AMARO PARGO: LA TRADICIÓN HISTÓRICA DE UN CORSARIO LAGUNERO (I). Por Carlos García, Del libro «La Ciudad: Relatos Históricos» 1996
N.E: Estamos, quizás, ante la mejor narración histórica sobre el pirata Amaro Pargo. La podrán seguir a lo largo de ocho capítulos.
PIRATAS Y CORSARIOS DE CANARIAS.
Desde época muy temprana a la conquista de las islas, por tanto desde el mismo siglo XV, la piratería fue una ctividad frecuentada en nuestra geografía insular. El factor geográfico insular es uno de los que favorecen la práctica de ésta actividad, tan antigua como la historia de las civilizaciones, donde la navegación se hace precisa para sus comunicaciones, sus comercios y expansiones necesarias. Son las islas los reductos naturales de piratas y corsarios, filibusteros y bucaneros, que hacen con sus costas y acantilados, con sus caletas y bahías, lugar predilecto para poder realizar sus rapiñas y asaltos con sus buques y navío.
La historia de nuestros puertos está llena de numerosas batallas motivadas por las diferentes entradas y correríaspiráticas de naciones extranjeras, con afán de saqueo o de represalias contra los habitantes canarios, sin duda motivada por la importancia marítima de nuestras costas, puesto y enclave privilegiado en la escala de Europa hacia Oriente y hacia América.
Desde los asaltos berberiscos, argelinos o marroquíes procedentes de las vecinas costas africanas hasta los ataques realizados por portugueses, franceses o ingleses, sin olvidarnos de los holandeses, se ha ido escribiendo parte de nuestra historia.
Nombres tan conocidos como los de los franceses Jean Fleury, Saintonge, Pie de Palo, Jacques de Sores, o La Motte. Más famosos tal vez los ingleses John Hawkins, Cooke, Sir Francis Drake o Sir Walter Raleigh, sin olvidarnos de Blake, Gennings o Nelson, tan ligados a la historia directa de Santa Cruz.
Los corsarios moros como Calafat, que fue la primera expedición morisca contra Lanzarote en 1569 que con sus diez galeras apresó a centenares de esclavos, o “Cachidiablo”, sin desdeñar a Morato Arráez. Y para terminar este breve recordatorio, mencionar al holandés Van der Does que tanto mal causó a la isla de Gran Canaria y su capital, como también a la isla de
La Palma en la última década de 1500. No obstante su continuada presencia en nuestra historia, las actividades corsarias en Canarias no son del todo conocidas o por lo menos nadie hasta el momento le ha dedicado sus esfuerzos con toda amplitud, en contraposición con la piratería de los que sí existen magníficos y fundamentales trabajos que en torno a éste tema ha realizado el Dr. Rumeu de Armas con su “Piraterías y ataques navales contra las Islas Canarias”, que en su día le valió el importante premio Antonio de Nebrija.
Informa D. Antonio Rumeu en éste trabajo que ya desde el tercer viaje de Cristóbal Colón, en 1498, se advierte la presencia de un corsario francés en la isla de la Gomera, remontándose hasta esas fechas tan remotas la figura de los piratas entre nosotros.
Desde los primeros años de la conquista de las islas se hicieron frecuentes entradas y correrías en Berbería, siendo los Señores de las Canarias, desde el normando Juan de Bethencourt, los que comenzaron con el tráfico de prisioneros y que fueron el núcleo originario de los moriscos que se establecieron en las islas, especialmente en las orientales.
Fue por tanto ésta una presencia constante y normal en la vida isleña, hasta el punto de que no pasó desapercibida entre los canarios, por lo que la figura del corso también se dio entre ellos.

