Especial Navidad y Reyes 20-21: Aquellas Noches Buenas laguneras

El 24 de diciembre desde las nueve de la noche, las calles se quedaban solas con el sereno y la humedad lagunera. Los bares y establecimientos cerraban. Por cerrar, lo hacían hasta los Waters públicos de la Plaza de la Iglesia de la Concepción.

Esa noche se reunía en una de las casas TODA LA FAMILIA, para la suculenta cena de Noche Buena.

La retirada de los platos podía llegar según hubieran truchas, pasteles, ñames; polvorones, turrón, mazapán y tortas de manteca horneadas en las panaderías cuando el calor del horno bajaba a media tarde; licores caseros de maceración o de esencias compradas en la droguería de Piñeiro, y mezcladas con almíbar “punto de hilo” colado con una media de señora. Si, por que en aquella Laguna de los sesenta existían buenos/as “químicos” que en sus cocinas fabricaban sus alcoholes dándoles un “toque” característico.

navidad premios belenes

Entrega de premios del concurso de Belenes 1966, recoge el Primer Premio Agustín Santana, un orfeonista de Pro, hace entrega del mismo D. Juan Hernández, otro lagunero de los que dieron su vida por la Ciudad, testigos del acto una de las hermanas de Zenón el fotógrafo y un joven Tomas Tejera entre otros.

Otra vez a cantar villancicos alrededor del portal de Belén de figuras de barro que se rompían con el menor golpe. Era costumbre ir a visitar los Belenes de los vecinos y amigos, y por lo tanto, te invitaban a una copita de anís y algún pastel que artesanalmente hacían nuestras madres, ¡que buenos estaban¡, ¡que bien sabían a canela y almendras¡, ¡iguales que los de hoy¡.

A las doce de la noche todos a la iglesia de la Concepción para oír la misa del gallo, ¡que de gentes! las mujeres con el clásico velo sobre la cabeza, los hombres enchaquetados y con los mejores ternos y gabardinas.

En la lagunera iglesia de la Concepción, la Misa del Gallo se anunciaba con repiques de campanas que comenzaban a las 11:30h de la noche del día 24, repitiéndose dos veces más a intervalos de quince minutos. A las 12:00h, en el camarín principal del altar mayor, aparecía un ángel, mientras unos pastores, vestidos con trajes (de mago) típicos, dormidos con sus corderitos y cabritos. Cuando finaliza el Misterio de la Anunciación a los pastores, se iluminaba el Niño Jesús que formaba parte del Nacimiento compuesto en el camerino y se hacia una representación de El Nacimiento en el Portal de Belén. A continuación, los pastores descendían al presbiterio y comunican al resto de los pastores la Buena Nueva. Entonces todos juntos subían al camarín para ofrendar sus dádivas al Niño; mientras, desde la nave, una gran rondalla interpretaba villancicos. Finalizada la ofrenda, un ángel recogía del pesebre al Niño y lo descendía, entregándoselo al oficiante. Éste, bajo palio, lo procesionaba por las naves de la iglesia, acompañado de los ángeles, los pastores y la rondalla. Al finalizar el recorrido, el oficiante depositaba al Niño sobre el altar. En este momento, desde el coro, comenzaban a avanzar ocho mujeres ataviadas de pastoras o magas, danzando el tajaraste, que era interpretado únicamente a ritmo de tambor y flauta. Al llegar al altar mayor, danzaban ante la imagen del Niño mientras comenzaban a cantar un villancico de origen desconocido:

Venid que es Nochebuena,
venid que es Navidad
venid a ver al Mecías
que hoy nace en pobre Portal.

El Dios que baja a la tierra
los hombres para enseñar
Él pasa y dice a los hombres
hoy nace en pobre Portal.
Suena la pandereta
ruido, más ruido,
porque las profecías
ya se han cumplido.

A continuación comenzaba la misa, en el Gloria, en este preciso instante comienzan a repicar las campanas. Al finalizar la ceremonia se invitaba a los asistentes a un pastel.

Después de la misa, las “parrandas de lo divino” (en la actualidad a la una de la madruga se reúne a los pies del árbol del Orfeón “La Jarca” que continúa con la tradición) recorrían las calles cantando y visitando hogares para solicitar un aguinaldo o simplemente alegrar la Navidad.

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