Es tiempo de Navidad: Memoria de las tradiciones y costumbres laguneras (III). Por Julio Torres Santos

Parranda de «Lo Divino» en una misa de Luz en el callejón de las monjas Claras. Foto recreada por Julio Torres.

Los laguneros ranchos de «Lo Divino» (y II)

La primera referencia en la prensa al villancico «Lo Divino» corresponde a 1900, cuando por iniciativa del doctor Diego Guigou, se decide recaudar fondos «para construir un hospital destinado a niños pobres». La idea tuvo una excelente acogida en Santa Cruz y La Laguna, que se movilizaron de inmediato. Así leemos en la prensa que: «Un grupo de numerosos jóvenes entusiastas quiso contribuir, y se organizaron para hacer una colecta cantando «Lo Divino». Dirigía el grupo nada menos que Diego Crosa, «Crosita», el pintor, poeta, escenógrafo… en definitiva, un artista con mayúsculas.

Hablamos del villancico compuesto por Fermín Cedrés Hernández (cuya partitura original se conserva en el convento de Santa Clara de Asís de La Laguna, y una copia en el Orfeón La Paz), que plasmó en el pentagrama, con su impronta, sonidos de melodías populares, con reminiscencias pastoriles. Fermín Cedrés dirigía el Orfeón del Ateneo desde 1904, y seguía haciéndolo cuando pasó a denominarse «Orfeón La Paz», en 1918.

La rondalla y coro del Orfeón La Paz interpretando villancicos a los pies del árbol de Navidad de la plaza de la Concepción. La Laguna 1963. Foto: fondo lalalagunaahora.

Además de compositor, Cedrés fue experto instrumentista –tocaba el órgano, el piano, el armonio y la viola–, y organista de la capilla de música de la S.I. Catedral y en el convento de las monjas Claras.

Pero la letra del villancico no siempre fue la misma, pues sus diversos intérpretes solían incorporar alguna o algunas estrofas. Por la reconocida musicóloga Lola de la Torre sabemos que: «Para cantar en unas Navidades la vieja melodía de Lo Divino, se improvisaron coplas nuevas. Los autores fueron Ramón Gil-Roldán, abogado y escritor, y al que corresponde la estrofa inicial; Diego Crosa, pintor y poeta, y Néstor de la Torre», es decir, su padre.

Asimismo, algunas de las estrofas del villancico tal y como lo conocemos actualmente fueron aportadas por el entonces vicario general, Santiago Beyro, que adaptó a la música de Cedrés dos cuartetos del poema del cordobés Antonio Fernández Grilo, titulado «Las dos Noches Buenas».

Parranda infantil del Orfeón La Paz interpretando «Lo Divino», director don Antonio de Armas «Foxtrot». Navidad 1969. Coloreada, fondo lalagunaahora.

Conocidos estos datos, imaginemos una fría y húmeda noche de diciembre en La Laguna… Dos parrandas de «Lo Divino» se apostan frente a determinadas casas de la «Villa de Arriba» y «Villa de Abajo». Cuando, en el silencio de la noche, su música comienza a oírse a lo lejos, todo el mundo acude a las cristaleras de los balcones o ventanas.

Llegan en riguroso silencio, dándose las órdenes precisas en voz baja, avanzando, como si de una tropa de fantasmas se tratara. De pronto, en la quietud de la noche, tras el golpe seco del bombo, hacen vibrar las voces y resonar los instrumentos a un tiempo, en bulliciosa algarabía. Cuando suena el acorde final, con estruendo rotundo de panderos y prolongado repiquetear de castañetas y hueseras, las puertas de la casa se abren para ofrecer a «Lo Divino» bandejas de rosquetes y truchas, y botellas de vino nuevo y claro. Luego «echan la despedida», para reiniciar su deambular por las calles laguneras y entonar en otra casa sus villancicos, isas, folías y malagueñas. Y así hasta que, al filo de las once, dos horas después del toque de ánimas, se retiran –o así lo intentaban, al menos.

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