Entrevista con Ruth Beitia reciente subcampeona del mundo de pista cubierta en Salto de Altura

X Aniversario Club de Atletismo Tenerife Cajacanarias. Espacio Cultural de Cajacanarias. © Aarón S. Ramos/Cajacanarias
“La felicidad es el motor de mi vida”
Después de una larga y brillante carrera, Ruth Beitia sigue afrontando la competición de alto nivel con importantes retos por conquistar. Cuando apenas han pasado unos pocos días desde la conquista del subcampeonato en el reciente Mundial de Portland de pista cubierta, la saltadora de altura apunta con decisión hacia los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, “es el último sueño que me queda por cumplir”. La santanderina participó el pasado fin de semana como invitada de honor en el acto de celebración del X Aniversario del Tenerife CajaCanarias de atletismo: “Ahora me marcho de las islas cargada de energía para seguir con los entrenamientos”.
– Ruth Beitia tiene una relación especial con la Isla, ¿cómo empezó este idilio con la Isla?
– Empezó hace muchos años, en lo que fueron mis primeras vacaciones con amigas. Fue todo un descubrimiento para mí y la verdad es que la Isla me conquistó desde el primer momento. Su paisaje, su sol, su temperatura y, sobre todo, la gente. Me encanta cómo me han tratado aquí desde siempre y he logrado hacer un grupo de amigos que me hacen sentir como en casa.
– Según su experiencia, ¿cree que la Isla está quizás algo desaprovechada en lo que se refiere al entrenamiento de atletas de élite?
– Las instalaciones de Tincer son increíbles y posiblemente se podrían generar más y mejores sinergias con atletas de élite que vengan a la Isla para entrenar. Eso sería muy enriquecedor también para los deportistas locales. Sí es cierto que en ese sentido es una pena que un centro como el de Tincer no sea aprovechado. Es un espacio que ofrece muchas posibilidades por sus propias características y por su equipamiento.
– Ha pasado unos días en la Isla con motivo del acto de celebración de X Aniversario del Tenerife CajaCanarias. Desde la distancia, ¿cómo se valora un proyecto deportivo como éste?
– Primero tengo que decir que el acto fue muy emotivo. Además de alguna sonrisa, también me robó alguna lágrima, con algunos momentos muy bonitos que te tocan el corazón. Eso sólo lo puede hacer un club que funciona como una gran familia. Yo he estado en el mejor equipo de Europa, el Valencia, durante 10 años, y al final se puede decir que cada atleta es de su padre y de su madre y vamos competir sin esa relación de familiaridad y cercanía que tienen los integrantes del Tenerife CajaCanarias. Estamos hablando de un deporte individual que cuando se hace equipo, los unos por los otros pueden hacer grandes cosas de cara a una mejoría. Esa conexión que se ve en el Tenerife se puede ver en muy pocos otros clubes.
– ¿En qué momento de la temporada se encuentra? ¿Cuáles serán sus próximos pasos?
– Después de la pista cubierta, donde quedé subcampeona del mundo recientemente, ahora toca la preparación de la temporada al aire libre y qué mejor sitio que Tenerife para iniciar esos entrenamientos. Tengo por delante el único sueño que me queda por cumplir en este deporte, que es una medalla olímpica. Estamos ante una temporada muy especial y la vida me da una segunda oportunidad después de los Juegos Olímpicos de Londres; tengo la sensación de que me encuentro en el momento idóneo de conseguir este sueño. Ahora o nunca, porque no podré estar compitiendo dentro de cuatro años. Por el momento puedo decir que me voy de Tenerife cargada de energía para seguir con los entrenamientos”.
– ¿Sigue manteniendo, como ha declarado recientemente, que se encuentra en su mejor estado de forma?
