«Guanches: momias y huesos. ¿una cuestión de clase?», por Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín (y III)

Cráneo con una retícula en la superficie producida por la acción de raíces que provocó un descascarillamiento por efectos meteorológicos siguiendo ese patrón.
¿Qué población se momificaba? Análisis comparativo entre momias y huesos
Salvo excepciones, como las famosas momias Chinchorro de Chile (las momias más antiguas del mundo con mucha diferencia, datadas en torno al 8000 – 7000 AP) donde se momificaba a toda la población sin distinción de sexo, edad o rango, la momificación antropogénica estaba reservada a la élite, a la jerarquía, o a quien se lo pudiera permitir desde un punto de vista económico, en la práctica totalidad de las distintas sociedades del planeta. ¿Sucedía lo mismo con los guanches?. En las siguientes líneas vamos a analizar algunos datos históricos reflejados por las fuentes y, por supuesto, diversos parámetros bioantropológicos utilizados a nivel internacional para aclarar cuestiones como la que se nos plantea.
Las fuentes históricas nos hablan de que existían miles de momias en Tenerife antes de la conquista sin especificar claramente a qué parte de la sociedad estaba destinada la práctica, aunque se puede deducir de lo escrito en las mismas que sería a la «nobleza». Por su parte, la historia y la arqueología han corroborado el hallazgo de cientos de momias y miles de restos esqueléticos en Tenerife a lo largo de los más de cinco siglos transcurridos desde el final de la conquista europea. Por último, la estadística señala que tan solo entre el 5 y el 10 %, como mucho, de la población guanche fue sometida al proceso de momificación después de su fallecimiento. A nivel bioantropológico existen una serie de elementos analíticos, datos demográficos y diversos marcadores y patología esquelética y dental que nos orientan a la hora de comprobar si es cierto o no que la élite de una sociedad pudo tener unas condiciones de vida mejores que el resto, o lo que es lo mismo en el caso de Tenerife, se trata de realizar un análisis comparativo entre la población momificada y la población esquelética de nuestro territorio insular, siempre teniendo en cuenta la variabilidad geográfica que existe entre las diferentes demarcaciones territoriales y vertientes. Veamos los que nos cuenta la bioantropología a este respecto.
Desde el punto de vista demográfico debemos señalar que la población guanche en su conjunto, aunque insistimos que existen notables diferencias territoriales, mostraba una esperanza de vida al nacimiento bastante alta para su época (30.9 años) y una tasa de mortalidad bruta relativamente baja (33 por mil) si se le compara con poblaciones coetáneas de Europa o de África del Norte. Esos parámetros son aún mejores entre la población momificada en la que la esperanza de vida al nacimiento era de 34.5 años y la tasa de mortalidad bruta bajaba hasta 28 por mil.
¿A qué puede ser debido esto? Pues evidentemente a una calidad de vida mejor que la de la población esquelética que se plasma en primer lugar en el tipo de dieta consumida. El consumo de carne y productos lácteos, el consumo de proteínas, es un buen protector contra infecciones y diversas patologías que pueden aparecer cuando, por el contrario, la dieta de origen vegetal es la que prevalece en una población. Veamos estos indicadores.
Análisis por medio de isotopos estables (elementos químicos que marcan la procedencia de los alimentos consumidos: animales de origen terrestre o marino y vegetales) demuestran que mientras la media de la población guanche consumía alrededor de un 55-60% de proteínas de origen animal, entre un 30 y un 50% de vegetales (incluso mucho más en demarcaciones como Tacoronte donde se alcanzaba más del 70% de consumo vegetal u otras del norte de la isla que superaban el 50-55% como Icoden o Taoro) y menos de un 5% de elementos de origen marino, las momias tendrían un consumo medio de 65 – 75% de proteínas de forma constante en cualquier lugar de Tenerife. Ello va a repercutir directamente en la prevalencia de los llamados marcadores y medidas de «stress metabólico» (entendiéndose por stress metabólico cualquier factor que rompa el equilibrio del organismo). En efecto, la presencia de líneas de detención del crecimiento o líneas de Harris en los huesos largos aparece con una frecuencia en torno al 50% en la población esquelética (afectando sobre todo a mujeres) mientras que la población momificada no llega siquiera al 20%. Esto se corrobora también con otro marcador similar al anterior pero reflejado en los dientes, la hipoplasia del esmalte (detención de la amelogénesis o formación del esmalte dental durante la etapa de crecimiento y desarrollo) que aparece en las momias con una frecuencia inferior al 5% frente a un 10 – 20% de la población no momificada. La patología dental, buena indicadora del consumo vegetal, también reafirma lo dicho anteriormente: la atrición o desgaste dentario causado por el consumo de gofio molido en los molinos de piedra que deja partículas muy abrasivas productoras de ese desgaste es muy inferior en las momias (25% frente al 55% de la población esquelética), el sarro dental (cálculos dentales) ligado a periodontitis muestra el mismo patrón (5-10% frente al 30%) y, por último, la caries – bastante infrecuente entre la población guanche – solo se manifiesta en el 3% de las momias contra el 5 – 10% de la población esquelética.
Por el contrario, la actividad cotidiana, que se puede estudiar por los marcadores de actividad física en el esqueleto, y el resto de la patología -incluyendo traumatismos accidentales o producidos por violencia- no muestran diferencias significativas entre ambas poblaciones.
Conclusiones
De lo dicho anteriormente, y de modo conciso, se pueden extractar una serie de conclusiones:
Según lo que se desprende de las últimas investigaciones llevadas a cabo, sería Tenerife la única isla donde está demostrada la existencia de momificación antropogénica. En Gran Canaria existe el ya comentado debate sobre la naturaleza de sus propias momias y en La Palma harían falta estudios en más ejemplares – si estos aparecieran – para constatar la auténtica naturaleza de los mismos. En el resto del archipiélago esa práctica no está demostrada.
La calidad de vida de la población momificada – demostrada por los patrones demográficos, datos de dieta, marcadores de stress metabólico y nutricional, y la patología específica – era mejor que la de la denominada población esquelética.
Las momias guanches no presentan mayor prevalencia de malformaciones congénitas a nivel esquelético que la población general y, por ello, se puede concluir de momento que esa población no estaría más afectada por la endogamia que el resto … a pesar de las prácticas «conyugales» (permitiendo incluso, en ocasiones, casamientos entre hermanos) para perpetuar la estirpe como señalan las historias de los siglos XVI – XVIII.
Las actividades cotidianas no debían variar en demasía entre una población y otra, incluidos los combates que se producían de modo casi constante entre las diversas demarcaciones territoriales de la isla (la frecuencia de fracturas de cráneo producidos por objetos contundentes entre los guanches es asombrosamente alta en comparación con otras poblaciones de cualquier lugar del mundo).
Las momias, según se deduce de los análisis anteriormente comentados, conformaban la jerarquía de la sociedad aborigen de Tenerife. Los guanches – al igual que la inmensa mayoría de las poblaciones en las que se momificaba a parte de su población – solo lo hacían con la élite social, con los que regían aquella sociedad, con la clase dirigente.
Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín
Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife
MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología
