«Cuestión de género» (y IV), por Fátima Hernández Martín

Cuándo y cómo se descubre el parásito
Según González-Torga et al. (2008), el origen del padecimiento se desconoció durante mucho tiempo, aunque algunos estudiosos (incluso de etapas muy antiguas) habían apuntado cierta conexión con insectos. Por ejemplo, Susruta, autor de una Enciclopedia Médica del Indostán, achacaba la enfermedad a insectos (varios siglos AC, AEC) o Columela que, en su obra De Re Rustica (varios años AC, AEC), aconsejaba construir viviendas lejos de los pantanos, de lugares con aguas estancadas. Sin embargo, su descubrimiento se debe al médico Chales Louis Alphonse Laveran quien, el 6 de noviembre de 1880, en el Hospital Militar de Constantina (Argelia), observó en sangre de un paciente … “unos filamentos móviles o flagelos, con movimientos muy rápidos y variados que no dejaban duda de su naturaleza…”. Dos días después observó lo mismo en la sangre de otro enfermo (ver figura 4). De inmediato redactó y envió una nota, con fecha 23 de noviembre, comunicando su descubrimiento a la Academia de Medicina de París (Cox, 2010). Cuatro años más tarde, ya había estudiado 480 casos y concluyó que el parásito de la malaria penetraba (por picadura del artrópodo) y se desarrollaba en los glóbulos rojos, provocando su ruptura y liberando esporas al torrente sanguíneo que, a su vez, invadían/infectaban otros glóbulos rojos. Lo llamó Oscillaria malariae, nombre que, posteriormente, la escuela italiana cambió a Plasmodium, tal como ahora se conoce.
Según González-Torga (2008), era la época de la Microbiología y Pasteur, Koch y otros habían demostrado que la causa de las infecciones y de muchas enfermedades -por lo general- eran las bacterias. Así se había confirmado, entre otros, el origen del ántrax, la tuberculosis, el tifus o el cólera. Aceptar que había otros organismos causantes de enfermedades, no bacterianos, como el protozoo descrito por Laveran, no fue fácil… Uno de los expertos en malaria más críticos, en principio, con los trabajos de Laveran fue el médico militar inglés, de servicio en la India, Ronald Ross. En 1893, estaba convencido, según lo habitual en la época, de que era una enfermedad intestinal provocada por la toma de agua no potable. Escribió para la revista Medical Reporter que no era necesario un parásito, un protozoo según Laveran, como causa de la malaria. “Para la solución de la cuestión de la fiebre india, lo que queremos es una definición clara de las ideas, un escrutinio cuidadoso de todas las suposiciones y una interpretación de sentido común de los fenómenos que tenemos ante nosotros; y están muy equivocados quienes se imaginan que un problema siempre tan grande y variado será resuelto por un solo ‘coup de microscope”. Pero, como opinan los eruditos, las evidencias eran abrumadoras y por sus trabajos, Laveran (ver figura 5), recibió el Premio Nobel en 1907.
Pero hablemos de las Islas: epidemias en Canarias
La escala en Canarias de numerosos navíos que hacían rutas oceánicas supuso que muchos de estos barcos portasen enfermos que, al desembarcar, extendían su dolencia en las Islas en calidad de desastrosas epidemias. En el Archipiélago ha habido casos de enfermedades contagiosas desde antaño: peste, fiebre amarilla, cólera, paludismo, lepra, tifus, viruela… Una de las primeras epidemias de la que se tiene conocimiento -tras la conquista- se produjo en La Laguna, Tenerife en el año 1506. Se trataba de la peste bubónica, propagada por ratas negras que portaban las bacterias Yersinia pestis, transmitiéndolas al humano a través de pulgas. Más tarde, en 1582, se sufrió la llamada Peste del Levante que llegó a Tenerife, curiosamente, en unos tapices procedentes de Flandes. Y aunque en 1601 nuevos brotes afectan al Archipiélago, algo que vuelve a suceder en el año 1691, ya a comienzos del siglo XVIII, la peste prácticamente desapareció en los puertos canarios y europeos. Sin embargo, otras plagas sí amenazaron Canarias, caso de la fiebre amarilla en los años 1701, 1810 y 1862; la viruela en 1780 y 1788; lepra en varias ocasiones o el tifus, especialmente, en 1703, en la isla de Gran Canaria.
