Actos en el Teatro Leal para este 23 de octubre de 2025

23 de octubre de 2025. A las 20:30.-horas

Marguerite Durás. Una mujer que se escribió a sí misma. En ella la vida, el amor y la escritura resultan ser elementos integrales de una única historia. Durás nace y crece envuelta en violencia, amor y muerte. En su obra, producto de esta experiencia, resulta casi imposible situar el límite entre realidad y ficción. Decía de si misma que en su largo recorrido solo había sido fiel al alcohol y a la escritura.

Durás se proyecta como la autora del deseo, la narradora del eros. Su teatro, su narrativa y su cine están preñados de una emoción contradictoria. Laten con el pulso de su propia vida. Su estilo fue volviéndose cada vez más abstracto, íntimo y abiertamente feminista. Los silencios, la violencia repentina e inexplicable, la mordida de la pasión, el naufragio en el amor, conforman el núcleo de su creación. Una artista frenética, compulsiva, libre, inclasificable, que ha trascendido convertida en icono popular.

Su firme desprecio por la opinión pública le permitiría expresarse sin filtros. Ganadora del Gran Premio de Teatro de la Academia Francesa, fue directora de sus propios textos teatrales como La Música. Con El amante (1984) obtuvo el Premio Goncourt, y alcanzó un éxito mundial, con más de tres millones de ejemplares vendidos y traducida a cuarenta idiomas. Escribió el guión de Hiroshima, mon amour , película dirigida por Alain Resnais, Durás fué nominada al Oscar como mejor guión original en 1961. Su obra literaria cuenta con unas cuarenta novelas y una docena de piezas de teatro. Escribe La Música , en 1965. Durás muere el 3 de marzo de 1996 en París, un mes antes de cumplir 82 años. Las letras francesas lloraron el adiós de una de sus figuras más controvertidas del siglo XX.

De todas las colinas llegaban gritos Teatro Leal. Sala de cámara

Jueves, 23 de octubre de 2025. A las 19:00.-horas

De todas las Colinas llegaban gritos es un proyecto de largo recorrido (2024-2026) a mitad camino entre Arte y Ciencia que trata de abordar aquello que está más allá de nuestra sensibilidad y de nuestra comprensión natural y adquirida y que busca reestablecer y reinventar nuestra relación con el cosmos. Queremos comprender el cielo con la ayuda de los sistemas de leyes que pertenecen al pensamiento científico, pero también con la ayuda de otros saberes y aproximaciones más propias como la filosofía, la antropología o las herramientas que nuestra práctica artística nos posibilita, y desde ahí hacer nuestra modesta aportación a la tarea de deconstrucción y decolonización de las estructuras profundamente occidentalizadas y sexistas que gobiernan el ámbito científico.

De entre todos los acontecimientos posibles que nos brinda el universo escogemos de forma simbólica el eclipse solar total, porque es un suceso muy directo, fácil de predecir y que nuestros sentidos son capaces de admirar en todo su esplendor. De pronto, en pleno día, la luna se desliza sobre el sol, creando la noche en la tierra y en el cielo. Todo se oscurece, la temperatura baja hasta diez grados y una gran mancha negra recorre una franja de la tierra a una velocidad endiablada. Elegimos el eclipse por su eficacia para generar en un breve lapso de tiempo una emoción desorbitada y una profunda conexión con el mundo; una percepción de lo sublime, que como diría Edmund Burke: es aquello que nos hace sentir la propia existencia en disminución. En la oscuridad del eclipse, dice Dillard, «éramos los muertos del mundo… nuestras mentes estaban a años luz de distancia, olvidadizas de casi todo… parecía que amábamos el planeta y amábamos nuestras vidas, pero ya no podíamos recordar el camino hacia ellos. Nos equivocamos de luz”.

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