Feria del Libro de La Laguna. Por Juan Pedro Rivero González

La Feria del Libro vuelve a convertir estos días a La Laguna en un lugar de encuentro alrededor de algo aparentemente sencillo: leer. Entre puestos, autores, presentaciones y conversaciones, el libro recupera por unos días una visibilidad especial en medio de una sociedad en la que cada vez recibimos más información, pero no siempre disponemos del tiempo ni de la atención necesarios para detenernos a comprenderla.

Porque leer es mucho más que descifrar palabras. Podemos hacerlo sobre el papel o en una pantalla; podemos encontrarnos ante una novela, un ensayo, un poema o un relato. El soporte ha cambiado muchas veces y probablemente seguirá cambiando. Lo verdaderamente importante permanece: la extraordinaria experiencia de entrar, a través de las palabras, en un mundo que inicialmente no era el nuestro y permitir que ensanche nuestra manera de mirar.

Por eso el libro ha sido y continúa siendo una magnífica escuela. Escuela de curiosidad, porque nos enseña a preguntar por aquello que desconocemos. Escuela de asombro, porque descubre dimensiones de la realidad ante las que quizá habíamos pasado muchas veces sin detenernos. Escuela de imaginación, porque nos permite recorrer lugares en los que nunca estuvimos, vivir otras épocas y contemplar el mundo desde los ojos de personas muy diferentes a nosotros.

Pero la lectura es también una escuela de humanidad. Quien lee aprende, de alguna manera, a salir de sí mismo. Conoce otras vidas, otros sufrimientos, otras esperanzas y otras formas de comprender el mundo. La literatura puede desarrollar la empatía; la historia nos ayuda a comprender de dónde venimos; la filosofía nos obliga a preguntarnos por qué pensamos lo que pensamos; la ciencia despierta el deseo de conocer cómo funciona la realidad. Un buen libro no ofrece solamente información: puede contribuir al desarrollo integral de la persona.
Tal vez por eso educar en la lectura sea hoy especialmente importante. No se trata solamente de conseguir que nuestros niños y jóvenes lean más páginas. Se trata de ayudarles a experimentar el placer de descubrir. Una educación que despierta preguntas, curiosidad y asombro prepara mejor para la vida que aquella que únicamente proporciona respuestas. Quien descubre el gusto por leer recibe una herramienta que podrá acompañarlo durante toda su existencia.

Hay una hermosa expresión referida a la Biblia que puede extenderse, en cierto sentido, a toda gran experiencia de lectura: hay libros que no solo los leemos nosotros; también ellos terminan leyéndonos a nosotros. Porque algunas páginas nos interrogan, nos descubren, nos incomodan o ponen palabras a sentimientos que no sabíamos expresar. Quizá ahí reside una parte del pequeño milagro que celebra cada Feria del Libro: abrimos un libro pensando que vamos a descubrir algo en sus páginas y, algunas veces, cuando lo cerramos, descubrimos que hemos comprendido algo nuevo sobre nosotros mismos.

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