Fotos, coplas y poemas. A la Memoria de Teobaldo Power. José Tábares Bartlett (1850-1921)

teobaldo power 1

Teobaldo Power y Lugo-Viña (Santa Cruz de Tenerife, Tenerife, 6 de enero de 1848 – Madrid, 16 de mayo de 1884). Compositor tinerfeño que es, entre otras obras, autor de los célebres Cantos Canarios.

Biografía: Descendiente de comerciantes irlandeses y de padre militar, destaca desde muy joven por su extraordinaria habilidad frente al piano y como compositor. Fue un niño prodigio capaz de sorprender a los intelectuales de la época. En 1858 se traslada a Barcelona, en donde es discípulo del compositor Gabriel Balart. Cuatro años más tarde se traslada a París para realizar sus estudios musicales de piano con Marmontel y de Armonía con Elwart, que concluye con tan sólo 18 años.1 Desde entonces comienza su meteórica carrera que lo hará pasar por Tenerife, Gran Canaria, Cuba, Madrid, Lisboa, Madeira, Málaga. Entre estos viajes y debido a su delicada salud pasa una temporada en su Tenerife natal, concretamente en el pueblo de Las Mercedes (San Cristóbal de La Laguna), donde compone los Cantos Canarios, trascendental e irreemplazable texto musical en la cultura canaria, que recoge fragmentos de los más famosos aires populares de las Islas y adapta a la música clásica con gran acierto. El estreno de esta obra se produce en agosto de 1880, momento desde el cual se erige como todo un símbolo de la identidad musical de Canarias. De ahí, que actualmente se establezca como Himno de la Comunidad Autónoma de Canarias la melodía correspondiente al Arrorró de los Cantos Canarios de Teobaldo Power.

En el año 1882 se presenta, casi simultáneamente, a la prueba de oposición como profesor numerario de la Escuela Nacional de Música y Declamación de Madrid, y a la de 2º Organista de la Capilla Real. Consigue las dos plazas que, en aquel momento, eran las dos más codiciadas del país.2

Murió con tan sólo 36 años aquejado de tuberculosis, una muerte prematura que le sobrevino en la plenitud de su vida como creador, concertista y pedagogo.

Cantad, llorando,
vates isleños,
la infausta nueva:
¡Teobaldo ha muerto!
Lanzen las liras
tristes concentos,
y alzad los ojos
al ígneo cielo.

Que en ese espacio
que todos vemos,
vive la musa,
palpita el genio
de la armonía,
del sentimiento,
la mejor gloria
de nuestro suelo.

El ya no tiene
notas ni arpegios,
ni ni melodiosos
suaves remedos
las dulces auras
de nuestros cerros:
que nuestros montes
de voces llenos
y nuestras playas
enmudecieron.
Sí: los sonidos
del ventisquero
y los rumores
del ágil cierzo
y la corriente
del arroyuelo,
y las endechas
del mar inquieto
y todo cuanto
produce un eco,
todo vibraba
bajos sus dedos.

Naturaleza
viste de duelo;
triste murmura,
¡Teobaldo ha muerto!
¿Cuál fué su vida?
¿Su derrotero?
Vagar errante
de pueblo en pueblo,
recoger lauros
eu el proscenio,
ir tras lo hermoso,
tras de lo bello,
y en una tumba
descansar luego.
¡Esa es la gloria!
¡Ese es el genio!
Cuando el teclado
Power moviendo
vertía raudales
de sentimiento,
¡ah! semejaba
ósculos tiernos,
leves suspiros,
gratos acentos,
tan apagasos…
ténues, ligeros,
cual los murmurios
que desde lejos
trae en sus alas
el sutil céfiro.
¡Qué gran contraste!
¡Poder supremo!
Cuan fácilmente
cambiaba luego
blandos acordes
en grave estruendo!
El desquiciado
derumbabamiento
de todo un mundo,
del Universo,
parecía oírse
súbito, presto,
en el arranque
del instrumento.
Y ya no suena
bajo sus dedos,
porque Teobaldo…

¡Teobaldo ha muerto!
Murió el artista:
pero su excelso
laureado nombre
lo guarda el tiempo,
como los labios
guardan el beso,
que, aunque invisible,
palpita en ellos.
Y el Teide cano,
titán inmenso,
nos sirve á todos
de mensajero.
Nn los efluvios
de su ancho seno
lleva á Teobaldo
nuestro recuerdo;
y él nos envía
del firmamento
para cantarle
del arte el estro;
mientras natura
viste de duelo
y exclama triste:
¡Teobalilo ha muerto!

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