El Gran Poder de Dios de la Iglesia de la Concepción de La Laguna, por Carlos Rodríguez Morales

La Iglesia de la Concepción conserva una imagen del Gran Poder de Dios que en siglos pasados fue objeto de especial devoción en la feligresía aunque no llegó a participar en las celebraciones procesionales de la Semana Santa. Se trata de un busto que muestra a Cristo coronado de espinas, sosteniendo en su mano derecha una caña por cetro y cubierto por una clámide granate de telas encoladas, oculta generalmente bajo otra de terciopelo. Cabizbajo y con ojos azules de mirada perdida, lleva las manos atadas por una cuerda que cuelga desde el cuello y su policromía reproduce los efectos del martirio. Responde por lo tanto al pasaje de la presentación de Cristo al pueblo tras la burlesca ceremonia: «Ecce Homo», exclamó Pilato, «He aquí al hombre» [Jn 19, 5]. Es una versión iconográfica abreviada que concentra en el rostro de Jesús la intensidad de la escena.

A finales del siglo XVI ya existía en la parroquia una imagen de este tipo, un «Ecce Homo dentro de un tabernáculo» inventariado en 1590 en la capilla mayor[1]. Una nota marginal que suponemos posterior indica que pertenecía a la «capilla de Agustín de Vargas», que debió costruirse luego ya que no se menciona en la visita efectuada en abril de aquel año por el obispo Fernando Suárez de Figueroa. En 1614, al disponer sus últimas voluntades, Vargas impuso la celebración en su capilla de Santa Ana de una misa «el viernes a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo que es la que se dice el viernes en la Capilla de Señor San Francisco»[2], lo que acaso tenga relación con la presencia allí de la imagen.

Para 1658 contamos con la fundación de una capellanía de tres misas rezadas por María Francisca de la Peña, una de ellas «en la capilla de Santa Anna a el Santísimo Exe Homo el lunes de cada semana»[3], muy posiblemente la que incluye Núñez de la Peña en este templo en su relación de imágenes milagrosas insulares: «la imagen del Ecce Homo, con el nombre del Gran Poder de Dios, de medio cuerpo, es antiguo y muy devoto y de muchos milagros»[4]. Esta apreciación del cronista anima a identificar la efigie con aquella documentada en 1590; y también su análisis formal nos lleva a proponer su catalogación como pieza de los años finales del Quinientos, aunque haya sufrido alguna intervención posterior en su policromía. En efecto, pensamos que la imagen debe atribuirse al imaginero Rui Dias de Argumedo autor del Cristo de la Misericordia de La Orotava, a quien hemos atribuido también el Cristo de los Remedios de la Catedral de La Laguna[5]. El modelo fisonómico o el tratamiento de las guedejas ensortijadas y del cabello que cae sobre la espalda del Señor confirman la cercanía entre las dos imágenes de La Laguna, aspectos a los que ha de añadirse también un detalle singular: la espina que en un alarde dramático atraviesa la ceja derecha[6].

En 1721 sabemos que el Gran Poder de Dios presidía su propia capilla abierta en la nave de la Epístola, donde recibía culto en «una urna dorada». Ante su tapiado arco de ingreso se alzó luego un pequeño retablo en el que compartía protagonismo con otra de las tallas más populares de la parroquia, la de San Antonio de Padua. En efecto, Moure certifica que en la segunda mitad del siglo XIX ambas eran «de muchísima devoción»[7], valoración a la que podemos añadir el testimonio del mayordomo del Gran Poder en 1864: «imagen de mucha devoción en todos tiempos y a quien los fieles han profesado una particular devoción, pues hasta hoy día se observa que muchos de los que van a la precitada parroquia sus primeras oraciones las dirigen a aquella imagen aún cuando está cubierta»[8]. Tras las remodelaciones efectuadas en el templo en la segunda década del siglo XX el Gran Poder de Dios ocupa un nicho bajo en el retablo dedicado a la Virgen del Carmen. La hornacina, cuyo interior conserva parcialmente su policromía y dorado, corresponde con el interior del sagrario alto del antiguo retablo del Carmen, adquirido a la Catedral durante su reconstrucción[9].

Ha sido una verdadera sorpresa conocer el dibujo hasta ahora inédito que retrata a esta devota efigie en sus andas, localizado por Carlos Gaviño de Franchy en la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife y atribuido por él al prebendado Antonio Pereyra Pacheco y Ruiz [1790-1858], apreciación que compartimos. Se trata de un precioso documento para la historia religiosa de la Ciudad que a su valor gráfico añade una escueta información sobre los autores de las andas, «executadas por los Maestros don José y don Andrés Rodríguez, naturales de la Ciudad de La Laguna y forradas en el frontis de ojilla de plata de ley».

