Fotos y poemas al verano (VIII)

Todo acaba, también el verano. Los días se alargan «hasta casi un sueño» pero al final, como describe en el poema titulado ‘Final del verano’ la autora Jennifer Grotz, es una estación que en realidad «trata de finales»:

Antes de que aparezcan siquiera las polillas
para orbitar a su alrededor, se encienden las farolas:
Una larga fila de ellas brilla inútilmente

en torno al anillo de jardín que rodea el centro de la ciudad,
donde tus pasos marcan el ocaso del día.
A tus pies una abeja se arrastra en breves círculos, un juguete sin cuerda.

El verano se especializa en el tiempo, lo ralentiza hasta casi un sueño.
Y el ruidoso día pasa tan en silencio que escuchas
al harapiento hombre que visita cada contenedor de basura

susurrar incrédulo: ¡Es que la gente lo tira todo!
El verano se prolonga, pero trata de finales. Trata de cómo las cosas
se enrojecen y maduran y explotan y caen. Es cuando

los operarios municipales talan árboles, destrozándolos
rama a rama, desperdigando las migajas
de ramitas y hojas por todo el mantel de la calle.

¡Unas gafas de sol!, exclama quedamente el hombre
mientras a su lado florece una gran rosa gris de palomas
apiñadas en torno a un pedazo de pan en el suelo.

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