Curiosidades e historia de la cuaresma y la Semana Santa lagunera: El origen medieval de la matraca en las iglesias

La lagunera torre de la Concepción luciendo su matraca en el balcón más próximo a las campanas. Foto de mil 1920.
El uso de la matraca en las iglesias tiene un origen medieval, cuando las comunidades cristianas desarrollaron distintos instrumentos para marcar los tiempos litúrgicos y convocar a los fieles
Nacimiento en los monasterios
Durante la Edad Media, muchos monasterios y conventos necesitaban sistemas para avisar a los monjes de las horas de oración. Aunque las campanas eran el medio principal, en determinados momentos litúrgicos se utilizaban también instrumentos de madera que producían un sonido seco y fuerte.
Entre estos instrumentos estaban:
La matraca
La carraca
El semantrón o tablón de madera golpeado
Estos artefactos eran fáciles de fabricar, resistentes y podían escucharse a bastante distancia.
Relación con la Semana Santa
Con el tiempo, la matraca quedó especialmente asociada a la Semana Santa. Desde la Edad Media se estableció la costumbre de que, a partir del Jueves Santo, las campanas permanecieran en silencio como señal de duelo por la muerte de Cristo.
Para sustituirlas se utilizaban instrumentos de madera, cuyo sonido era más áspero y sobrio. Así, la matraca pasó a convertirse en el sustituto de las campanas durante el Triduo Pascual.
La matraca en los campanarios
En muchos pueblos se construyeron grandes matracas de madera en las torres de las iglesias. Estas podían girar sobre un eje y, al moverse, unas mazas o lengüetas golpeaban tablas produciendo un fuerte estruendo.
El encargado —sacristán, monaguillo o “beo”— subía al campanario y accionaba el mecanismo manualmente, haciendo que el ruido se extendiera por todo el pueblo para anunciar los oficios.
Tradición que llega hasta hoy
Aunque muchas de estas matracas desaparecieron con el tiempo, algunas se han conservado durante siglos. En varios pueblos de España todavía se mantienen como parte del patrimonio religioso y cultural, recordando prácticas litúrgicas que se remontan a la Edad Media.
De este modo, la matraca no es solo un instrumento curioso: es un vestigio vivo de las antiguas costumbres medievales de la Iglesia, cuando la madera sustituía al bronce para marcar los días más solemnes del calendario cristiano.
