Amadeo: un amigo, un hombre bueno

Esteban Afonso Rodríguez
Presidente del Orfeón La Paz y del Juventud Laguna

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Amadeo supo por la prensa que iba a ser vicepresidente del Orfeón La Paz. Fue en 1988. Al que suscribe lo habían elegido presidente sin ser candidato y, ante la tesitura de conformar un equipo de trabajo sin esperarlo, decidí tirar del amigo que ya me acompañaba en la Directiva del Juventud Laguna. Sin decírselo previamente. Tenía razones para enfadarse, pero no lo hizo. Demostró ya entonces su amor por esta sociedad y, especialmente, la bonhomía que, en adelante, regalaría al orfeonismo.

Su marcha hace unos meses dejó en su familia y amigos un vacío grande, propio de alguien que siempre actuaba desde el respeto y la educación hacia los demás. Y con mucha entrega. Hacia el Orfeón (unas dos décadas), al Juventud Laguna (más de tres), a la música, a su gente, al deporte… Es por eso, un poco por todo, que este sábado la sede social del Orfeón La Paz acogerá un homenaje a Amadeo Bruno Estudis. Un tributo necesario y, sobre todo, justo, porque sus desvelos por esta casa no fueron cosa de un día.

Yo lo conocí en la Cancha Anchieta, allá en la noche de los tiempos. Aquella sería la génesis de esa posterior andadura conjunta en el Juventud Laguna y en el Orfeón. Y, por encima de cualquier otra consideración, de una amistad para siempre. Lo digo pese a que tal vez sea inadecuado que el representante de un colectivo se exprese tan en primera persona, pero, cuando se trata de hablar de gente de su categoría humana y de un amigo, al menos para mí resulta imposible desligar los sentimiento de los cargos que uno pueda tener.

Lo cierto es que Amadeo hizo bastante por el Orfeón y por el Juventud. Sirva como ejemplo que fue uno de los propulsores de la Exaltación a la Mujer Canaria y que organizó el certamen de avemarías en la Catedral, que resultó un rotundo éxito. A eso hay que añadir que estuvo en la Junta de Gobierno de la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Ópera (ATAO) y de la Federación Tinerfeña de Baloncesto. También formaría parte del Hernán Imperio, un equipo destacado de la década de los 50 y en el que compartió vestuario, entre otros, con Elfidio Alonso o Nicolás Mingorance, el gran letrista de la Ni Fú-Ni Fá.

Aunque volcado en su familia, tenía siempre un rato para jugar al dominó. Precisamente, una de las imágenes más nítidas que me quedan de él es en casa de Popi, un amigo común, echando la partida del fin de semana, a la que se sumaba con tanta ilusión. Esa que marcó su labor en el Orfeón. La misma que ponía en todo lo que hacía.

 

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