CINCO SIGLOS SIN FERNANDO II DE ARAGÓN. Cómo un solo hombre forjó una nación (y IV)

Pedro Galán García
Teniente general

EL ARTE DE GOBERNAR

«Antepongo un rey a los pasados; propongo uno a los venideros. Oráculo mayor de la razón de estado» Gracián

La nota específica que define la concepción del gobierno de Fernando es el hecho de que entiende su labor como una obligación y no como un derecho. Tenerse a sí mismo por el prin-cipal servidor del Estado le permitió no dejarse influenciar ni por intereses personales ni por la presión de ningún grupo de presión nobiliario, para moverse únicamente por las vías del interés del estado.

Su actuación destaca, especialmente, por su minuciosidad en proponer claramente sus objetivos de gobierno y establecer los criterios para emplear las capacidades adecuadas al logro de esos objetivos; lo que, en la definición de Miguel Angel Ballesteros, le convierte en un verdadero estratega. En efecto, no decide jamás iniciar una guerra sin considerar previamente el valor de sus soldados y, además, el coste y los medios a emplear para alcanzar sus obje-tivos de la forma más rápida y menos costosa posible.

Siguiendo de nuevo a Manuel Ayllón podemos extraer las cinco reglas que este rey consideraba los fundamentos del arte de la política: la prime-ra, conservar el ánimo frío para obrar; la segunda, mirar y remirar los asuntos sin prisa y desde todos los lados para conocerlos bien; la tercera, preve-nir con tino lo que está por comenzar; la cuarta, responder con fuerza y contundencia cuando surge algo imprevisto que pueda hacer daño, y la quinta, y la más principal y necesaria, ser flexible y negociar con el enemigo después de la victoria, si no ha podido ser antes de la batalla.

No le resultó nada fácil hacer a los nobles partícipes de su nuevo concepto de estado, en especial en el sentido, revolucionario en ese mo-mento, de no confundir los intereses personales con los del reino; en aplicar los esfuerzos y los recursos con justicia en aras del bien común. Sin embargo, merced a su temperamento sereno, su enorme entrega a sus responsabilidades, su obsesión por el trabajo colaborativo, por lograr la implicación de cuantos le rodeaban, incluso de sus enemigos, en los proyectos que acometía y su respeto al trabajo y la dedicación de las personas con independencia de su extracción social, fue un líder que ganó siempre el afecto y la confianza de los suyos.

EL CONCEPTO DE ESPAÑA

«Conoció y supo estimar su gran poder, sacando los españoles a las provincias extrañas los trasformó en leones» Gracián

En Aragón convivían diferentes lenguas, cor-tes, leyes y modos de regirse por lo que Fernando creció conviviendo con la necesidad del diálogo y el pacto entre las diferentes partes de cualquier organización para poder unir fuerzas en el logro de los objetivos comunes como única forma de alcanzarlos.

También aprendió que el mar es un aliado que une los pueblos en lugar de constituir una barrera infranqueable que obstaculiza la relación entre ellos. De manera que las posibilidades de desarrollo no acaban en la tierra propia sino que se extienden a través de todos los caminos.

Así que él, que nunca llegó a titularse rey de España, sino de cada una de sus partes, tuvo siempre como proyecto unir todas estas partes y mantenerlas unidas bajo una misma corona para lograr, no un mero conjunto de pueblos, sino una verdadera suma pactada, aceptada y querida por todos sin que ninguno prevaleciera sobre los demás ni ninguno fuera menos que cualquier otro. Es decir, Fernando luchó porque España no fuera sólo algunos reinos sino la conjunción de todos para así poder seguir, gracias a la fuerza de la unión, una única gran estrategia.

El creía sin asomo de duda en las ventajas de esta unión y a lograrla dedicó todos sus es-fuerzos. De hecho, en su tiempo, España ya era percibida como una nación desde el exterior,

aunque los propios españoles tardásemos un poco más en apreciar la colosal labor que este rey, de tan incierto futuro al comienzo de su vida pública, llegó a realizar.

Concluyo conviniendo con Henry Kamen en que quizás sea el jesuita aragonés Pedro Abarca quien mejor nos puede proporcionar una imagen final del hombre que forjó esta nación:

Este es el rey que, sin lisonjas de los historia-dores ni excepciones de la Historia, ha queda-do firme en los aplausos y agradecimientos de España para Libro y Ejemplo de nuestros Reyes y Capitanes; las victorias y los triunfos ya de su persona, ya de su providencia, no caben en un compendio.

BIBLIOGRAFIA

— Gracián B.: El Político Don Fernando El Católico, Almuzara 2010
— Fernando de Aragón, El rey que imaginó España y la abrió a Europa. Corona de Aragón Historia y Arte, 2015
— Ferdinandus Príncipe del Renacimiento Rex Hispa-niarum. Diputación Provincial de Zaragoza/Cortes de Aragón, 2006
— Fatás G.; Equipo CYG: Prontuario Aragonés del Rei-no y la Corona de Aragón. Cortes de Aragón 2014
— Ayllón M.: Yo, Fernando de Aragón el único Rey de las Españas. Belacqua 2004
— Kamen H.: Fernando el Católico. La esfera de los libros 2015
— de Rojas M.: Breve Historia Militar de España, IHCM, 2015
— Ballesteros M.A.: En busca de una estrategia de seguridad nacional. Ministerio de Defensa, 2016.¦

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