En La Laguna, el «Dos y Una»

El fotógrafo y artista lagunero Agustín Guerra Molina nos dejó la instantánea de «Casa Dos y Una»
«En La Laguna, el Dos y Una». «Dos y Una» fue una de las tabernas más carismáticas de La Laguna, una taberna que fue abierta en los años de la posguerra y más concretamente en 1949 y hasta su cierre en 1977 brindó una serie de platos caseros que aún permanecen en la memoria colectiva.
Todavía en la Ciudad se recuerdan las papas con carne, los huevos fritos con chorizo y papas fritas, pero sin lugar a dudas se recuerdan y se añoran los bocadillos de papas fritas con salsa, sin lugar a duda fue esta la mayor especialidad de la casa que con el pan de «Los Patitas» y la salsa de don Domingo, que así se llamaba el cocinero, llevaban a cientos de persona diariamente hasta la calle Viana esquina al Callejón de la Caza.
El Dos y una comenzaban su andadura en 1949, cuando Pancho Castañeda y su hijo Gustavo llegaban a La Laguna tras decidirse a abandonar su residencia natal en la isla de El Hierro. Desde entonces, y hasta 1977, se desarrolla la historia de una taberna donde se servían platos antes mencionados a unos precios asequibles incluso para los bolsillos menos holgados. Fue éste el motivo por el que estudiantes, soldados y obreros se encontraran entre sus visitantes más asiduos.
El origen del nombre «Dos y Una» se debe a uno del menú más solicitados por los primeros clientes: dos pesetas de papas con carne y una de vino. Llegó a ser tan popular que bastaba con pedir la orden de «dos y una» para que Gustavo Castañeda, hijo del fundador y sobrino del cocinero, sirviera el «menú». Finalmente terminó llamándose así al propio negocio.
En aquellos años, acudir a la universidad suponía un enorme esfuerzo económico para las familias menos acomodadas, de tal manera que la mayoría de los estudiantes no disponían de demasiado dinero para gastar. Así, las tabernas, las pensiones y fondas fueron las encargadas de suplir las necesidades básicas de alimentación de la población estudiantil de enseñanza media y universitaria.
La noche lagunera podía comenzar bebiéndote unas cuartas «vino con vino» y manises en el bodegón Méndez de la calle Juan de Vera, un bodegón frente a la antigua casa de socorro y con puertas de salón del oeste, para más tarde unas papas fritas con salsa y una cuarta de vino del Hierro en el «Dos y Una», y finalizaba en el Nazaret de las chicas bien con la tuna, bien con parrandas espontáneas, para cantarles la serenata.
