Fotos,coplas y poemas. «Una anecdota de Crosita». Por Leoncio Rodriguez (1881-1955)

Leoncio Rodríguez y folía de Diego Crosa

Leoncio Rodríguez, compañero en tantas aventuras literarias y editor de varios de los escasos libros impresos del poeta, en el Perfil de Diego Crosa, que publicó en su periódico La Prensa, en agosto de 1950, relata la anécdota siguiente:

Crosa, como todos sabemos, tuvo siempre su doble: la copa de whisky. Donde él se hallaba, solía estar siempre un frasco de la rubia bebida escocesa.

Tales antecedentes dan más relieve al caso que vamos a referir.

Crosa y Manuel Verdugo, contrariando sus hábitos de poco o nada madrugadores, se habían dado cita una mañana en las afueras del Círculo Mercantil, junto a una de las lujosas tiendas de los Indios. Iban a ejercer sus funciones de jurados en un concurso literario organizado por el Taller Patriótico que dirigía don Pelayo López y Martín Romero. Puntuales al encargo, procedieron al desempeño de su cometido, bastante difícil por el copioso número de trabajos y poesías presentados al certamen, y ya bastante después de las dos de la tarde dieron fin a su laboriosa tarea. Redactaron el acta correspondiente y ultimado el dictamen correspondiente, hicieron sonar los timbres para llamar al conserje, y como nadie les respondiese no oyeran rumor alguno en los vastos salones del Círculo, optaron por retirarse tras larga espera.

Dejaron los papeles sobre la mesa y encima de ellos colocaron una cuartilla, que ambos redactaron, con el siguiente texto:

Pelayo: es extraña cosa,
estando en pleno verano,
tener a Verdugo y Crosa
juzgando versos y prosa
como jueces de secano.

Los dos poetas, sin decir palabra, marcharon a un café inmediato -creo que al Cuatro Naciones-; pidieron unas copas de whisky, y ordenaron al mozo que pasara la cuenta al Taller Patriótico.

Al fin apareció don Pelayo López, medio consternado, y todo se arregló amistosa y satisfactoriamente, pagando los whiskys.

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