Esta noche tendrá lugar el duelo entre Doña Cuaresma y Don Carnal: la eterna batalla entre el placer y la penitencia

Cada año, cuando el calendario avanza del bullicio del carnaval al recogimiento de la Cuaresma, se reactiva una vieja historia que viene de la Edad Media: la lucha simbólica entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Estos dos personajes, popularizados en el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita, siguen siendo hoy una poderosa metáfora del conflicto entre el exceso y la moderación, entre el disfrute del cuerpo y la disciplina del espíritu.
Don Carnal encarna el mundo de la fiesta: la carne, el vino, los banquetes y la risa. Es el rey del carnaval, el momento del año en el que todo parece permitido y las normas se relajan. Frente a él aparece Doña Cuaresma, figura austera que representa el ayuno, la penitencia y el control de los deseos. Su llegada marca el fin de los excesos y el comienzo de un tiempo de reflexión y contención.
En el Libro de buen amor, escrito en el siglo XIV, el Arcipreste de Hita convierte este enfrentamiento en una auténtica “batalla” literaria, narrada con humor y sátira. Primero triunfa Don Carnal, rodeado de abundancia y alegría, pero su victoria es pasajera. Con el cambio de tiempo litúrgico, Doña Cuaresma toma el poder y lo derrota, imponiendo un nuevo orden basado en la abstinencia y la disciplina.
Más allá del contexto religioso medieval, esta historia sigue teniendo una sorprendente vigencia. La oposición entre ambos personajes refleja una tensión universal: el deseo de disfrutar sin límites frente a la necesidad de poner freno y buscar equilibrio. En la sociedad actual, marcada por el consumo rápido y la cultura del exceso, la figura de Don Carnal podría reconocerse en la publicidad, en las celebraciones constantes o en la búsqueda inmediata del placer. Doña Cuaresma, en cambio, recuerda la importancia de la pausa, el autocontrol y la reflexión.
La genialidad del Arcipreste de Hita está en no presentar esta lucha como algo completamente cerrado o definitivo. No se trata de que uno deba ganar para siempre. El ciclo se repite: tras la Cuaresma vuelve la fiesta, y después de la fiesta, de nuevo la contención. Así, la obra propone una visión irónica y profundamente humana de la vida, donde el equilibrio entre disfrute y moderación parece ser la clave.
Hoy, siglos después, Don Carnal y Doña Cuaresma siguen “combatiendo” en nuestro día a día. Tal vez no con armaduras ni ejércitos, pero sí en cada decisión entre el exceso y la mesura, entre el impulso y la reflexión. Y en esa batalla cotidiana, como en la literatura medieval, no siempre hay un vencedor definitivo.
