Fotos, coplas y poemas. La Esperanza. José Tábares Bartlett (1850-1921)

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La Esperanza finales del siglo XIX

Composición leída en la velada literaria verificada en el teatro de Santa Cruz de Tenerife á beneficio de las victimas de la Esperanza, con ocasión de la epidemia variolosa, en la noche del 26 de Febrero de 1858.

Existe un viejo lugar,
como su nombre, risueño;
vistoso, pobre y pequeño,
á las faldas de un pinar.

Son humildes sus hogares;
que sus viviendas escasas,
las forman exiguas casas
entre múltiples pajares.

Sencilla gente lo puebla;
el sol le abrasa en Estío,
y el invierno húmedo y frío
cúbrele siempre de niebla.

Sus rústicos moradores
en aquel sitio silvestre
viven la vida campestre
que viven los labradores.

Cuida un año y otro año
con solicitud avara,
el porquero su piara
como el pastor su rebaño.

Y la huerta, la heredad,
cultiva con noble empeño,
asiduamente su dueño
en aquella soledad.

Refiere la tradición,
sino es infiel mi memoria,
como unido á nuestra historia
va el nombre de esa región.

Cuando Fernández de Lugo
con su valerosa grey
á Bencomo, el guanche-Rey,
someter quiso á su yugo, ‘

vióse en la lid tan perplejo,
que emociona todavía
la jornada de aquel día
al pronunciar ¡Acentejo!

Fué su tropa tan diezmada
en la formidable lucha
que su gente brava y mucha
se redujo casi á nada.

Los que de aquesta refriega
para contarla quedaron
sin rumbo se dispersaron
por el monte y por la vega.

Los que vencidos subieron
del monte á la cima ingente,
y por la opuesta pendiente
de la cumbre descendieron,

tras de la grave jornada,
tras de la infausta derrota,
vieron, desde allí, la flota
columpiándose en la rada.

Fatigados, y mal trechos,
sienten en tal ocasión
palpitar su corazón
á la esperanza en sus pechos.

Y al tornar la confianza
á sus almas doloridas,
al ver ya en salvo sus vidas,
exclamaron: «¡Esperanza!»

Desde entonces, no os asombre,
lleva el lugar mencionado
en tal motivo inspirado
tan amantísimo nombre.

Hoy cubren de amargo duelo
por designios de la suerte
los horrores de la muerte,
la comarca de aquel suelo.

El labriego en la cabaña
sufre azote tan atroz,
que ha remplazado á su hoz
la mortífera guadaña,

y el gañán que ayer solía
lanzar su gozoso canto,
hoy vierte abundoso llanto
modulando una elegía.

Mas, vistiendo ricas galas,
con excelsa magestad
radiante la Caridad
despliega sus dulces alas;

y con mano generosa
que mueve impulsos divinos,
socorre á esos campesinos
en su aflicción espantosa.

¡Feliz quien siente y alcanza
sacra virgen tu influencia;
tú llevas á la conciencia
el amor, con la esperanza!

A tu pronto llamamiento,
responde con noble brío
con su óbolo el pueblo mío
desbordado en sentimiento.

Esa dádiva que emplea
en quien gime, y sufre, y llora,
sea nuncio de grata aurora
del porvenir que desea.

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