función de “colector”, figura que se ocupaba de administrar y controlar los bienes y rentas pertenecientes a cada parroquia, habiendo de rendir cuentas. Fruto de esta labor es la producción documental que se conserva, tanto activa como pasiva (Rubio, 1999).

Clérigo o seglar, su actividad aparece claramente regulada en las constituciones sinodales de los correspondientes sínodos diocesanos. Para el caso concreto de la Diócesis de Canaria, el obispo Cristóbal de la Cámara y Murga le dedica cinco extensos capítulos de su Constitución sinodal de 1629 (XXIII Del oficio de Colector), que se vuelven a repetir íntegramente en el siguiente Sínodo diocesano celebrado en 1735 por el prelado Pedro Dávila y Cárdenas.

Queda, pues, claro y probado documentalmente el origen lagunero de los barcos romeros; barcos que iniciaron su singladura con motivo de las celebraciones en honor de Ntra. Sra. de los Remedios, en septiembre de 1699, en la ciudad de La Laguna, como relata Domingo Márquez de Mesa y recoge Rodríguez Moure, quien, en otro capítulo de su Guía, insiste en que…

…el origen de los “barcos” viene de los festejos que se hicieron a Ntra. Sra. de los Remedios en su parroquia de esta ciudad, en septiembre de 1699. Como novedad, en aquel año formóse un castillo y dos navíos, el primero en la esquina de la calle de la Carrera, y los segundos movibles en carretas; y fue tanto lo que gustó el espectáculo, que al siguiente día los navíos acompañaron a la procesión. Cuándo comenzó el peligrosísimo espectáculo de probar la calidad de la pareja de bueyes, haciéndolos correr a fuerza de aguijón con este pesado armatoste, no lo sé; pero lo que todos sabemos, es que tal espectáculo es número obligado en las fiestas de las Mercedes, Valle Tabares, San Benito, Geneto y Tegueste.

Creo que tales “porfías”, como las denominan los bueyeros, nacieron casi inmediatamente después que estos barcos, de los que se enorgullece la romería de san Benito, como reliquia perdurable de su antañón pasado. Me contó Hipólito Marrero, nacido en la montaña de San Roque y, desde entonces, ligado al mundo agrícola y ganadero, que ya su abuelo le decía que las porfías entre los bueyeros venían desde muy antiguo. Básicamente se retaban a que su yunta de bueyes era más fuerte y más rápida…y había que demostrarlo, generalmente después de algunos tragos de vino.

En las fiestas de san Isidro de El Chorrillo se celebraba -y se celebra- una importante feria ganadera, a la que acudían en romería las mejores yuntas de Tacoronte, Guamasa, los Rodeos, la Hoya del Camello, Las Mercedes, Jardina, la Vega lagunera…, en fin de la zona ganadera más importante de la Isla, “todas lustradas y luciendo las colleras más hermosas jamás vistas”.

De ida y vuelta seguían el mismo itinerario; para nuestros intereses, mejor describir el de regreso: desde El Chorrillo subían el camino de la Tahonilla hasta El Sobradillo, tomaban el de san Miguel de Geneto y llegaban a La Laguna por los famosos Llanos de la Clavellina (donde actualmente se ubican el colegio de las MM. Dominicas, el Padre Anchieta, el edificio central de la Universidad y parte de la Avenida de la Trinidad). Durante todo el día se habían estado retando para las carreras entre las yuntas en las fiestas de El Chorrillo. Una vez en el Llano de la Clavellina -curioso que el topónimo haga referencia a uno de esos nombres que los bueyeros usan habitualmente para bautizar a sus vacas- tenían lugar las porfías o carreras con las yuntas, cuyo final, victorioso o no y siempre “regado”, ocasionó numerosas reyertas, a eso de las tres y media o cuatro de la tarde.  El periódico La Información recoge la que se produjo en mayo de 1919…

