Fotos, coplas y poemas laguneros. «Serenata Inutil». Manuel Verdugo Bartlett (1878-1951)

Manuel Verdugo, a quien se ha calificado como “mago del verso”, fue un hombre excéntrico y genial. Su poesía es densa, musical y, con frecuencia, irónica. Su publicación más importante lleva el título de Estelas, (1922) un libro de plenitud y madurez que le coloca entre los mejores poetas españoles de su época y donde más claro deja traslucir o presentir la complejidad del pensamiento-sentimiento del poeta. Sus sonetos son unánimemente reconocidos como auténticas obras de arte.

Para María Rosa Alonso nos proporciona una atinada visión del talante artístico de este gran poeta y figura señera de la vida cultural de la ciudad de La Laguna:

“Elegante y sobrio en la expresión, de buen oído rítmico, heredó de Bécquer una fina melancolía, que el positivismo irónico de Campoamor y de Bartrina le hizo diluir en pinceladas encubiertas por una impasibilidad de mármol más o menos frío, aprendida con los parnasianos y adobada con precauciones por el condimento modernista”.

SERENATA INÚTIL

ANTE la reja bañada
por el resplandor lunar,
una voz apasionada
así comenzó a cantar:

<<Tus ojos me condenaron
a no ser libre jamás;
me sedujo su misterio,
su inquieta profundidad.

Son tan suaves y tan claros,
que en su límpido mirar
irradian toda la gloria
de un cielo primaveral.

Algunas veces los nubla
secreta sombra fugaz,
celajes de algún recuerdo,
de una quimera quizá;

entonces muere su brillo
cual rayo crepuscular,
y su caricia es tan triste
como una tarde otoñal …

Ojos de místico encanto,
infiernos para mi afán,
miniaturas adorables
de un océano ideal:

Al imperio de la Muerte
vuestro imperio retará …
¡Aun para siempre cerrados
seríais mi talismán!

Yo, que soy vuestro cautivo,
¿qué he de hacer sino cantar
vuestra lírica belleza
sin pediros libertad? … >>

(Aquí hace pausa el cantor;
mira a una nube de plata…
Luego con brío mayor
prosigue la serenata.)

<<Ojos verdes…la quimera
que Bécquer amaba tanto…
Si un angel no los luciera
harian pecar a un santo.

Ojos verdes, inquietantes,
estáis llenos de misterio
como esas luces errantes
que rondan el cementerio.

Verdes pupilas, más bellas
que joyas esplendorosas,
si ríe la luz en ellas
·como en las piedras preciosas.

Sois tristes y sois risueños
faros de mis ideales…
¡En el mundo de los sueños
sólo he visto otros iguales!

¡Oh, divinos ojos claros,
en pie junto a la ventana,
para poder contemplaros
esperaré la mañanal!>>

Y la voz siguió cantando;
el dia, por fin, llegó;
los verdes ojos se abrieron;
pero la ventana… no.

También te podría gustar...