Es tiempo de Navidad: Memoria de las tradiciones y costumbres laguneras (VIII). Por Julio Torres Santos

Figuras de «Doña Candelaria» en el belén de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife.

«Nacimientos» laguneros (V)

Figuristas laguneras «Doña Candelaria», «doña Concha» y «las niñas de Solís»

Al valenciano Compañ  corresponden muchos de los elementos que decoran la fachada del Teatro Leal, como las máscaras o los elementos vegetales. También en el Leal realizó otros trabajos, como los “artísticos adornos que decoran la galería alta”, así como “cuatro motivos decorativos” por los que recibió cuarenta pesetas en 1916. En 1917 dirigía la “Academia de Modelado y Vaciado” de La Laguna, en la que recibían “instrucción gratuita los obreros laguneros. En esa Academia se formó doña Candelaria Bello.

Sin ningún género de dudas, esta artesana, nacida a finales del siglo XIX, fue quien mejor caracterizó a nuestros campesinos, plasmando con gran precisión sus vestimentas, para lo que recurrió incluso a telas encoladas. De sus manos salieron gran variedad de personajes: lecheras, pasteleras, turroneras, paveras, panaderas, campesinos en diferentes tareas o simplemente charlando…Quizá la atención al detalle, que plasma con pasmosa minuciosidad, sea su sello de identidad. Basta con observar el caracolillo (tipo Estrellita Castro) que lucen algunas de sus figuras femeninas, el siguemepollo, las franjas del chaleco masculino, la precisión con que se anudan los pañuelos… En todos los casos eran figuras de arcilla modeladas y pintadas a mano.

Doña Candelaria vivió en la calle de San Juan, ya en las proximidades de la ermita (en el antiguo nº 64); allí daba clases de dibujo y pintura, elaboraba sus figuras y también las vendía. Sus figuras traspasaron el ámbito estrictamente belenista, de manera que también se vendían como souvenires. Hace más de cien años que sus figuras empezaron a venderse en el bazar “Colón”, en Santa Cruz, que contaba con una sucursal en la calle Carrera de La Laguna.

Con este bazar competiría “La Estrella”, especializado en figuras en serie, adquiridas especialmente por los ruleteros, que promocionaron tales figuras por todos los pueblos de la Isla, de fiesta en fiesta; de modo que en 1931 anunciaba

PARA RULETEROS, revendedores, etc.- Se acaba de recibir un gran surtido de trabas, collares, pendientes, figuritas y otros objetos, a precios económicos. Platería y relojería «La Estrella», Clavel, 1, Santa Cruz.

Concha Sigú fue una de sus alumnas, aunque, dicho sea de paso, no llegó a la altura de su profesora

Concha Hernández Afonso, «doña Concha», fue alumna de doña Candelaria. Se dedicaba a la venta ambulante de periódicos, pero su afición por los belenes la llevó a dedicar sus ratos libres a modelar figuras para estos. En un principio las disfrutaba exclusivamente su familia, pero poco a poco su original trabajo y la minuciosidad de los detalles que sabía plasmar fueron transcendiendo los límites de su hogar para ser célebres en La Laguna. Así, con humildes y escasos materiales (básicamente yeso, plomo y pinturas al aceite) fabricaba una amplia gama de figuras para belenes, que vendía, encargándose incluso de restaurarlas cuando se deterioraban.

 «Las niñas de Solís»

María, Pilar, Candelaria y Amparo, hermanas del que fuera cura párroco de la Concepción, Antonio Solís, eran conocidas en La Laguna como «niñas de Solís». Vivieron en la casa parroquial de la Concepción, en la plaza de La Antigua (hoy Doctor Olivera), trasladándose posteriormente a la calle Obispo Rey Redondo. En realidad, no hacían figuras, sino que las vestían o las restauraban; refiriéndose, con humor, a esta última labor como «retobar». Si bien restauraban figuras de cualquier material, únicamente vestían las de porcelana: pequeñas figuritas de loza fina, de finales del siglo XIX o principios del siglo XX, que ataviaban con trajes típicos y que en la ciudad eran conocidas con el galicismo de «biscuit», pues estaban hechas del denominado «bizcocho cerámico», una cerámica compuesta por caolín, cuarzo y feldespato.

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