Serían aproximadamente las cuatro de la tarde de ayer miércoles, cuando hasta nuestras habitaciones llegó el eco de grandes gritos, llantos y amenazas…Por la calle san Juan regresaban de la fiesta de san Isidro, en El Chorrillo, numerosísimos romeros…La batalla entonces generalizóse, y unos a otros propinándose sendos garrotazos, sonando en sus maltrechas cabezas los palos y bastones al golpear y hacerse añicos. Hubo momentos en que algunos combatientes, rodando por el suelo, recibían estacazos, se levantaban luego, los daban ellos…Numerosas mujeres, hermanas, hijas y esposas de los beligerantes, esgrimiendo buenas varias, propinaban cada palo…

En esta ocasión, “la batalla”, como la denomina el periódico, comenzó por una disputa en el puente de San Juan, cuando José Hernández acusó a “El Farangón” de intentar manosear a una de las mujeres que lo acompañaban…En fin, como se afirma en el artículo, “lo ignoramos a ciencia cierta”, pero el episodio me sirve para ilustrar lo monumentales que podían llegar a ser las porfías y sus consecuencias posteriores, así como la hora a que solían producirse por la zona del Llano.

Así puestas las cosas, no es de extrañar que también hubiese porfías con las yuntas tirando de corsas o barcos, en las fiestas que aunaban ambos elementos, como en las de Las Mercedes –tal y como Elizabeth Murray señala-, Valle Tabares, San Benito, Geneto o Tegueste.

Al menos desde 1800 también hubo barcos romeros en Tejina, como recoge Juan Primo de la Guerra…

El 23 fuimos por la noche a Tejina, en donde, en celebración de la víspera de San Bartolomé, patrono de aquel lugar, se hicieron los regocijos que ordinariamente se acostumbran en los campos circunvecinos. Esto es, la librea…Es también constitutivo de estas fiestas el navío. Fórmase éste con algunos ligeros maderos sobre una carreta tirada por bueyes. Llevaba dentro algunas muchachas que cantaban en obsequio a san Bartolomé.

Más colorista es la descripción de Rodríguez Moure, que detalla cómo se construía el barco sobre la “cama” de la carreta, privada de estacas: de su casco enrejado nacían la arboladura, vergas, jarcias, velas, gallardetes y bandoleras. De la carreta y de los mozos que la “tripulaban” tiraba una pareja de bueyes guiada por el correspondiente “mozo con traje del país y pulida vara de “ahijada”, acompañado de dos labradores“ya provectos en edad y experimentados en estas lides”.

La noche de las vísperas, los barcos eran conducidos a la plaza de las fiestas precedidos de una librea o “especie de compañía militar cómica, a quien un mozo sirve de capitán”, generalmente por voto hecho a la imagen. La comitiva, iluminada con hachones de tea que la precedían, iba lanzando “rejijides”. Contribuían a aumentar la algarabía los tiros de escopeta disparados por los “tripulantes” del barco y soldados de librea. Entraba la librea a rezar al templo, finalizando el espectáculo con algunas escaramuzas montadas por los participantes.

Al día siguiente, los barcos acompañaban a la procesión y, terminada esta, comenzaban las carreras, también descritas por Rodríguez Moure…

Puesto el barco en el lugar conveniente, el mozo que se coloca delante del yugo se descalza y quita la chaqueta para más facilidad de movimientos, pone luego una mano sobre aquel, empuñando con la otra la “ahijada”, y a una voz, rejoneados los bueyes, parten a la carrera, siendo “pies” los triunfos con que se gana este juego.

En Tenerife, la única de las ochos islas que cuenta con barcos romeros, tras décadas limitándose a acompañar al santo festejado, los barcos volvieron a correr en el siglo XX, en torno a la iglesia y salvando con orgullo y brío las cuestas, en El Rosarito del Valle Tabares y en Valle Jiménez, únicas zonas donde se conservan tales carreras.

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