Fotos y poemas para el Día de Canarias

Teobaldo Power
Él es algo muy nuestro, respetado y querido;
en Canarias, su nombre al aplauso va unido;
Tenerife, esta tierra que es la suya nativa,
jamás, mientras exista, le pagará en olvido;
él tendrá en cada pecho su lámpara votiva.
Lo mismo que el gran Viera,
para eterna memoria,
con amor escribiera
los libros de la Historia,
que fueron los sillares del templo de su gloria,
así Power recoge en un haz de armonías
-¡tan complejas y varias!
cantos populares, los aires de Canarias,
y en folklórico alarde, inspirado, genial,
aprisiona entre notas el alma regional.
De ese haz armonioso, potentes vibraciones
inundan de contento los sanos corazones
que aman, sin restricciones, las cosas de la tierra.
Para el tenaz patriota que a lo isleño se aferra,
seméjase el poema musical a un gigante
que exaltara, pujante,
lo bello y noble que el terrufio encierra …
Por eso veneramos
la gran composición,
la rapsodia vernácula, por eso le prestamos
conmovida atención,
y en tanto que el espíritu de emoción se estremece,
vemos cómo la sombra de Power crece y crece …
cómo se va extendiendo … hasta que nos parece
que el horizonte alcanza
y, al fin, entre la bruma se pierde en lontananza ….
¡Es la magia del Arte! La magia blanca, buena;
es el poder titánico del cerebro creador
que si no rompe, al menos afloja la cadena
que no deja acercarnos a otro mundo mejor.
Y de las Bellas Artes,
la Música en la mente deja más hondas. huellas;
sugiere mil imágenes a nuestra fantasía,
ofrenda que le rinde su hermana Poesía …
¡Entre las dos deidades
nos sacan del pantano de tristes realidades!
A los “Cantos Canarios”, fuerte, robusta encina,
el “arrorró” se enlaza como rosal florido;
alli vierte su aroma selecto, confundido
con fragancias agrestes de flora campesina.
Ese arrullo de cuna que es joya peregrina
va a sonar … Apresura, corazón, tu latido;
tan sólo unos compases-caricias al oido-,
pero, ¡cómo al instante su encanto nos domina!
Dulce cual el murmullo del agua o de la fronda,
une su gracia suave con ternura tan honda
que nos envuelve en algo celeste, inmaterial…
Y eyoca lo más puro que tiene la existencia:
el sueño venturoso de la santa inocencia
y el desvelo abnegado del amor maternal.
Manuel Verdugo
