Fotos, coplas y poemas para despedir el año (II)

La Edad Media se espejea en el juego del contraste. Lo sagrado y lo profano se muestran a la par, como anverso y reverso de una moneda. Y lo serio no deja de proclamarse a risotadas: “ridentem dicere uerum” proclamaba Horacio (Sátiras, I, 1, 24) y sus ecos resuenan por todo el Medioevo, a pesar de la demonización a que sometió la risa la facción agelasta del catolicismo imperante. Cómico y trágico, religioso y laico, llanto y risa a menudo son inseparables en el imaginario medieval porque se ha experimentado una clara ruptura con la teoría clásica de los estilos. Esto supone la invasión del estilo humilde, vinculado a la comedia, en la zona más sublime del pensamiento. Y es que la tradición retórica cristiana estimula la mixtura jocosidad-seriedad como eficaz procedimiento para la instrucción doctrinal
Envidiando la suerte del Cochino,
un Asno maldecía su destino.
«Yo, decía, trabajo y como paja;
él come harina, berza y no trabaja:
a mí me dan de palos cada día;
a él le rascan y halagan a porfía».
Así se lamentaba de su suerte;
pero luego que advierte
que a la pocilga alguna gente avanza
en guisa de matanza,
armada de cuchillo y de caldera,
y que con maña fiera
dan al gordo cochino fin sangriento,
dijo entre sí el jumento:
Si en esto para el ocio y los regalos,
al trabajo me atengo y a los palos.
Fábulas de Samaniego
Moraleja: No envidies la vida de los demás porque no sabes su realidad. Vive la tuya y disfruta cuanto puedas. Siempre puede ser peor.
