Danzas en las fiestas de San Cristóbal: tres documentos de 1635 (I). Por Carlos Rodríguez Morales

El baile y las danzas forman parte de las alegres expresiones de las romerías. Este año, una imagen de San Cristóbal acompañará a la de San Benito en su tradicional itinerario del segundo domingo de julio. Esto da pie para que recordemos que en las fiestas que en los siglos pasados se dedicaban al santo que da título a nuestra ciudad las danzas tenían, también, una presencia importante. Lo haremos a través de tres documentos del año 1635 conservados en el Archivo Municipal de La Laguna, que heredó el del antiguo Cabildo, Concejo o Ayuntamiento de Tenerife. Ya desde el siglo XVI consta que, al menos algunos años, participaban en la procesión bailadores al son de tamboriles, ataviados con vistosos ropajes y máscaras.

Aunque es un asunto muy confuso, pendiente aún de explicar, algunas referencias remontan la fundación de La Laguna o el final de la conquista de Tenerife al 25 o el 26 de julio de 1496 o de 1497, festividad compartida de Santiago y San Cristóbal . Al prevalecer la del primero y celebrarse al día siguiente la de santa Ana, se habría optado por festejar al patrón titular de la vieja capital justo a continuación, cada 27 de julio, como todavía se hace . No obstante, las Ordenanzas de la isla se refieren a la procesión que debía hacerse con motivo de la fiesta de San Cristóbal «a los veinte y séis de julio (…) dando gracias a Dios i al señor san Christóval porque en ese día se ganó la isla i por ello esta ciudad se llama de Sant Christóval» .

Por ejemplo, en 1601 consta que el Concejo, a través de su procurador Bernardino de Palenzuela, había recurrido al rey para que autorizara el gasto correspondiente a esta conmemoración. La real cédula por la que Felipe III permitió el desembolso de 75 ducados por ocho años recoge que

«esa dicha ysla auía sido ganada por los señores Reyes Católicos, nuestros progenitores, el día del glorioso San Cristóual, y en comemoraçión de la merced que Dios, nuestro señor, fue seruido hazer aquel día que se auían redusido de gentiles a cristianos, dando uitoria a los españoles que destos nuestros reynos auían ydo a conquistarla, todos los años en su día auíades tenido costumbre de hazer fiestas sacando en prosesión por toda la çibdad el pendón real, con que se auía ganado, i la clereçía de todas las parrochias con su sera, música y danças; i el día y bíspera corrían toros i se jugaban cañas i sortijas i se hazían otras fiestas por la solenidad del santo» .

Perdida o difuminada la dimensión popular y participativa que tuvo, la de San Cristóbal fue junto a la del Corpus Christi y la de San Juan Bautista una de las denominadas «fiestas de ciudad» o «de la ciudad». Aquí el término ciudad no es sinónimo de población; se empleaba con un sentido que recoge todavía el diccionario de la Real Academia Española: ayuntamiento o cabildo de cualquier ciudad. Con este mismo significado, es común leer en viejos documentos que los regidores asistían a algunos actos «en forma de ciudad», es decir, corporativamente. Correspondía, por lo tanto, a esta institución organizar y costear la fiesta. No contamos con información para todos los años, pero como acabamos de ver consta para algunos que participaban danzas, entre otros juegos y recogijos. Aunque no fue siempre así, por lo general el cortejo partía un año de la Iglesia de la Concepción y al siguiente de la de los Remedios (respetando un turno que se aplicaba también a otras celebraciones) y se dirigía hasta la Ermita de San Cristóbal, en el barrio del Tanque .

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