Especial visita de la Virgen de Candelaria: La antigua imagen de la Virgen de Candelaria (y III)

Abreu y Galindo ofrece una descripción bastante sucinta, si bien nos interesa destacar que «la intitularon Virgen de Candelaria por la candela verde que tiene en la mano».

En cuanto a la interpretación de tan misteriosos letreros, las dimensiones de este artículo nos impiden relatarlas, pues todos los autores (y son muchos) dan una versión diferente. A quien interése, pues, remitimos a la importante obra de M» Jesús Riquelme.

Esta Imagen permanecería en su Templo hasta la noche de 7 de noviembre de 1826. Ese día se levantó un fuerte temporal de viento y lluvias torrenciales que, entre otras nefastas consecuencias, arrasaría el Templo, llevándose con él la Venerada Imagen. Así, la creencia popular de que fue llevada por el mar no es del todo cierta, pues sería una riada la causante de esta pérdida.

Rodríguez Moure cuenta que estos temporales eran frecuentes en Tenerife, pero en el de 1826 «fue tal la magnitud de sus estragos, que se reputa por el mayor de los ocurridos después de los tiempos de la conquista». Citando a F. Martínez de Fuentes dice que en este aluvión «perecieron 261 personas, 1.080 cabezas de ganado mayor y menor, 344 casas, 16 puentes, 8 acueductos, 10 molinos, 3 castillos, 3 templos y 3 buques de alto bordo, y las pérdidas en más de 7.000.000 de pesetas».

En 1691, el general Conde de Eril había desviado el curso del barranco que pasa por la puerta del Templo de Candelaria (nuestro soporte gráfico muestra el cauce de ese barranco a las puertas del Templo), cerrando el cauce con un dique y abriendo otro nuevo que llevaba las aguas por detrás del cerro de la Cueva de S. Blas. El cauce antiguo empezó a ser paulatinamente ocupado por viviendas y vegetación. En la noche del temporal, el aluvión obstruyó el cauce artificial y el dique no pudo resistir el ímpetu de la corriente, cediendo y «precipitándose con furia devastadora las aguas reembalsadas (…).
La masa, obrando sobre la pared del fondo donde estaba colocada la Sta. imagen, la derribó, llevándose la estimada reliquia al cercano mar junto con los escombros de los techos y paredes de parte de la Capilla y del Castillo».

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