Por ejemplo, la fiebre amarilla, propagada a través de mosquitos, se convierte en una de las epidemias más virulentas en las Islas en el siglo XIX. En 1810, en Tenerife y Gran Canaria, deja más víctimas que ninguna otra epidemia de la historia. En esta última isla se repiten, en 1838, casos de fiebre amarilla, después de la llegada de un barco procedente de La Habana (Cuba).
Evidentemente, la situación mejoró gracias a las innovaciones médicas aplicadas desde finales del siglo XIX (ver figura 6) y todo el XX…Así, y como dato de interés, respecto al Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados (Antiguo Hospital Civil de Tenerife, hoy flamante MUNA), durante la gran epidemia de fiebre amarilla en 1810, el edificio solo disponía de 54 camas cuando -en ese momento- en la ciudad se registraban unos dos mil enfermos…
Terrible fue también el brote de cólera morbo que afectó al puerto de Las Palmas de Gran Canaria en 1851, con gran impacto en prensa canaria y nacional en esa época. Todo comenzó con la muerte de una lavandera, el 24 de mayo de 1851. Rápidamente la enfermedad se expandió por el grancanario barrio de San José (donde ella vivía) causando gran desazón. Y recordemos que el Consejo de Ministros del 23 de abril de 1894 le concedió a Santa Cruz de Tenerife el título de Muy Benéfica y la Cruz de Primera Clase de la Orden de la Beneficencia, firmado por la Reina Regente María Cristina de Austria, por su abnegación, sacrificio y la solidaridad demostrada por los médicos y el vecindario durante los tres meses de epidemia de cólera morbo de 1893, en la que de una población de 19.722 habitantes fueron contagiadas 1.744 personas, falleciendo 382 (Ledesma, 2020).
Podemos decir, además, que en Canarias ha habido registros de variadas enfermedades en distintos momentos de su historia más reciente, provocadas por artrópodos (Valladares, 2011): malaria, leishmania, trypanosoma americano, filariasis, dengue, chikungunya, fiebre del Nilo Oriental o fiebre del Valle del Rif, por citar solo algunas. E incluso en ciertas epidemias del pasado es aún complejo identificar la dolencia concreta que se padeció, caso del brote del año 1906 en Tenerife (Ledesma, 2020) donde aún se discute si se trató de tifus o peste, algo que suele ocurrir con los datos de epidemias del pasado cuando se disponen de datos algo confusos o muy antiguos (White & Mordecai, 2020).
Asimismo, el llamado mosquito tigre (Aedes albopictus), originario del sudeste asiático, sigue suponiendo un riesgo sanitario importante. Entró al continente europeo adherido a neumáticos de maquinaria pesada y en mercancía relacionada con la jardinería. Portador de veinte patógenos, altamente peligrosos para el ser humano, donde se incluyen dengue y chikungunya, actualmente se producen crecimientos poblacionales periódicos en el oeste y sur de Europa.
En relación a esto, debemos señalar el interesante trabajo de Fernández López y Sierra López (1973) sobre la erradicación del mosquito Aedes aegypti en Canarias. Según estos autores todos los casos de epidemias de fiebre amarilla, acaecidos en el Archipiélago, tenían como vector al Aedes aegypti y, los brotes, se hallaban relacionados casi siempre con la intensa navegación entre Canarias y el centro y sur de América y ambientes cálidos (zonas bajas) de las Islas. Aunque hoy en día la especie está erradicada de Canarias, recientemente (año 2017), en la isla de Fuerteventura, se controló una pequeña población de esta especie, contabilizándose un pequeño número de ejemplares adultos, habiendo sospechas que pudo haber entrado a través de sustrato vegetal introducido por algún viajero.
