Fiestas de Verano: Hoy recordamos aquel Bajamar turístico del pasado siglo XX. Por Julio Torres Santos

Bajamar recibe esta denominación debido a las características de su costa, baja en un determinado sector, en relación con el resto de la zona.

Bajamar se asienta sobre una colada lávica subreciente, cubierta por abundantes materiales de derrubio, procedentes del antiguo acantilado costero, que se encuentra en la parte alta de la costa lagunera.

La población que trabajaba como asalariada en las fincas próximas y algunos pescadores iniciaron el poblamiento de la zona, junto a la margen izquierda de la desembocadura del Barranco de San Juan, aglutinándose en torno a la ermita de Jesús del Gran Poder.

Sin embargo, las especiales condiciones climáticas de Bajamar, con inviernos muy templados y veranos refrescados por las brisas y los alisios, así como su calidad paisajística, hicieron que en torno a la década de 1930 se convirtiera en lugar de veraneo de algunos vecinos del municipio. Se inició entonces el acondicionamiento de su litoral para el baño: se construyeron pequeños muros de protección contra el frecuente oleaje en los charcos y caletas, que acabaron convirtiéndose en «piscinas naturales», cuya agua se renueva con la sucesión de las mareas.

La iniciativa pública ha continuado este proceso de mejora hasta la actualidad, construyendo y remozando en varias etapas un conjunto de piscinas y una serie de instalaciones complementarias para los bañistas y el ocio, así como un pequeño dique de protección para la playa.

De esta forma, a finales de 1950 se inicia el desarrollo turístico de la zona, construyéndose hoteles, edificios de apartamentos y urbanizaciones (algunas tan conocidas como La Vernetta -la primera-, Monte Mar o El Riego), que determinan que la expansión urbana se desarrolle en todas direcciones, pero siempre reservando la fachada marítima como zona recreativa.

Pero la Crisis turística de 1973 paralizó, hasta el momento el desarrollo turístico de Bajamar, de tal forma que los tres hoteles más importantes abandonaron su actividad, con ello el turismo de corta estancia casi desaparecido de Bajamar, subsistiendo únicamente el de períodos largos y residencial de jubilados, de carácter más o menos permanente. En sentido cabe apuntar un dato relevante: de 295 habitantes de hecho en 12.950, se ha pasado a 1358, en 1991 aunque los derechos son sólo 907.

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