Fiestas de enero: Advocación de «San Antón» o «San Antonio de Enero»

Bajo la advocación de «San Antón» o «San Antonio de Enero», honra el pueblo en muchos sitios a un santo que es mezcla de otros dos: San Antonio Abad, eremita del siglo IV y San Antonio de Padua, fraile franciscano del siglo XIII. y digo que honra a dos santos bajo la advocación de uno, porque el pueblo en muchos sitios no los distingue, y habla de un San Antonio de Enero al que asocia la protección de los animales, y un San Antonio de Padua cuyo responsorio es «mano de santo» para obtener lo imposible, para encontrar lo perdido. También San Antonio de Padua es invocado para conseguir un/a buen/a novio/a.
Estos papeles específicos que el pueblo ha adjudicado a cada uno de los dos santos, el pueblo mismo se encarga de alterarlos. Por ejemplo, en el Bierzo -donde existen oraciones para proteger los ganados en las que se invoca textualmente a San Antonio de Padua-, muchos pueblos, donde se rezan estas oraciones, celebran una fiesta dedicada a «San Antonio» que es el 17 de enero, no celebrándola el 13 de junio o haciéndolo con otro carácter totalmente distinto. En la Tierra de Campos el día de San Antón los mozos, en sus refranes, acostumbran a pedir una buena novia; esta costumbre también la he encontrado en La Maragatería.
El motivo de confusión de estos dos santos puede estribar en el hecho de tener el mismo nombre y que además sean los dos afamados milagreros, pues si el de Padua -como hemos dicho- es el «abogado de imposibles», el pueblo se lo pone más difícil todavía al Abad, a quien en algunos casos la tradición hace guardián de las puertas del infierno, de donde deja salir de vez en vez a algún condenado cuando el demonio se despista. Esto, que aparentemente es un caso que va contra el dogma, dice mucho, sin embargo, acerca de la confianza que ha puesto el pueblo en los poderes de San Antonio Abad.
San Antón, también conocido como San Antonio Abad o San Antonio el Magno, vivió retirado en el desierto haciendo penitencia. Junto a él llegaron varios discípulos que continuaron su ejemplo; poco después .de su muerte, uno de estos seguidores escribió su vida; es la «Vita Antonii» de San Atanasio. La vida de Antonio adquirió pronto tal difusión que en tiempo de San Agustín (nacido dos años antes de morir el santo) era conocida en amplios sectores. Este santo fue tenido desde el primer momento como milagroso, pero hasta mucho más tarde no se le encomendó la tarea de proteger a los animales.
En el siglo XI comenzó a adquirir fama de sanador de una enfermedad entonces en boga y -a lo que parece- difícil de curar que era el llamado «fuego de San Antonio». Los aquejados de esta dolencia iban en peregrinación a la iglesia de «Saint Antoine de Viennois», donde se encontraban las reliquias del santo. Como eran muchos los enfermos que había por atender, se fundó una congregación religiosa a tal efecto, los «Antonianos», que atendían a los pacientes en un hospital contiguo a la iglesia. Parece ser que los religiosos, para sustentar a tantos enfermos como llegaban, compraban cerdos, que eran alimentados por los fieles en general; estos cerdos especialmente dedicados al santo tenían colgados del cuello una campanilla con la cruz en forma de «tau» que era símbolo de San Antón. Los animales dedicados al santo, comenzaron a estar especialmente protegidos por él, y pronto este favor se extendió a otras especies, con lo cual el eremita pasó a ser abogado de todos los animales.
Otras tradiciones afirman que San Antón comenzó a ser abogado de los animales desde que una vez curó a un cerdo enfermo; la fama obtenida como «sanador de cerdos» se extendió posteriormente hasta convertirle en protector de todas las bestias domésticas.
Las tallas, pinturas y grabados que se conservan del santo, siempre nos le muestran con un cerdo a los pies. Respecto a la representación del cerdo junto al eremita, existen otras versiones: puede ser que el cerdo represente a los animales que el santo ampara, pero también que en el cerdo esté encarnado el demonio, quien, después de haber sido vencido por el santo, fue condenado a seguirle fielmente bajo la figura de aquel animal. Esta última versión recoge las más viejas tradiciones de la Antigua Iglesia, heredadas del judaísmo, según las cuales, los cerdos, animales prohibidos e inmundos para los judíos, son morada de demonios.
San Antonio de Padua (7) es un franciscano nacido en Lisboa, pero que recibe este sobrenombre por el gran número de milagros que hace en Padua. Su fama de taumaturgo llegó muy pronto al pueblo y de la mano de la orden franciscana, se extendió rápidamente por toda la cristiandad. La reputación de milagrero que consiguió entre el pueblo, hizo que éste pusiese en manos de San Antonio todos los casos apurados y difíciles entre los cuales estaría también la curación de animales domésticos. Dos santos con el mismo nombre, que hacen milagros parecidos, no podían estar por mucho tiempo disociados en la mentalidad popular, y así se llegó a crear una sola figura con retazos de dos.
Pero si el pueblo confunde las posibilidades taumatúrgicas de sus devociones, no confunde sin embargo sus representaciones iconográficas, puesto que a la figura imberbe del franciscano, contrapone la barbada del Abad. Los que estudiaban «pa sacristanes» en los pueblos, aprendían esta primera regla de oro para distinguir los dos santos: «Si tiene barbas, San Antón…».
