El Cristo de La Laguna, la Plaza, fiestas y tradiciones (III). Por Julio Torres Santos

Toros por las Fiestas del Cristo (II)
Segunda corrida de toros
En la tarde del 20 de septiembre de 1891 tuvo lugar la segunda corrida de toros, integrando la cuadrilla: Antonio Escobar “Boto” (espada en los tres primeros toros), Antonio Pérez “Almendro” (banderillero, con obligación de matar el cuarto toro). Picadores: José Fernández “Cachero”, José Ochele, Juan Rivero “Cuchiller” y José Sánchez Morillo. Banderilleros: Manuel Ruiz, Antonio Perdigón, Miguel Almendro y Alfonso Fernández “Gaditano”, con la obligación este último de dar la puntilla.
Empezó a las 3 y media, si bien se anunció que la plaza se abriría a la una, para evitar así la aglomeración de gente que se produjo en la corrida pasada, cuando hubo un “oleaje de empujones y pisotones que no pudo impedir la fuerza de la guardia provincial allí apostada”. Un piquete del Batallón de Cazadores de Tenerife, número 21, al mando del capitán Rafael Feo, y fuerzas de la guardia provincial y municipal, estaban convenientemente dispuestas para mantener el orden.
Para esta segunda corrida, con el fin de que “este espectáculo, nuevo en el país”, estuviera al alcance “de todas las fortunas”, Darmanin rebajó el precio de los tendidos a cuatro pesetas los de sombra y tres los de sol, por lo que devolvió a los ya abonados la diferencia de precio. Se lidiaron cuatro toros de la ganadería del sevillano Anastasio Martín, con divisa verde y encarnada, de nombres Relamido, Lamparilla, Carnicero y Farolero, cuyas excelentes condiciones ya habían podido apreciar los aficionados durante los días de encierro en los corrales de la plaza
Ocupaba el palco de la presidencia el señor gobernador civil de la provincia, Eduardo Zamora Caballero. En las gradas y palcos, algunas señoras lucían la tradicional mantilla. Como en cualquier acto social, un revistero hace un “recuento” de allí presentes…

Estaban allí las señoras y señoritas de Sánchez, Aguilar, Huerta, Corsini, Méndez, Pimienta, Palazón, Fernández, García del Castillo, González de Mesa, Castro, Azcárate Sansón, Cullen, Riverés, Alarcó, Cambreleng, Martín, Camacho, Bordoy, Pepita Chaves, Andreíta Oramas, Jacobita Melo, Mercedes González, Trini y muchas más que lamentamos no poder recordar.
La corrida fue buena, lo mismo que los toros. La presidencia acertada. La entrada buena. Los muchachos todos superiores y valientes. “Boto” con su maestría, supo granjearse la voluntad del público. Perdigón dejó ver inteligencia y arte, así como todos los demás. “El Gaditano”, inteligente y buen banderillero; a consecuencia de la cogida del domingo anterior, solo se limitó en éste a dar la puntilla. El servicio de la plaza, muy mejorado.
Tercera y última corrida de la feria inaugural de 1891
El 27 de septiembre tuvo lugar la tercera y última corrida de la feria inaugural de 1891, que pretendió incorporar como novedad un toro embolado, a fin de “dar a conocer al público las diferentes suertes del toreo”. La controversia estaba servida: unos, que si eso no era lidiar “a la antigua española”, pues jamás se había toreado así; otros, que en un toro con bolas de cuero en las puntas desaparece el peligro para los lidiadores…Al final, el Miura no fue embolado.
En una larga tarde, que afortunadamente empezó a las tres, “pues si no hubiéramos salido con faroles en los pies”, se lidiaron toros de la ganadería de D. J. González Nandín, exceptuando el Miura ya mencionado.
Se echó de menos el preludio musical de la banda del Sr. Padrón. En los quites, el Boto estuvo archimonumenlal y le valió muchos y justos aplausos. Antonio Pérez “Almendro”, del que todos decían “este muchacho será matador”, tuvo una tarde tan mala que resultó ser “la segunda edición de Rebujina”, de tan mal recuerdo en la corrida inaugural.