Por otro lado, a efectos de comentar sobre epidemias en general, señalar que investigaciones recientes han puesto de manifiesto que carreteras que se adentran a través de densas y enigmáticas formaciones vegetales en zonas remotas, aumentan la exposición a todo tipo de agentes patógenos (Eisenberg et al., 2006), abriendo vías para contagios. Precisamente, algunas de las más devastadoras enfermedades infecciosas, incluidos el VIH y el Ébola, han surgido en el proceso de invasión del bosque por el ser humano (Hatcher et al., 2012). Según MacDonald & Mordecai (2019), autores que han examinado -en fechas recientes- el vínculo entre deforestación y malaria, los impactos ambientales antropogénicos son acuciantes (Hatcher et al., 2012). En el caso de Brasil (Dickie, 2019), el resurgimiento de la dolencia en las últimas décadas ha sido paralelo a la rápida pérdida arbórea y amplio asentamiento en la cuenca del Amazonas, pero la evidencia de un aumento de la enfermedad (según MacDonald & Mordecai, 2019) sigue siendo equívoca. Una causa subyacente de esta ambigüedad es que la deforestación y la malaria se influyen mutuamente en las relaciones causales bidireccionales (la deforestación aumenta la malaria a través de mecanismos ecológicos y la malaria reduce la deforestación a través de mecanismos socioeconómicos) y que la fuerza de estas relaciones depende de la etapa de transformación del uso de la tierra. Para los expertos, MacDonald & Mordecai (2019), basándose en un conjunto de datos geoespaciales que abarcó 795 municipios durante 13 años (2003 a 2015), la deforestación tiene un fuerte efecto positivo sobre la incidencia de la malaria. Así, un aumento del 10% en la deforestación conduce a un aumento del 3,27% en la incidencia de malaria (unos 9.980 casos asociados con 1.567 km2 en el año 2008, el punto medio del estudio, en toda la Amazonía). Sin embargo, este efecto solo es detectable después de controlar la retroalimentación de la carga de malaria sobre la pérdida de bosques, por lo que el aumento de malaria reduce significativamente la tala de bosques, posiblemente mediada por el comportamiento humano o el desarrollo económico. Estiman que un aumento del 1% en la incidencia de la enfermedad implica una disminución del 1.4% en el área forestal despejada. Esta retroalimentación socio/ecológica bidireccional entre la deforestación y la malaria, que se atenúa a medida que se intensifica el uso de la tierra ilustra, según estos científicos previamente señalados, la estrecha relación entre el cambio ambiental y la salud humana (Ebi & Nealon, 2016; Hartig et al., 2014; Odgen, 2018; Patz & Thomson, 2018). Sobre esto, es interesante señalar que Winegard (2019), en el caso de Asia (durante el siglo XIII) y en relación con las epidemias en épocas pasadas expresa…” el intrincado sistema de canales y embalses utilizados, tanto para el comercio como para el cultivo de arroz y la piscicultura; la tala y deforestación de grandes extensiones y las inundaciones catastróficas durante la Pequeña Edad de Hielo, crearon un paraíso ideal para el dengue y malaria que los mosquitos transmitían…”
En este sentido, debemos mirar a los museos de ciencias naturales (Hernández, 2017; 2019), en concreto sus colecciones de historia natural, que juegan un papel fundamental a la hora de dar respuesta a toda serie de problemas, como los que hemos señalado. Y es que no podemos obviar que las colecciones biológicas, donde se incluyen, además de las clásicas conocidas, material genético, tejidos, otolitos, huevos, pieles, huesos, esqueletos, así como herbarios botánicos, contribuyen, de manera notoria, tanto a la ciencia como a la sociedad, y en campos tan divergentes como seguridad pública, sanidad local, cambio climático, prevención de catástrofes, cultivos agrícolas, enfermedades puntuales o como es el caso que hablamos… epidemias (pandemias) (Bradley et al., 2014; Dieuliis et al., 2016; Funk, 2018; MacLean et al., 2018; Mathiasson et al., 2019: Pinto et al., 2010; Scheper et al., 2014; Schindel & Cook, 2018; Suárez & Tsutsui, 2004, Tieu et al., 2018; Tewksbury et al., 2014; Watanabe, 2019 y Winker, 2004).
Pensemos que, alrededor del 60% de las muestras, utilizadas para documentar algunos de los problemas ambientales, mencionados previamente, se ha obtenido de ejemplares custodiados (durante muchos, muchos años) en museos (Kress, 2014).
