Curiosidades e historia de la cuaresma y la Semana Santa lagunera: La “aleluya”

La Semana Santa en La Laguna estuvo durante siglos llena de pequeñas tradiciones populares que hoy apenas sobreviven en la memoria de los mayores. Entre ellas destaca una costumbre sencilla y festiva que marcaba el final de la austeridad cuaresmal: la rebatiña de las “aleluyas” en el Sábado de Gloria.
El Sábado de Gloria: del silencio a la alegría
Tras los días solemnes de la Pasión, el Sábado de Gloria suponía el paso del recogimiento a la celebración. Durante la Cuaresma las campanas habían permanecido en silencio, sustituidas en muchos lugares por matracas o carracas. Por eso, el momento en que volvían a repicar anunciando la Resurrección era esperado con entusiasmo.
En La Laguna, aquel instante tenía además un carácter muy especial. En la calle se formaba una larga fila de vehículos procedentes del Norte de la isla, cuyos conductores aguardaban el primer toque de campanas para reanudar su viaje hacia Santa Cruz. El repique marcaba simbólicamente el final del tiempo de penitencia.
La rebatiña de las “aleluyas”
Mientras los adultos aguardaban el anuncio de la Resurrección, los muchachos se reunían cerca de la iglesia con otra ilusión: la lluvia de estampas religiosas conocidas como “aleluyas”.
Desde el balcón de la sacristía se lanzaban centenares de pequeñas estampas que los niños recogían entre risas y carreras. Aquella improvisada rebatiña era uno de los momentos más animados de la jornada.
Las “aleluyas” solían representar santos, escenas bíblicas o imágenes devocionales, impresas en papeles sencillos pero muy apreciadas por los niños.
Un pequeño tesoro para intercambiar
Los más afortunados lograban reunir un buen número de estampas. Luego comenzaba otro ritual igualmente divertido: el intercambio.
Era frecuente escuchar conversaciones entre los muchachos cambiando unas por otras:
— Te cambio este San Luis por tu San Pedro.
De esta forma intentaban completar su pequeña colección de santos, guardándolas después como recuerdo o regalándolas a alguien especial.
Tradición popular y memoria lagunera
Aunque hoy esta costumbre prácticamente ha desaparecido, la tradición de las “aleluyas” refleja bien el carácter popular de la Semana Santa lagunera, donde junto a las solemnes procesiones convivían pequeños gestos cotidianos llenos de alegría.
Para muchos niños de otras épocas, aquel momento en que las campanas rompían el silencio cuaresmal y comenzaban a caer estampas desde el balcón de la sacristía marcaba uno de los recuerdos más felices de la Pascua.
Era la señal de que la Cuaresma terminaba y comenzaba la fiesta: había llegado la Resurrección… y también la rebatiña de las aleluyas.
