¿Del pino o del racimo? La controvertida iconografía de una escultura de la Virgen con el Niño (II)

Carlos Rodríguez Morales

La comparación es más efectiva con otras esculturas. Hay ejemplos en nuestro entorno. En la isla de La Palma contamos con tres de acuerdo a un tipo iconográfico conocido como Santa Ana triple, triplex o trinitaria, pues muestra de forma conjunta a la santa abuela con la Virgen y el Niño. En una colección particular y en la Iglesia de San Francisco, ambas en Santa Cruz de La Palma, se conservan dos obras con marcas de garantía de la ciudad de Amberes datadas hacia 1510-1520[1]. En la Iglesia de San José de Breña Baja hay otra sobre la que se mantiene la duda sobre si procede de Flandes o si fue realizada en la isla, siguiendo quizá el modelo de la de la Iglesia de San Francisco de la capital[2]. En los tres casos santa Ana ostenta un elemento muy similar al que sostiene la Virgen del Pino[3]. Es cierto que la ejecución en el caso de la escultura de La Laguna aparenta ser más simple y además no muestra de forma tan

clara la curvatura de los ejemplos nórdicos. Esto, unido a su disposición inversa a la forma más habitual (el racimo no pende, sino que tiene la parte más estrecha hacia arriba) y la ausencia de hojas o sarmientos, habría favorecido la confusión. En la portada principal de la Iglesia de Santo Domingo, que puede datarse en torno a 1530, vemos racimos de uvas tallados de forma parecida, pero al incluirse hojas de vid no cabe la duda.

Igual que en algunas pinturas, el racimo de uvas figura portado por la Virgen o por el Niño en representaciones escultóricas flamencas y alemanas en las que se muestra de forma independiente. Así se aprecia en la Virgen con el Niño atribuida al maestro de Koudewater, datada en torno a 1510, del Rijksmuseum de Ámsterdam; y en otra algo posterior del Virginia Museum of Fine Arts. En Andalucía se localizan ejemplares influidos por modelos nórdicos, como la Virgen de la Piña de la Iglesia de San Bartolomé de Carmona, atribuida al flamenco Roque Balduque[4]; o la del mismo título de Aznalcázar, posterior, pero perdida en un incendio provocado en 1932. El racimo de uvas y la piña no solo se asemejan en su forma, también han compartido simbolismo, vinculándose a la fecundidad y a la fertilidad por sus numerosas semillas[5]. Como alusiones a la abundancia, las piñas proliferaron desde la Antigüedad en guirnaldas y cornucopias y pudieron adquirir en época medieval un carácter positivo como elementos apotropaicos, es decir, capaces de alejar el mal y propiciar el bien. Este sentido puede justificar su presencia muy destacada en pilas

bautismales de barro vidriado realizadas en Triana, en Sevilla, a partir de los últimos años del siglo XVI[6]. La Laguna conserva un valioso ejemplar en la Iglesia de la Concepción, posterior a lo que señala cierta tradición que sostiene que en ella recibieron el bautismo algunos reyes guanches. En realidad, no fue bendecida hasta 1556[7].

Además, el pino se asoció a la vida interior y a la paciencia y fue dotado de un carácter mariano y cristológico, pues algunas tradiciones identificaron su madera con la de la Cruz de Jesús[8]. En palabras de Antonio de Guevara, en 1548, «los altos misterios de la Cruz de Christo pueden se comparar al comer de las piñas y partir de los piñones, las quales quantas más vezes las hechan en el fuego y las sacuden en el suelo tanto más dan de sí más piñones para comer y más casca para quemar. Lo que acontece al labrador con las piñas y piñones acontesce a nosotros con aquellos diuinos misterios»[9]. Pero, como es bien sabido, el fruto de la vid suele asociarse también al sacrificio de Cristo, con más razón en contextos religiosos y en sus propias representaciones: alude al vino eucarístico, a la sangre redentora de Jesús. Esto puede justificar en el caso de la escultura de San Benito el semblante serio del Niño y también cierta melancolía del rostro mariano, a pesar de la sonrisa apenas esbozada, de recuerdos goticistas. En última instancia se presagia la Pasión, cuya severidad contrasta con el cariz amable de esta escena.

[1] Negrín Delgado [1985], cat. 13 y 14;  [2006a], p. 174; y [2006b], p. 181. Un siglo posterior, firmada por Dirk van Hoogstraten en 1630, es una pintura que representa a estos tres sagrados personajes en la que santa Ana sostiene y acerca un racimo de uvas negras al Niño, que se acerca y las muerde. Se conserva en el Rijksmuseum de Ámsterdam.

[2]Negrín Delgado [1985], cat. 28.

[3] Esculturas muy parecidas, en las que santa Ana porta también un racimo de uvas, se conservan en el Museo de Artes Decorativas de París y en una colección particular belga.

[4]A pesar de su título, lo que la Virgen sostiene con su mano derecha parece más un racimo de uvas, como indica la blandura que sugiere la forma en la se hunde su dedo pulgar. Hemos visto las imágenes correspondientes a su proceso de restauración por Juan Carlos Vázquez Pichardo en https://www.vazquezpichardo.com/restauraci%C3%B3n/ (consultado el 6 de mayo de 2024).

[5] Cirlot [1992], p. 364, 454.

[6]Rodríguez Estévez [2021], pp. 249, 494 (nota 395).

[7] Santana Rodríguez [2008], pp. 103-109.

[8]Rodríguez Estévez [2021], pp. 248-249.

[9]Guevara [1548],

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