Ayer celebramos un segundo domingo de cuaresma invernal en La Laguna a modo de pregón de la Semana Santa

Por Julio Torres Santos

Así amaneció ayer la vieja ciudad de los Adelantados…

El domingo 25 de febrero de este año de 2018 nos ha regalado un hecho que fuera, otrora, trivial. Sin embargo, trascurriendo los presentes tiempos, tiene una enjundia e importancia tales que, por sí solo, merece ser noticia de portada en nuestro periódico, ocupado e interesado por todo lo relacionado con la ciudad de San Cristóbal de La Laguna.

Y es que, ¡por fin!, el invierno este año se ha dejado sentir en esta vieja ciudad. “Cae lenta la lluvia verleniana,/suena lejos la voz de una campana/en las tardes de invierno neblinosa”; tal y como, en 1949, vieron y cantaron a nuestra ciudad de los Adelantados los ojos de Luis Álvarez Cruz, uno de sus insignes descendientes.

Anuncia esta importante noticia, cual remoto pregonero, un lagunero del siglo pasado. Es decir, un lagunero que nació, vivió y disfrutó aquella Laguna del siglo XX. Aunque habitamos un nuevo siglo, apenas algo más de tres lustros nos separa del anterior, de aquellos tiempos en los que la lluvia se apoderaba de “los ancestrales palacios y del convento ancestral”, en suma, de “la ciudad serena y altiva” (sigo recordando a mi admirado Álvarez Cruz). Ese lagunero anuncia hoy, gozoso y regocijado, que una penetrante e intensa niebla se agrupa a los costados de ése, nuestro Castillo del Camino Largo; que esa adusta neblina (o “nublina” que así la llamaran aquellos campesinos de la Vega) trepa por las tan queridas y antañonas palmeras del Camino Largo, anegando todo el paseo de una sutil en impenetrable penumbra; que está “chiaspeando” y que las sutiles pero briosas y decididas gotas de esta llovizna penetran poco a poco, aunque reciamente, en las antañonas piedras que, artísticamente “apiladas”, configuran la torre de la Concepción, los muros de basáltica piedra de aquella cantera (Las Canteras) que conforman ésa Matriz, la Parroquia de la Concepción primera de la isla.

En definitiva, es invierno en La Ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Se dibuja en nuestra ciudad una estampa que ya el otoño perfilaba en aquellos, ¿remotos?, años del siglo XX. Así la describió Luis Álvarez Cruz en “La ciudad en Otoño”. Este poema, que reproducimos seguidamente, es, en sí mismo, otro regalo a nuestros lectores, ya que la versión publicada, y por tanto conocida, del mismo corresponde a la “Antología poética de La Laguna”, recopilada por Sebastián de la Nuez en 1983. Aquí ofrecemos una versión anterior del mismo, que su autor publicó en la prensa en 1926.

Otoño: la llovizna solloza mansamente.
Todo es brumoso y mudo, desvaído, irreal…
Me pierdo en el silencio de la calle doliente
por donde la Leyenda cruza en vuelo caudal.

Yérguen, ceremoniosos, su pesadumbre ingente,
el adusto palacio y el convento ancestral…
La ciudad es serena y es altiva. Se siente
un profundo desprecio por todo lo banal.

Este otoño nostálgico, tan divino y tan breve,
me aprisiona el espíritu con su mano de nieve,
me embriaga de un augusto misticismo sereno…

Y en tanto que la lluvia se deshace, rendida,
se va hilando en la rueca de la tarde dormida…
la lírica madeja que guardaba en mi seno.

Estas evocadoras estampas rescatan y reviven en la memoria de este remoto pregonero otras ligadas a la Semana Santa lagunera. Imágenes que rescatan el recuerdo de unos capuchinos empapados de fervor pero, sobre todo, de lluvia; la repentinamente apresurada y acelerada marcha de los pasos por las húmedas y resbaladizas calles laguneras, buscando cobijo en la iglesia más cercana; la precipitada búsqueda de un improvisado manto de plástico para cubrir la incauta desnudez de las artísticas tallas,… Nos hemos “mal acostumbrado”: este mal tiempo era el preludio de una primavera en ciernes y, con suerte, se despejaba con el equinoccio. Lo normal era que no dispusiéramos de tal suerte y que la lluvia, la niebla y el viento envolvieran a fieles, capuchinos y pasos. En suma, este tiempo era, en realidad, el umbroso y húmedo pregonero de la Semana Santa. Como tal, con estas líneas anunciamos nuestra Semana Mayor en La Laguna.

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