Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2018 (III). Por Rosario Álvarez Martínez

Mujeres en las Fiestas del Cristo y San Miguel a finales del siglo XIX. Fotos colección Gerardo Guerra.
(…) ¡Qué diferentes todas estas mujeres, piadosas y valientes, de aquellas que coquetas y lujosamente ataviadas, solas o en cuadrillas, recorrían por la noche la extensa plaza o Patio del Cristo la víspera de la fiesta en la segunda mitad del siglo XVIII. Eran las tapadas, llamadas así porque ocultaban su identidad tras el rebosillo o una máscara para coquetear con los galanes y hombres de cierta edad que también frecuentaban ese recinto, a quienes les sacaban todo tipo de obsequios y prendas en un juego de seducción poco edificante, según cuenta Rodríguez Moure. Pertenecían al parecer a las clases sociales más elevadas, que “enclaustradas” en sus nobles viviendas durante todo el año veían esta diversión como una vía de escape para alejarse del aburrimiento en el que estaban sumidas.
Pero dejemos a las mujeres, a las que he traído aquí con propósito solidario, y hablemos del culto al Cristo de La Laguna que los frailes se esforzaron, siempre que pudieron, en que fuera digno de tal devoción y para ello propiciaron que las ceremonias que se le dedicaban, no solo en torno a la festividad y su octava, sino también todos los viernes del año, fueran extremadamente solemnes y brillantes.
Cuando hablamos de brillantez, solemnidad y boato en las ceremonias litúrgicas, a qué nos estamos refiriendo? A la propia liturgia que ya tiene un rito establecido? a los sermones? al número de velas o de flores en torno a una imagen? Es verdad que todo eso, más los ornamentos y vasos sagrados contribuían a dar esplendor, pero también es cierto que a la solemnidad de un culto contribuía sobre todo la MÚSICA. Desde la Edad Media todo acto litúrgico era cantado de forma monódica, es decir, en canto llano, que podía ser en su forma más simple de cantilación o de salmodia para textos largos y para los salmos o en su forma melódica más desarrollada como era el canto gregoriano del rito romano. Para este rito se llegó a crear un corpus de miles de melodías, que clérigos y monjes de todo el orbe cristiano estaban obligados a aprender y memorizar para cantarlo tanto en la Misa como en el Oficio Divino, un corpus que ha llegado hasta nuestros días y que constituye uno de los grandes patrimonios musicalesde la Humanidad. Cada día y cada festividad del año tenía su propia música, que fue enriqueciéndose más tarde con la presencia de la polifonía, sencilla como la aplicada al canto de los Salmos, el llamado fabordón, o ya más compleja como las obras de cantusfirmus, parodiadas o parafraseadas renacentistas o las corales ypolicorales barrocas, que embellecían y le daban prestancia a las solemnes misas de festividades mayores. Y, aunque los templos de La Laguna no tuvieron una capilla de música con cantores e instrumentistas especializadoshasta que no se instituyó la catedral en 1819, es muy posible que en los conventos los frailes y las monjas estuvieran instruidos en el arte polifónico y realizaran piezas de mayor o menor dificultad en los días de determinadas advocaciones y de sus santos titulares. Estoy segura de que al Cristo, a nuestro Cristo, nunca le faltó buena música los 14 de septiembre, ni en sus Vísperas ni en su Octava, porque tanto la comunidad franciscana como mucho más tarde la Esclavitud se preocuparon siempre porque así fuera, aunque las informaciones que sobre ello nos han llegado sean ya del siglo XIX. Bien es verdad que hemos localizado varias noticias anteriores sobre el interés que los provinciales tenían en que sus frailes aprendieran a cantar para hacerlo en sus obligadas asistencias al Oficio Divino en varios momentos del día y en la misa de diario, y para ello daban instrucciones precisas al vicario de coro o a otros responsables en este sentido, lo que demuestra que en cada comunidad religiosa la oración común era cantada y no rezada, y por supuesto las misas de los viernes del Cristo y el Nombre así se hacían.