“De arboles i yervas salutíferas, que produze el Peru se pudiera llenar un tomo, i referir milagros de la naturaleza (…) Produze esta tierra un sin numero de yervas medicinales i raizes provechosas, unas conocidas, que son la botica de los Indios, i curan a los Españoles donde no ay boticas, i muchas se aplican en las ciudades donde curan Medicos, i ojala trataran de conocer las que no están esperimentadas, i estudiaran en ser erbolarios, que la salud no se espusiera a tantos peligros, ni los medicamentos sinples permitieran tantos achaques. Dase un árbol que llaman de calenturas en tierra de Loja, con cuyas cortezas, de color de canela, echas polvos dados en bebida el peso de dos reales, quitan las calenturas i tercianas; an echo en Lima efectos milagrosos…”
Fray Antonio de Calancha (describiendo el árbol de la quina)
BIBLIOGRAFÍA
Acosta-Solis, M. (1989). La Cinchona o Quina. Planta nacional del Ecuador. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias, 17(65): 305-311.
Afrane, Y. A., G. Zhou, B.W. Lawson, A.K. Githeko & G. Yan (2006). Effects of microclimatic changes caused by deforestation on the survivorship and reproductive fitness of Anopheles gambiae in western Kenya highlands. American Journal Tropical Medicine and Hygiene, 74:772–778.
Andersson, L. (1998). A revision of the genus Cinchona (Rubiaceae-Cinchoneae). Memoirs of the New York Botanical Garden, 80:1-75.
Andersson, L. & A. Antonelli (2005). Phylogeny of the tribe Cinchoneae (Rubiaceae), its position in Cinchonoideae, and description of a new genus Ciliosemina. Taxon, 54(1): 17-28.
Appel, J.W. (1994). Francisco José de Caldas: A scientist at Work in Nueva Granada. Transactions American Philosophical Society, New Serie, 84 (5):1-154.
Aymard, G. A. (2019). Breve reseña de los aspectos taxonómicos y nomenclaturales actuales del género Cinchona (Rubiaceae-Cinchoneae). Revista de la academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales, 43 (suplemento):234-241.
Bado, S. (1663). Anastasis corticis peruviae, seu chinae defensio. Biblioteca Madrid.
Bonow, R.O., A. F. Hernandez & M. Turakhia (2020). Hydroxychloroquine, Coronavirus Disease 2019, and QT Prolongation. JAMA Cardiology, Published online, May, 2020.
Bradley, R., L.C. Bradley, H. J. Garner & R. J. Baker (2014). Assesing the value of natural history collectiosn and addressing issues regarding long-term growth and care. BioScience, 64 (12):1150-1158.
Caldas, F. J. (1805). Memoria sobre el estado de las Quinas en general y en particular sobre la de Loxa. Archivo del Real Jardín Botánico de Madrid (archivo José Celestino Mutis).
Cosenza, G. P., N.S. Somavilla, C. W. Fagg & M.G. Brandao (2013). Bitter plants used as substitute of Cinchona spp. (quina) in Brazilian traditional medicine. Journal Ethnopharmacology, 149: 790-796.
Cox, F. E.G. (2010). History of the discovery of the malaria parasites and their vectors. Parasites and Vectors, 3:1-5.
Crawford, M. J. (2016). The Andean wonder drug: Cinchona bark and imperial science in the Spanish Atlantic, 1630-1800. The University Pittsburgh Press, Pittsburgh, PA:1-336.
Cuvi, N. (2011). The Chinchona Program (1940-1945): Science and imperialism in the exploitation of a medicinal plant. Dynamis, 31 (1):183-206.
Cuvi, N. (2018). Tecnociencia y colonialismo en la historia de las Cinchona. Asclepio, 70(1): 1-13.
Dickie, G. (2019). Nepal is reeling from an unprecedented dengue outbreak. ScienceNews, (Humans). October, 2019.
Dieuliis, D., K. R. Johnson, S. S. Morse & D.E. Schindel (2016). Specimen collections should have a much bigger role in infectious disease research and response. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of América, 113 (1):4-7.
Ebi, K.L. & J. Nealon (2016). Dengue in a changing climate. Environmental Research, 151:115–123.
Eisenberg, J., W. Cevallos, K. Ponce, K. Levy, S. Bates, J. Scott, A. Hubbard, N. Vieira, P. Endara, M. Espinel, G. Trueba, L. Riley & J. Trostle (2006). Environmental change and infectious disease: How new roads affect the transmission of diarrheal pathogens in rural Ecuador. Proceedings National Academy Scientific, 103: 19460–19465.
