El futuro incierto del Casino de La Laguna (II)

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El hermoso torreón del palacete de Martín Rodríguez en todo su esplendor. En la actualidad dañado gravemente.

Las razones del alejamiento de los socios de toda la vida

Según nuestras fuentes son muchas las razones que esgrimen los socios para alejarse del Casino lagunero. Para unos estar abierto el jardín como un «guachinche» les parece indecoroso, «Parece un hostal provinciano», o «Hemos fallado con la elección de las últimas juntas directivas», o «Sus asesores de marketing y protocolo tienen muy mal gusto».

A un invitado a la fiesta de la pasada romería de San Benito se le cayeron todos los pelos de la lengua cuando se asomó por primera vez al patio central. No fue el único en despacharse. Una tropa entera de parranderos de Gran Canaria puso el grito en el cielo al toparse con unos muebles, al parecer donados, «muebles» que de seguro hubiesen sido rechazados por la mismísima asociación «Remar», y que se encuentran ahora por todas las dependencias.

Qué casona tan sosa, clasicorra o impersonal son los piropos más decentitos que hemos encontrado. El Palacete de Martín Rodríguez fue en otros tiempos un Casino con clase. En la actualidad encuentras a escasos socios que no les horripilen los «arreglitos» de estos dirigentes de nuevo cuño.

El Palacete de Martín Rodríguez es de estilo eclético, con 365 huecos entre puertas y ventanas en madera de riga y pintadas de marrón teja oscuro. La mansión consta de siete salones de grandes dimensiones, todos exteriores y con solo seis servicios de «water», de éstos, dos son a compartir con los clientes del «guachinche»; un gran comedor, cubierto, en el patio central y que por falta de mantenimiento ya se moja; dos despachos, una sala de juntas, una bodega, que en otrora fue la tasca y que ahora es la horripilante «Chilau pa fiestuquis hasta altas hora de la madrugada», eso sí, normalmente con gente de la calle tal y como dijimos ayer.

Pero, ¿cómo son los pisos, la tapicería y los muebles de las distintas estancias? Las contadísimas personas que ponen ya el pie en este palacete por la entrada principal se topan de narices con un vestíbulo de color caoba y una recepción, por su puesto también de donación, al menos eso dicen, que hablando en términos hípicos es de dificultad tres, suelo de piso hidráulico pidiendo a gritos un pulidito, y techo de cenefas de escayola, muy propias en la edificaciones de Estanga, en la actualidad pintadas según el gusto de estas últimas Juntas, de purpurina, así como lo oyen. Todo salpicado con cuadritos de mala calidad y de dudoso gusto, y mobiliario del «Patrimonio» familiar del o los donantes, el la pared de la sala de visitas y lectura podemos contemplar un tapiz con motivos románticos de la Escuela de París, este sí  es de gran calidad y donado por unos de los socios de aquellos de antes MANUEL LUIS RAMOS IZQUIERDO. Para rematar «la jugadita», una consola de pandeoro de siglo XIX, con un ramo de flores secas, éstas también de bastante mal gusto,  te dan la «bienvenida» desde el rellano de la escalera principal.

Ahí queda eso. Mañana continuamos con mucho más, pues las quejas son muchísimas, claro para el que sepa leer en morín paladino.

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