– La verdad es que me encuentro bien. Estoy en un momento de mi vida en el que el equilibrio entre cuerpo y mente es fundamental. Me siento feliz, y la felicidad es el motor de mi vida; tengo la sensación de que todas las experiencias vividas, todo el camino andado junto a mi entrenador, nada más y nada menos que durante 26 años seguidos, nos están dando ahora los frutos. Él, Ramón Torralbo, fue la persona que me cogió de la mano cuando yo tenía 11 años para ayudarme a conseguir mis sueños y poco a poco se han ido cumpliendo. Él es una persona fundamental y mi carrera no se entendería sin él, se puede decir que es mi otro 50%. Y aparte de esto, tengo la suerte de haber recibido de él todos los valores deportivos que también se pueden aplicar a la vida.
– Después de tanto tiempo y tantos éxitos, ¿cómo se alimenta la ambición para seguir en la élite?
– Para mí el deporte se ha convertido en una pasión, no en un trabajo o una obligación diaria. El día que sienta que no tengo ganas de seguir entrenando, ese día se habrá acabado mi vida de atleta. Yo también trabajo y sigo estudiando y al mismo tiempo pienso que quedan cosas por ocurrir dentro del atletismo. La motivación en parte también es que aún me queda el último sueño por conseguir, como ya dije antes, afrontar el reto de conseguir una medalla en los Juego Olímpicos.
– ¿Qué se siente cuando derriba el listón?
– Bueno, el salto de altura es una prueba ingrata, porque siempre termina con un nulo. A nivel emocional implica todo lo que se pueda dar dentro del deporte. El listón siempre va estar más alto y el final, como ya dije, siempre son tres nulos. Procuro salir de la pista con la seguridad de haber dado el cien por cien. Cuando las cosas salen mal, dedico un poco de tiempo para analizar y dar la vuelta a la situación y volver a tirar para adelante.
– ¿Cambiaría todos sus éxitos por alguna meta de carácter más personal o colectiva?
– Esta es la pregunta del millón. Podría decir ahora que lo cambiaría todo por lograr la paz en el mundo algo parecido, pero pienso que ésta es la vida que me ha tocado vivir. No me quedo tanto con lo que he conseguido, sino con cómo lo he conseguido, que ha sido siempre a base de esfuerzo, trabajo y honestidad. Tampoco volvería atrás, creo que estoy contenta con lo que me ha tocado vivir, sin creerme mejor que nadie, sólo trabajando duro para ir dando pasos hacia adelante.
– ¿Dónde guarda todos los recuerdos de sus éxitos?
– Me encanta compartir para que todos los santanderinos y todo aquel que visite mi preciosa ciudad pueda disfrutar y contemplar esos recuerdos. Todo está en el Museo del Deporte de Santander. Todas las medallas internacionales, algunas zapatillas, algún dorsal, todos los trofeos de la Gala del Deporte y sobre todo, como la joya de la corona, el diamante de la Diamond League del año pasado, que se puede decir que fue un hito histórico.
– ¿Qué es lo que ha tenido que dejar a un lado para poder desarrollar su vida como atleta de élite?
– Creo que no he tenido que sacrificar nada. Puedo decir que he tenido una vida personal plena, que lo he podido compaginar todo. Sí me hubiese gustado estudiar medicina, pero esta posibilidad sí que era imposible compaginar, porque hay que dedicarle muchas horas a los estudios, y con el tiempo que paso fuera de casa por los viajes se hubiese hecho demasiado complicado. Sí he podido desarrollar otros estudios. Hice fisioterapia, animación deportiva y ahora creo que estoy encontrando mi sitio futuro en el deporte como psicóloga, que son los estudios que estoy cursando ahora.
– ¿Cómo se imagina su entorno más cercano cuando quizás dentro de tres años ya no viva inmersa en esta dinámica de entrenamientos diarios?
– Lo que me queda del atletismo son las personas, lo demás serán recuerdos. Y las personas seguirán estado ahí. Ya lo he vivido. Mi mayor rival en España ha sido Marta Mendía y ahora es una de mis grandes amigas. No dejamos de vernos siempre tres o cuatro veces al año.