Fernández Pérez, J. (2019). La solución del enigma botánico de las quinas, ¿incompetencia o fraude? Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia. 154 páginas. ISBN 978-84-09-10089-7.
Fernández Pérez, J., C. Jiménez Artacho y J. Fonfría Díaz (2004). Las quinas de Caldas. Actas VIII Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, páginas:559-583.
Fernández López, J.M. y A. Sierra López (1973). Encuesta de erradicación del mosquito Aedes aegypti L. en las Islas Canarias. Boletín informativo de la Jefatura Provincial de Santa Cruz de Tenerife, 9;15-17;21-34.
Fragoso, J. (1572). Discurso de las cosas aromáticas, árboles y frutales, y de otras muchas medicinas simples que se traen de la India y Oriental y sirven al uso de la medicina (transcripción).
Funk, V. A. (2018). Collections-based science in the 21st Century. Journal of Systematics and Evolution, 56 (3):175-193.
González Bueno, A. (2008). Mitos y leyendas en torno al descubrimiento de la utilidad terapéutica de las quinas. En: Las quinas. Homenaje a D. César González Gómez. Publicaciones de la Real Academia de Farmacia. Villar del Fresno & Doadrio (editores). Ministerio de Educación:37-50.
González-Torga, A., P. Berbel, M. González-Hernández, J. Sanchez-Payá, J. Barrenengoa, M. D. Galicia y J. F. Navarro (2008). Contribución al estudio histórico del paludismo. Medicina Preventiva, Vol. XIV (3): 34-39.
Haggis, A.W. (1941). Bulletins of History in Medicine. Editorial McGraw Hill, Nueva York.
Hartig, T., R. Mitchell, S. de Vries & H. Frumkin (2014). Nature and Health. Annual Review Public Health, 35: 207-2028.
Hatcher, M.J., J. T. A. Dick & A. M. Dunn (2012). Disease emergence and invasions. Functional Ecology, 26:1275–1287.
Hernández, F. (2017). Colecciones en museos de Ciencias Naturales: herramientas esenciales para resolución de problemas actuales. Vieraea, 45:409-422.
Hernández, F. (2019). El planeta de la biota de oro. Web de Museos de Tenerife. https://www.museosdetenerife.org/muna-museo-de-naturaleza-y-arqueologia/evento/5403. Once de noviembre de 2019.
Herren, J.K., L. Mbaisi, E. Mararo, E. E. Makhulu, V. A. Mobegi, H. Butungi, M. V. Mancini, J. W. Oundo, E. T. Teal, S. Pinaud, M. K. N. Lawniczak, J. Jabara, G. Nattoh & S. P. Sinkins (2020). A microsporidian impairs Plasmodium falciparum transmission in Anopheles arabiensis mosquitoes. Nature Communications, 11:2187.
Humboldt, A. (1821). Account of the Cinchona Forest of South America: 19-59. In: An illustration of the genus Cinchona: comprising descriptions…Londres, J. Searle.
Jäger, H. (2015). Biology an Impacts of Pacific Islands invasive Species. 11. Cinchona pubescens (Red quinine Tree-Rubiaceae). Pacific Science, 69 (2):133-153.
Jaramillo Arango, J. (1950). Estudio Crítico acerca de los hechos básicos en la historia de la quina. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 8 (30): 61-128.
Jussieau, A. (1714). Plantae per Galliam, Hispaniam et aliam observatae. París.
Keeble, T.W. (1997). A cure for the ague: The contribution of Robert Talbor (1642 – 81). Journal Royal Society Medical, 90: 285-290.
Kress, W.J. (2014). Valuing collections. Science, 346:1310.
Larreátegui, D. R. & L. Lafuente Cevallos (2013). El árbol de quina, 400 años de su descubrimiento en el Ecuador. Revista Metro Ciencia, 21 (1):1-8.
La Condamine, C. M. (1738). Sur l’arbre de quinquina. Memoires de l’Academie des sciences, 4:226-243.
Ledesma, J. M. (2020). Grandes epidemias en Tenerife (I). Periódico El Día, 22 de marzo de 2020.
