Fiestas y Romería Regional de San Benito Abad 2024: El Pino «Una devoción compartida» (I)

Gustavo A. Trujillo Yánez

Universidad del Atlántico Medio

 

Durante toda la Edad Moderna (particularmente durante los siglos xvii y xviii) la advocación de la Virgen del Pino, al igual que el resto de patronas y patronos insulares, fue objeto de especial devoción entre los habitantes de Gran Canaria, y, de manera particular entre los parroquianos del lugar de Teror. Esta circunstancia, lógica por otra parte, se manifestó a través de la difusión de los relatos de milagros o prodigios atribuidos a la talla, en la multiplicación de su imagen en forma de pinturas y grabados, en las donaciones (en dinero, especie y objetos litúrgicos) y en el pago de promesas y de misas aplicadas a la patrona por sus fieles más inmediatos. Ello no impidió que en la iglesia parroquial de Teror, hasta bien avanzado el siglo xviii también recibieran culto otras advocaciones marianas como las de la Virgen de la Encarnación, del Rosario y de la Candelaria, que además contaron con sus respectivas cofradías.

Aunque en menor medida que la Virgen de Candelaria, la imagen del Pino de Teror también traspasó sus límites parroquiales para cautivar los corazones del resto de pobladores de las islas, y de manera particular de los habitantes de Tenerife, quienes llegaron a protagonizar algunos de sus milagros. Este fue el caso de Domingo García Tumbalobos, vecino de La Orotava, a quien se cita en l684. Domingo no solo fue testigo de la caída del pino que dio nombre a la patrona de Gran Canaria (ocurrida el 3 de abril de ese mismo año) sino que también se vio beneficiado por el poder curativo de la resina del Pino Santo, tras resultar herido mientras trabajaba en su oficio de aserrador:

Y dijo que estando esta semana pasada trabajando con una barra, que arrancando una toza de madera se llevó un pedazo del dedo gordo de la mano derecha y que se hinchó mucho la mano. Y pidiendo a la Virgen para poder ganar su vida mandó coger una poquita de resina del Pino y se la puso. Y que luego se le deshinchó y no sentía dolor, como si no hubiera tenido nada, y ha vuelto a su trabajo[1].

El suceso de Domingo García no fue excepcional, pues son numerosos los testimonios que acreditan el poder curativo de esta resina, empleada a modo de parche o emplasto, en el tratamiento de tumores, cortaduras, heridas y dolores musculares. Las piñas del «Pino Santo» también tuvieron fama de milagrosas, tanto por sus propiedades medicinales como por su condición de amuletos o reliquias. En el referido año de 1684, el octogenario Francisco Albarianes declaró sobre estas que «es común entre él y otros, que molidas y tomadas en polvos con agua o vino, han sanado a muchos de calenturas». Fray José de Sosa, en su Topografía (1678) hace alusión a la costumbre de engastar las citadas piñas en oro o plata, así como de su facultad para librar a sus poseedores de «muchas enfermedades, riesgos y peligros». Desde su estancia en Tenerife, el obispo Bartolomé García Ximénez recibió de manos del párroco de Teror, una «cajita» con varias de estas piñas, tras la mentada caída del árbol. Años después, el propio prelado remitió algunos de estos frutos, junto con unas medallas de la Virgen de Candelaria, al licenciado don Juan Pinto de Guisla, visitador general de La Palma, y a su correspondiente en Roma, don Jorge Solaya, sabedor de su fama y propiedades milagrosas.

En la propia isla de Tenerife, la Virgen del Pino de Teror tuvo representación plástica en algunas casas de particulares y recintos sacros, en las que fue objeto de veneración. En varias referencias notariales procedentes del Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, la imagen del Pino siempre figura junto a otras de su homóloga candelariera: en 1722, María García Cabrera, vecina de Santa Cruz de Tenerife, declaró en su testamento poseer en su casa dos «láminas» con las «hechuras» de Nuestra Señora de Candelaria y de Nuestra Señora del Pino[2]. Igualmente, en la declaración del entierro Bárbara María Machado, hecha en 1777, salieron a relucir sendos cuadros de la Virgen del Pino y de la Candelaria[3]. Precisamente, ambas titulaciones marianas son las protagonistas de una pequeña plancha sobre cobre, procedente de una colección particular de Tenerife, atribuida a algún taller canario en torno a 1700, en las que aparecen pintadas por ambas caras las veras efigies del Pino y la Candelaria[4].

[1]1 Trujillo Yánez [2012], pp. 133-134.

[2] Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife (en adelante, AHPT): Sección histórica de protocolos notariales, 1578, escribanía de Domingo Cabrera, ff. 297v-302v, 15/4/1722. Esta y el resto de las referencias procedentes de este archivo han sigo gentilmente proporcionadas por Carlos Rodríguez Morales, a quien agradecemos el gesto.

[3] AHPT: Sección histórica de protocolos notariales, 149, escribanía de Domingo Quintero Párraga, ff. 171r-174r, 4/11/1777.

[4] Fuentes Pérez [2001].

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