Fotos, coplas y poemas a La Laguna en otoño: La calle de Viana, en La Laguna. Felipe Baeza Betancort

La calle de Viana, en La Laguna

Así cayó la noche por mi calle,
igual que una violeta que desciende.
Mi calle era un silencio en los tejados
y niños que cantaban en la tarde.

Había una tristeza en las aceras
y algún doblar campanas a las nueve,
ventanas clausuradas desde siempre
y aquel lejano aroma de glicinas.

Mi calle eran muchachas para misa,
y el viento alrededor de las esquinas;
la lluvia en los cristales cuando octubre
colgaba su penumbra en los aleros.

Hay pájaros antiguos como sombras
de cuando por mi calle estaba invierno;
mañanas con olor a pan reciente,
que a veces era un cielo con palomas.

A veces era el alma más despacio si noches,
derramando plenilunios,
manchaban infinitos con estrellas.
Y siempre esta tristeza color malva.

Qué lenta la caída de la tarde
soñando por las tapias del convento.
Dejadme con mi calle y sus recuerdos,
que aún conservan musgo entre las piedras.

Vieja calle de Viana, con baldosas
pulidas por la lluvia y el silencio,
o un aire que llegaba desde el campo
trayendo primaveras de amapolas.

Recuerdo tardes últimas con luna,
y noches, cuando agosto, tan estrellas.
Decidme si mi calle no es el llanto
del viento de noviembre azul nocturno.

Mi calle era aquel sol de los domingos,
que todo lo llenaba de campanas;
las tardes de verano y su blancura
o aquel letargo inmenso en las paredes.

Decidme si mi calle es un camino
desierto hacia el silencio y hacia nunca;
decid si quedan niños olvidados
al borde de una tarde que se acaba.

Decidme si habéis visto por mi calle
cruzar una muchacha con sonrisa,
y volvedme a contar aquella historia,
que luego fue la música del viento.

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