Ledesma, J.M. (2020). Grandes epidemias en Tenerife (y II). Periódico El Día, 29 de marzo de 2020.
Ledesma, J.M. (2020). Grandes epidemias en Tenerife (y II). Periódico Diario de Avisos, 5 de abril de 2020.
Ledesma, J.M. (2020). Grandes epidemias en Tenerife. La epidemia de 1906. Tifus o peste bubónica? Periódico El Día, 26 de abril de 2020.
Ledesma, J.M. (2020). Médicos distinguidos en la epidemia del cólera morbo de 1893. Periódico El Día, 26 de abril de 2020.
Linnaeus, C. (1753). Cinchona. Species Plantarum.
MacDonald, A. J. & E. A. Mordecai (2019). Amazon deforestation drives malaria transmission, and malaria burden reduces forest clearing. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116 (44):22212-22218.
MacLean, H.J., M.E. Nielsen, J.G. Kingsolver & L.B. Buckley (2018). Using museum specimens to track morphological shifts through climate change. Philosophical Transactions of the Royal Society of London, Series B, 374: 20170404.
Mathiasson, M. E. & S. M. Rehan (2019). Status changes in the wild bees of north‐eastern North America over 125 years revealed through museum specimens. Insect Conservation and Diversity, 12:278–288.
Medina Rodríguez, F. (2007). Precisiones sobre la historia de la quina. Reumatología Clínica, 3 (4):194-196.
Mercuro, N.J., C. F. Yen, D. J. Shim, T. R. Maher, C. M. McCoy, P. J. Zimetbaum, & H. S. Gold (2020). Risk of QT Interval Prolongation Associated With Use of Hydroxychloroquine With or Without Concomitant Azithromycin Among Hospitalized Patients Testing Positive for Coronavirus Disease 2019 (COVID-19). JAMA Cardiology, Published online, May, 2020:1-6.
Monardes, N. (1574). Primera, segunda y tercera partes de la Historia Medicinal de las cosas que le traen de nuestras Indias Occidentales y sirven al uso de la medicina. Sevilla, 1572.
Ogden, L. E. (2018). Climate change, pathogens and people. The challenges of monitoring a moving target. Bioscience, 68: 733-739.
Ortiz-Crespo, F. (1994). La Cinchona antes y después del Virreinato del Conde de Chinchón. Interciencia, 19 (3):130-136.
Ortiz-Crespo, F. (1995). Fragoso, Monardes and pre-Chinchonian knowledge of Cinchona. Archives Natural History, 22:169.
Pascual, M., J.A. Ahumada, L.F. Chaves, X. Rodó & M. Bouma (2016). Malaria resurgence in the East African Highlands: Temperature Trends revisited. Proceedings of the National Academy of Sciences, 103 (15):5829-5834.
Patz, J.A. & M. C. Thomson (2018). Climate change and health: Moving from theory to practice. PloS Medicine, 15 (7):e1002628.
Paz Soldán, C. E. (1938). Las tercianas del conde Chinchón. Lima, Perú: La Reforma Médica, 1938:1-97.
Paz Soldán, C. E. (1940). La vida aventurera de Abel Victorino Brandin, el introductor del sulfato de quinina en la América meridional. Anales de la Sociedad Peruana de Historia de la Medicina, año II, Vol. II:11-29.
Pinto, C.M., B.D. Baxter, J.D. Hanson, F.M. Méndez-Harclerode, J.R. Suchecki, M.J. Grijalba, C. F. Fulhorst & R.D. Bradley (2010).Using Museum Collections to Detect Pathogens. Emerging Infectious Diseases, 16 (2):356-357.
Poinar, G., T. J. Zavortink & A. Brown (2019). Priscoculex burmanicus n. gen. et sp. (Diptera: Culicidae: Anophelinae) from mid-Cretaceous Myanmar amber, Historical Biology:1-6. https://doi.org/10.1080/08912963.2019.1570185.
Puerto Sarmiento, F. J. (2008). La quina: el palo indomable. Aspectos científicos y disputas personales en el fracaso del monopolio español de la quina durante el siglo XVIII. En: Las quinas. Homenaje a D. César González Gómez. Publicaciones de la Real Academia de Farmacia. Villar del Fresno & Doadrio (editores). Ministerio de Educación:50-63.
