En un año normal el 29 de noviembre es noche de «tumbar» bodegas
Un año más, llegó la Víspera de San Andrés y con él la apertura de las bodegas. Y no es por casualidad que se celebre una fiesta del vino en Tenerife, pues la calidad de los caldos de la Isla ha sido universalmente reconocida
Según cuenta el recordado periodista lagunero, Gilberto Alemán, en su libro “Se abren las Bodegas”-editado por la Casa del Vino y Cabildo Insular de Tenerife en 1995-. “Es la noche grande del vino; es la noche mágica, cuando se abren las bodegas y la Isla de Tenerife se llena de ruidos nuevos.
Siempre ha sido así: En la noche de San Andrés se abren las bodegas, se corren los carros, según tradición popular, y se prueba el vino nuevo que ha estado encerrado, desde septiembre, en la paz permanente de la bodega.
Atrás queda el esfuerzo físico de cada día, el sudor del trabajo. Después fue el arte de cada cual. Y ahora mismo, cuando se celebra la fiesta, todo está en su punto para descubrir el milagro de cada año. Sardinas asadas, castañas tostadas, carne fiesta, pan de matalauva… Un vaso en cada mano y la botella pendiente del giro silencioso para que brote el vino. Y el vino sale, se desliza en el interior del cristal y se va depositando en el recipiente. Una leve espuma cubre la superficie del líquido. El bodeguero mira sonriente a la concurrencia y huele el aire. El vino se distribuye vaso a vaso en un rito lento, parsimonioso, casi religioso.
La nariz recibe el primer impacto y pasa a la boca, el vino donde las papilas agradecen la caricia. Y el licor entra en el cuerpo… Las interrogantes se desdibujan. Y se concreta el asentimiento. Y se rompe el silencio y las palabras brotan sin ritmo, porque el milagro está hecho, como todos los años. El rito se hace mecánico y las botellas van pasando de mano en mano, y los vasos se llenan y se vacían y se vuelven a llenar. Y ¡Viva San Andrés!”
De otro lagunero “Nijota “ cantaremos una cuarteta popularizada por Los Sabandeños y que dice:
“Vino es un jugo sabroso
guardado en una barrica,
que al campesino emborracha
y al caballero intoxica”.
Y en la penumbra de la bodega retumbará eco de la voz del amigo, de la voz del Maestro, Dacio Ferrera:
Ven acá, vino tintillo,
hijo de la parra tuerta,
tú que te dejas colar,
y yo que te abro la puerta”,
Pero claro que “pa” rematar la jugadita renal entonaremos, “El vino que tiene Asunción”, “Uvas tienen las parras del cura” y “Una noche de luna, uvas yo fui a robar”.