Para la realización de esta música era extremadamente necesario la presencia de un órgano en las iglesias, que diera el tono, que acompañara alas voces en su deambular melódico, que alternara con el coro en los versos de Salmos y cánticos evangélicos y que interpretara cortas piezas a solo en determinados momentos de pausa litúrgica, además de realizaralguna de estas funciones en ciertas procesiones como en la del Corpus y también en la del Cristo.Por ello, las sucesivas iglesias que se iban levantando en esta población se aprestaban a adquirir uno o dos instrumentos, una vez finalizada su capilla mayor y comenzado el culto en ella. Con el paso de los siglos los instrumentos se fueron sustituyendo por otros nuevos más modernos, mayores o de mejor calidad. Y fue así como La Laguna antes que ciudad universitaria se convirtió en la ciudad de los órganos de tubo y de la música religiosa, debido a que aquí se levantaron dos grandes templos parroquiales y nada menos que cinco conventos -tres masculinos y dos femeninos- con sus respectivas iglesias, además de dos hospitales con sus capillas, lo que significa que el número de instrumentos en esta ciudad de forma simultánea pudo oscilar entre 8 y 15 en el curso de los siglos, pues varios templos tuvieron en determinadas épocas hasta tres instrumentos con usos diferenciados. En ellos, y todos los días, se podía escuchar música litúrgica con acompañamiento organístico, que según la festividad y las habilidades del organista de turno podía ser de mejor o de peor calidad.
Y tan indispensables eran estos instrumentos que desde la temprana fecha de 1506 se estableció aquí en La Laguna un constructor de órganos portugués, Pedro DiasCoutinho, posiblemente llamado por aquellos clérigos de la misma procedencia, “muy ignorantes”según la expresión de Viera y Clavijo (Historia, vol. II, p. 640), que estaban al cuidado de la primera parroquia de la ciudad, Santa María de la Concepción.El Adelantado le dio a Coutinho unas solares en la Villa de Arriba,“en la calle que mira a Tacoronte”, y allí debió abrir su modesto taller de organería y construir algún órgano para esta iglesia, de lo que no tenemos confirmación documental. Asimismo, debió hacer otro para el templo de los Remedios, actual catedral, porque se constata la presencia de un órgano de este templo en sendas procesiones de los años1526 y 1532, esta última motivada por la victoria del emperador Carlos V sobre los turcos, que tenía que finalizar en el convento franciscano de San Miguel de las Victorias donde se diría una misa con sermón. No se sabe si la imagen del Cristo, de “nuestro Cristo” estaba ya en él, pero sí queda claro que por entonces no recibía el culto ni la devoción que más tarde tendría, pues el Crucificado que procesiona y se lleva al convento franciscano en un acto tan importante y solemne para la ciudad es el del convento agustinodel Espíritu Santo:
Se ordenó queel domingo se haga una proçesión, que salga de la yglesia de Ntra.Sra. Santa María de los Remedios, a do se junten las cruzes, e allí en la dicha yglesia sea el cruçifixo que está en el monesterio del Espíritu Santo y unos hórganos manuales e ende se junten toda la clerezía e frayles de las hórdenes e cofradías, con sus cruzes e la Justiçia e Regimiento y todos los caualleros y vezinos e moradores, varones e mugeres e niños e de ay salgan con mucha reuerençia e devoçión por horden, e todas las personas que concurrieren lleuen candelas en las manos y vayan al monesterio de Sr. Sant Miguel de las Victorias, donde se diga misa e sermón…
Acta del Cabildo de Tenerife en Leopoldo de la ROSA y Manuela MARRERO: “Actas del Cabildo de Tenerife vol. V, 1525-1533”, en Fontes Rerum Canariarum XXVI. La Laguna, Instituto de Estudios Canarios y C.E.C.E.L, 1986, p. 382.)