Los artífices de la estructura en madera son, sin duda, los hermanos carpinteros José y Andrés Rodríguez apodados los Brujitos, autores del retablo mayor de Santa Catalina de Tacoronte (1774)[10] y del de la capilla de la familia Llarena en la Iglesia de San Agustín de La Laguna tras su reedificación (1783)[11]. Miembros de una familia muy vinculada a la parroquia, aprenderían el oficio junto a su padre Juan Rodríguez Bermejo, que fue muy probablemente el autor del ponderado púlpito del templo, aunque la historiografía haya sido esquiva en su reconocimiento[12]. Sobre las andas del Señor del Gran Poder, de las que se conservan al menos algunos elementos[13], cabe la posibilidad de que en las labores propiamente escultóricas José y Andrés Rodríguez fueran asistidos por Miguel Bermejo, tal vez su hermano, clérigo dedicado también a labores artísticas de quien conocemos trabajos para la parroquia en los años centrales del siglo XVIII. Ignoramos, sin embargo, el momento y la autoría del revestimiento de plata, anterior en todo caso a la muerte de Pereira, quien se muestra aquí una vez más como un dibujante mediocre pero esforzado en imitar los detalles.

Indicamos más arriba que a pesar de su relevancia devocional, no tenemos noticia de que la imagen del Gran Poder de Dios participase en los cortejos de Semana Santa, aunque se celebraban cultos en su honor a lo largo del año y, acaso, procesiones claustrales de las que no queda memoria. En la cuaresma de 1965 la Hermandad de la Sangre de Cristo celebró sus acostumbrados cultos en la Iglesia de la Concepción ante esta efigie al haberse perdido la del Señor de la Cañita —de iconografía análoga— en el incendio de San Agustín unos meses antes, y no estar todavía acabada la nueva imagen que procesionó por primera vez el Miércoles Santo siguiente.

Carlos Rodríguez Morales

Historiador del Arte

[1] Archivo Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, La Laguna [en adelante, APCL]: «Libro II de cuentas de fábrica», fol. 35r.

[2] APCL: «Libro I de capellanías», s.f. Copia del testamento otorgado por Agustín de Vargas, abierto ante Francisco Sánchez Zambrana en 1615.

[3] Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de La Laguna [en adelante, AHDL]: Fondo Diocesano, leg. 1.208, doc. 26, fols. 100v-106v.

[4] Juan Núñez de la Peña: Conquista y antigüedades de las Islas de la Gran Canaria y su descripción. Madrid, 1676, p. 504.

En este punto debemos aclarar que el título de Señor de las Tribulaciones con que lo menciona Alejandro Cioranescu en su Guía de La Laguna no figura en la documentación antigua que hemos consultado; últimamente se le ha aplicado el de Cristo Rey, por celebrarse función en su honor con motivo de esta festividad.

[5] Carlos Rodríguez Morales: «Valoración del Patrimonio histórico-artístico de La Laguna en el siglo XVI», en Actas del Simposio Internacional São Paulo: 450 años de cultura. La Laguna, 2005 [en prensa].

[6] Ha de descartarse la supuesta autoría de Fernando Estévez.

[7] José Rodríguez Moure: Guía histórica de La Laguna. La Laguna, 1935, p. 108.

[8] AHDL: Fondo Diocesano, «Varios sin clasificar», caja 66, s.f.

[9] José Rodríguez Moure: «Sobre la procedencia de los retablos que hoy tiene la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna en este año de 1926», en Revista de Historia Canaria, nos 117-118. La Laguna, 1957, p. 57.

[10] Sergio F. Bonnet Suárez: «Tacoronte y sus templos (apuntes para su historia)», en El Museo Canario, nº 11. Las Palmas de Gran Canaria, 1944, p. 27. Jesús Casas Otero: Estudio histórico-artístico de Tacoronte. Santa Cruz de Tenerife, 1987, pp. 54, 185-186.

[11] Lorenzo Santana Rodríguez: «El púlpito de los Brujitos», en Semana Santa. San Cristóbal de La Laguna, 2003, s.p.

[12] Idem.

[13] El estado en el que se encuentra la parroquia al momento de redactar este trabajo nos ha impedido precisar esta cuestión.

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