Es tiempo de Navidad: Memoria de las tradiciones y costumbres laguneras «Las Paveras» (y II) . Por Julio Torres Santos

Recreación de pavera entrando San Benito con su rancho de pavos. Diseño Julio Torres.
La llegada a La Laguna del rancho de pavos provocaba la algarabía general, pues rompía la monotonía diaria: las gentes se asomaban a verlo pasar y le daban de comer y beber para llamar su atención. Puesto que debían esperar hasta diciembre, las paveras buscaban una vivienda provisional, siendo las zonas preferidas y habituales San Lázaro y San Benito. En ésta última solían alojarse, bien en pajares de amigos, como los de don Victoriano Ravina, bien en cuadras, como las de los de ricos propietarios don Cirilo Hernández y don Virgilio Martín. Dichos hacendados también permitían que los ranchos se alimentasen en sus tierras, pues las limpiaban de insectos dañinos. A cambio de comida y alojamiento, las paveras colaboraban en las labores del campo. Hasta estas viviendas provisionales se desplazaban los que querían comprar sus pavos. En diciembre, si aún conservaban un considerable número de pavos, lo que no era habitual, se trasladaba, diariamente, desde La Laguna hasta los barrios más privilegiados de Santa Cruz, siguiendo el peligroso “camino de la Cuesta».
Las paveras en los Nacimientos laguneros
Las paveras llegaron a ser, pues, personajes entrañables de La Laguna. Ello unido a que la tradición importada de consumir pavo en Navidad se fue generalizando, justifica su presencia en los Nacimientos laguneros, desde donde se extenderían a los tinerfeños. En todos ellos aparecían representadas con su vestimenta característica, plasmada por Alfred Diston en (1824). Al pie de una ilustración que representa a una pavera de Icod el Alto podemos leer:
“La mujer que aquí aparece bosquejada es de las que obtienen su modo de vida cuidando pavos y llevándolos en manadas de 15 ó 20 al Puerto de la Orotava y a otros lugares para vender. Son sobrias en el vestir y aficionadas a la mezcla de colores chillones. Su sombrero de paja está adornado con pequeños trozos de tela (preparada para trenzar) y una cofia (toca), hecha de trozos de lino de fabricación casera, trenzados con gran esmero. Su mantilla es de bayeta amarilla inglesa, ribeteada de cinta azul”.
