Fotos, coplas y poemas. A La Laguna del Cristo. Mateo Alonso del Castillo y Pérez (1847-1931)

Carlos García cuenta en un artículo titulado Las fiestas del Cristo de La Laguna que: Desde casi el comienzo de la presencia de la imagen del Cristo en la isla, esta realiza procesiones a través de la misma.
En tiempos de sequías, como por ejemplo en 1562, se acuerda por el Cabildo de Tenerife sacar a la imagen en procesión lo mismo que ocurre con la Virgen de Candelaria. Esto se repite en 1556, 1571 y 1577.
En 1585 fue llevado el Cristo a la iglesia de Los Remedios, Hoy Catedral, para interceder ante una plaga de langostas. De la misma manera, en diferentes epidemias fueron realizadas procesiones por las calles de la ciudad de La Laguna.
Pero no solo en estas circunstancias salía el Cristo lagunero en procesión. También para rendir culto al Santísimo, nos cuenta Quirós, el Cabildo eclesiástico de los Beneficiados y otros del clero, hicieron asiento con los franciscanos del convento, para que el día de la Exaltación de la Cruz (que es el 14 de septiembre y se celebra la fiesta del Santo Crucifijo), saliese por las calles mas principales de la ciudad en procesión, y que todos le acompañen juntamente con los religiosos.
Desde entonces deriva la costumbre de sacar en procesión al crucificado en el día de su fiesta, aunque la llamada “Procesión del Retorno”, que es la que tiene lugar al mediodía del día principal de las fiestas, es una aportación más moderna y novedosa, de pocos años, con la que el Cristo regresa a su Santuario tras haber permanecido durante varios días en la Iglesia Catedral recibiendo el culto popular de su ciudad.
Y finaliza la fiesta principal de nuevo con una procesión, ésta vez nocturna, visitando los conventos de Santa Clara y Santa Catalina y la iglesia de La Concepción, para volver a su plaza, el “Patio del Cristo”,donde se echa de menos por los más viejos el templete de madera , y donde a su llegada, se quemarán las ruedas, cascadas y cohetes, primero en “El Risco” y luego los que se denominan de “La Entrada”.
A La Laguna del Cristo
Es el Cristo tu estandarte,
le aclamas por rey y tu señor,
le invocas en el día de dolor
y pruebas te da de mucho amarte.
Puedes en su bondad siempre fiarte
y darle tiernas muestras de amor;
El premia el fervor;
¡haces bien, patria mía, en ufanarte!
Esclava de tal dueños te proclamas,
ciudad ilustre de preclara historia,
de La laguna el Cristo tú le llamas.
¡Nunca apartes su faz de la memoria!
ese dolorido que tanto amas,
llena en ancho universo con su gloria.