Rey Bueno, M. (2015). Guerras panfletarias en torno a la quina. Documentación inédita (1638-1705). Pecia Complutense, Año 12 (23):21-34.
Roersch van der Hoogte, A. & T. Pieters (2015). Science, industry and the colonial state: a shift from a German-to a Dutch-controlled cinchona and quinina cartel (1880-1920). History Technology, 31:2-36.
Ruiz, H. (1994). Quinología, suplemento a la Quinología. Editorial Fundación Ciencias de la salud. ISBN 10: 8472392791 / ISBN 13: 9788472392793.
Ryan, S. J., C. J. Carlson, E. A. Mordecai & L. R. Johnson (2019). Global expansion and redistribution of Aedes-borne virus transmission risk with climate change. PLoS Neglected Tropical Diseases, 13 (3):e0007213.
Sánchez Mata, D. (2008). Notas botánicas y geobotánicas sobre el género Cinchona L. (Rubiaceae, Cinchonoideae, Cinchoneae). En: Las quinas. Homenaje a D. César González Gómez. Publicaciones de la Real Academia de Farmacia. Villar del Fresno & Doadrio (editores). Ministerio de Educación:63-77.
Scheper, J., M. Reemer, R. van Kats, W. A. Ozinga, G.T.J. van der Linden, J. H.J. Schaminée, H Siepel & D. Kleijn (2014). Museum specimens reveal loss of pollen host plants as key factor driving wild bee decline in the Netherlands. Proceedings of the National Academy of Sciences, 111(49):17552-17557.
Schindel D. & J. A. Cook (2018). The next generation of natural history collections. PlOSBiology, 16(7):e2006125.
Stork, N.E. (2018). How Many Species of Insects and Other Terrestrial Arthropods Are There on Earth? Annual Review of Entomology, 63:31–45.
Suárez, A.V. & N. D. Tsutsui (2004). The value of Museum collections for research and society. BioScience, 54 (1):66-74.
Taylor, C. M., B.E. Hammel & D. H. Lorence (2014). Rubiaceae. En: Manual de plantas de Costa Rica. Vol. VII. B.E. Hammel, M.H. Grayum, C. Herrera & N. Zamora (editores). Monogr. Syst. Bot. Missouri Botanical Gardens, 129:464-779.
Tewksbury, J. J., J. G. T. Anderson, J. D. Bakker, T. J. Billo, P. W. Dunwiddie, M. J. Groom, S. E. Hampton, S. G. Herman, D. J. Levey, N. J. Machnicki, C. Martínez del rio, M. E.. Power, K. Rowell, A. K. Salomon, L. Stacey, S. C. Trombulak & T. A. Wheeler (2014). Natural History’s Place in Science and Society. BioScience, 64 (4):300-310.
Tieu, M.S., R. J. Harrigan, H. A. Thomassen & T. B. Smith (2018). Ghosts of infections past: using archival samples to understand a century of monkeypox virus prevalence among host communities across space and time. Royal Society Open Science, 5: 171089.
Valladares Hernández, B. (2011). Cambio climático y enfermedades tropicales. Conferencias de Invierno 2011 sobre el Cambio Climático en Canarias. En: Nazco Medina, N. & Martín, J.L. 2013. Síntesis del conocimiento sobre los efectos del cambio climático en Canarias. Proyecto Clima-Impacto. Gobierno de Canarias.
Watanabe, M. E. (2019). The Evolution of Natural History Collections. Bioscience, 69 (3):163-169.
White, L.A. & L. Mordechai (2020). Modeling the Justinianic Plague: Comparing hypothesized transmission routes. PLoSONE, 15(4): 1-21, e0231256.
Winegard, T.C. (2019). El mosquito: La historia de la lucha de la humanidad contra su depredador más letal. Ediciones B. 496 páginas. ISBN 9781524743413.
Winker, K. (2004). Natural History Museums in a Postbiodiversity Era. BioScience, 54 (5):455-459.
Wood, C.L., A. McInturff, H. S. Young, D. H. Kim & K. D. Lafferty (2017). Human infectious disease burdens decrease with urbanization but not with biodiversity. Philosophical Transactions Royal Society, B, 372:20160122.
